| 1/15/2016 12:00:00 AM

¿Está China en una guerra de monedas?

El yuan empieza a ser el gran dolor de cabeza de China sin importar su auge económico y financiero. En boga en el mundo está ver a China limitada y afectada por su necesidad de intervenir y controlar la economía al tiempo que condicionada por la necesidad de liberar la misma.

Desde que la Reserva Federal de Estados Unidos emprendiera su programa de relajamiento cuantitativo tras la crisis de 2008 y bajara a cero su tasa de interés para evitar un proceso deflacionario (inflación negativa) en Estados Unidos, ha estado rondando la posibilidad de que ello fuera un nuevo inicio de una guerra de monedas. Esta guerra se dice la hubo con la gran depresión de 1929 y consiste en adrede debilitar la moneda con el fin de  propiciar una depreciación competitiva y con ella robarle crecimiento al resto de países ganando deslealmente relevancia en el comercio internacional.

Recientemente en un artículo, el entonces presidente de la FED Ben Bernanke rechaza esas acusaciones con los siguientes argumentos: i) El aporte del sector externo al crecimiento de Estados Unidos durante el tiempo que tuvo lugar el relajamiento cuantitativo fue despreciable o casi nulo. ii) El valor del dólar contra los principales socios comerciales de Estados Unidos no se debilitó en forma sistémica, si acaso por un periodo de tiempo muy breve. En especial, reseña Bernanke, el dólar fue más débil los años que antecedieron la crisis de 2008 que con el programa de relajamiento cuantitativo.

El asunto vuelve a estar en boga pues  desde mediados del año pasado el yuan, tras una década de fortalecimiento, empezó nuevamente a debilitarse y ha sacudido los mercados financieros globales.

El yuan débil para unos es evidencia de que con el anémico comercio mundial persiste una guerra de monedas mientras que para otros refleja un enorme dilema de política económica para China.

El asunto es de la mayor importancia en la economía mundial y es uno de los temas centrales actuales en Wall Street y de la última revista The Economist.

Si China está en una guerra de monedas entonces sería falso que el país está cambiando su orientación de un modelo de crecimiento basado en inversión y exportaciones a uno basado en consumo.

Pero es claro que la economía enfrenta grandes complejidades en ese proceso dado el alto nivel de endeudamiento de las empresas y del sector de finca raíz así como por el estallido de la burbuja que se creó en el mercado de acciones basado en un alto apalancamiento financiero.

Por lo mismo, las autoridades han buscado inyectar grandes sumas de dinero, mantener amplia la liquidez y de suavizar las condiciones financieras para que no haya fricciones que pongan en más riesgo el crecimiento económico. Desde noviembre de 2014 se han liberado recursos del sistema financiero y bajado las tasas de interés apoyando este objetivo.

Pero la compleja situación de la economía china ha coincidido con un dólar fortaleciéndose en el mundo entero. Dólar fuerte y la requerida política monetaria de estímulo en China han alimentado las expectativas de devaluación del yuan. Hace poco más de un mes, en el mercado externo el yuan se cotizaba en forwards y futuros con una devaluación del 5% frente al dólar. Los bancos de Wall Street señalaban que si las autoridades estaban dispuestas a dejar el precio del yuan ser más libre, reconociendo su estatus de moneda reserva, esperaban un 10% de devaluación en 2016.

Durante 2015 China tuvo que afrontar salidas de capital como nunca antes había visto y ante el elevado nivel de endeudamiento externo de las empresas chinas, tratar de evitar un mayor debilitamiento del yuan. El resultado, cerca de US$1 billón han disminuido las reservas internacionales chinas desde mediados de 2014. Aunque el nivel actual es todavía elevado, con cerca de US$3,3 billones, se estima que el nivel óptimo de reservas ante el alto nivel de endeudamiento externo sería de unos US$2,6 billones.

Si 2016 termina siendo para las reservas internacionales como 2015, China podría afrontar mayores complejidades para estimular su economía doméstica y para evitar un mayor estrés financiero. Por lo mismo, contrario a las apariencias China está tratando de desincentivar las expectativas de devaluación del yuan.

Una primera medida, al indicar que su moneda debe medirse contra una canasta con las monedas de sus principales socios comerciales. Una segunda, ha sido ahogando la liquidez en yuanes fuera de China y encareciendo el costo de quienes quieren pedir prestados yuanes para especular comprando dólares. Por eso, esta semana las tasas interbancarias internacionales del yuan llegaron a 66,8%. Aun así hay grandes dudas de que China vaya a poder contener las expectativas de devaluación del yuan.

Queda así expuesto el dilema creciente de China, el que está en los corrillos del mundo financiero y económico: ¿podrá China liberalizar su cuenta de capitales y dejar flotar su moneda para consolidar al yuan como medio de reserva o tendrá que inclinarse por controlar su precio y demorar sustancialmente su relevancia internacional?.

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