| 7/1/1994 12:00:00 AM

"SoBe" y su pintor colombiano

Hay que ir a South Beach donde abunda la diversión, la salsa cubana, la gente rara y exótica y las obras de artistas como las del colombiano Valentino.

Hay un grupo de bancas bajo un recostadero de cemento en el lado de la playa de Ocean Drive en South Beach, Miami, donde borrachos rubicundos de mejillas hinchadas y matones de pequeña monta a veces se reúnen. No hay manera de saber si la tristeza dibujada en sus caras enjutas viene de su pobreza o de otra forma de depravación: las actividades de la playa, el bar y los restaurantes, a tiro de piedra de donde ellos están, les son casi prohibidas.

South Beach es un oasis estético en el cual la realidad es filtrada por precios altos y gente linda que toma licores lindos de color pastel en bares bajo cielos de azules perfectos. Y como la belleza no sabe de racismo, las modelos, los artistas, pintores, escritores y ejecutivos que esgrimen su Tarjeta Platino, comparten la necesidad de la no-realidad, pero son muy diferentes en cuanto a idioma y cultura.

La influencia de la numerosa comunidad cubana actúa casi como un eje cultural en South Beach (conocida por sus visitantes más frecuentes como "SoBe") con salsa y cubalibres derramándose de cada bar. Pero la plétora de otros latinos y europeos también ha puesto su marca en la escena SoBe.

Colombia no es una excepción, particularmente por tener su propia bandera de orgullo ondeando en muchos de los restaurantes a través de Ocean Drive y Washington Avenue: las obras del pintor colombiano Valentino Cortázar.

South Beach rápidamente se ha convertido en el lugar "in" de Miami, donde los restaurantes europeos y latinoamericanos han llevado su saber culinario a las playas del sur de Miami. La playa paralela a Ocean Drive, la calle principal de South Beach, parece como que hubiera sido llevada por el aire desde el sur de Francia. Bellas mujeres "topless" toman el sol. Fisicoculturistas se pasean flexionando biceps y triceps. Todo el mundo parece, como dice Madonna, "posando": una batalla interminable de los bellos y los que están a la moda. Y es este esplendor esculpido, bañado de sol, el cual atrae a pintores como Valentino, quien describe a SoBe como "cósmica, exótica, arcaica..."

Valentino, nacido en Bogotá, llegó a South Beach al comienzo de los noventa cuando su estilo apenas comenzaba a tomar forma. "Me enamoré de la luz, la mezcla de gente, la arquitectura de los cincuenta", dice Valentino. South Beach ha abrazado, con sinceridad convincente el arte estilo deco, interesada en definir formas angulares así como en integrar colores brillantes muy apropiados para un lugar al pie del mar. El trabajo de Valentino, que normalmente representa retratos

abstractos de mujeres exóticas y extensos paisajes, recoge exactamente lo que South Beach es: un estudio estético de belleza en colores y figuras, un alejamiento de la realidad.

Valentino ha viajado por la mayor parte del mundo. Ha estado en Copenhague, Londres, Jerusalén, Grecia, Turquía, Holanda y España, entre otros, y en una ocasión tuvo la gran fortuna de trabajar para Salvador Dalí en su museo de figuras en el Mediterráneo.

Considerando toda la influencia que sus viajes han tenido en sus obras, Valentino le da considerable crédito a Colombia por haberle enseñado un sentido de color y de la pasión. South Beach, cuyo estilo alimenta sus otros estímulos, la "sopa de influencias" que hace referencia al arte pop y a la sicodelia en la cual creció, encajó con su trabajo casi de inmediato.

Por ejemplo, "The Strand", un espacioso bar - restaurante a media luz que sirve "una cocina americana de calidad con un toque francés" le pidió a Valentino que diseñara sus cajetillas de fósforos, tarjetas de presentación y papelería. Como dice uno de sus empleados, "su trabajo es lleno de animación y alegría e irradia el espíritu que nosotros queremos promover acá".

Fabio Moscolini tiene 26 años y es dueño de Fellini's, otro restaurante-bar de South Beach. Lleva el nombre de Federico, el productor de cine italiano recientemente fallecido y está decorado con afiches de sus películas. Con frecuencia es visitado por uno de los camarógrafos de Fellini. Pero a pesar de tener una decoración y menú claramente italianos, uno de los cuadros de Valentino ocupa un lugar prominente en el restaurante. "Su escogencia del color y de sus temas hace que su lenguaje visual sea internacional'-', comenta Fabio.

Esto se hace más evidente en el Café Milano, localizado a la derecha de Ocean Drive y siempre lleno de europeos y latinos. Las paredes están cubiertas de un lado a otro con los trabajos de Valentino, desde bocetos pequeños hasta enormes murales. Las personas que comen allí, llevando la última moda de Nueva York y París, a veces a costa de soportar calor al sol ardiente de la Florida, parecen casi tan abstractos como los cuadros de Valentino. Hasta los meseros que han venido de todas partes del mundo para formar parte del "hot spot" de SoBe parecen esculturas abstractas móviles esculpidas de la mano de Valentino. Un mesero comentaba que los clientes preguntan con frecuencia acerca de las pinturas y en dónde las pudieran comprar. "Se fascinan con las obras. Piensan que los cuadros de Valentino son el mejor recuerdo de un viaje a South Beach", dice un mesero argentino.

Aun en los muchos otros bares de Ocean Drive donde no se exhiben las obras de Valentino, el ambiente es muy similar. Y con la variedad de restaurantes que hay en SoBe, desde mexicanos hasta franceses y japoneses, las preferencias sexuales también varían. Mujeres con mujeres, hombres con hombres, mujeres a quienes les gustan los hombres y hombres a quienes les gustan las mujeres todo está muy a la moda en SoBe.

Cuando se come y se bebe en SoBe es imposible escaparse de pagar cuentas de más de cien dólares por pareja, pero la diversión, la salsa cubana, la gente rara y exótica y las obras de artistas como Valentino, todo queda incluido en el paquete. Ir a South Beach es ser parte de su cultura viva de museo siempre cambiante y de un exotismo desaforado.
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