| 12/1/1995 12:00:00 AM

Oro y escoria

"Al finalizar 1996 diremos que aunque las cosas siguen igual en realidad sí cambiaron". Profetas Asociados Ltda.

LA CUESTIÓN PARECE chistosa. En Colombia al que critica lo llaman oro y al criticado escoria. Absurdo, porque según los Santos Evangelios todos somos escoria (¿quién tira la primera piedra?). Según las más sabias filosofías políticas la naturaleza humana está tan llena de defectos que ningún sistema político es capaz de resolver los más angustiosos problemas de la sociedad.

Oro no hay nadie y los que pretenden serlo reciben desagradables sorpresas. Precisamente porque oro no es nadie las críticas son muy necesarias. Especialmente cuando se trata de altos funcionarios públicos, incluyendo el presidente.

El hecho de que se critique a algunos políticos por robar a granel (ellos lo saben) o de que se censuren las trampas en las elecciones, no quiere decir que las críticas provengan de personas que se consideran oro. Al contrario, probablemente provienen de personas que tienen más defectos que los políticos o funcionarios criticados. Este no es el quid del asunto.

El quid del asunto es otro. En una sociedad democrática los personajes públicos pueden ser objeto de crítica por toda clase de ciudadanos, incluso los más marginados. En este caso no se trata de juzgar la personalidad o los defectos de quienes critican, sino el mérito propio de las críticas. Lo que importa es si las críticas son válidas o no. No importa si la persona que las hace es pobre o es rica, es estudiante o es trabajador, es jefe de hogar o es soltera.

Algunos políticos acá creen que al llegar a determinadas posiciones y casi como premio por haber llegado allí (por haber "coronado") ya quedaron exentos de toda culpa por lo que hayan hecho antes o durante, así sea lo más corrupto y dañado. Se protegen con la falta (en una justicia que no los sanciona.

O por lo menos que no los sancionaba. Porque las cosas están cambiando ante todo debido a la Fiscalía, a las diferentes cortes, a la prensa, a segmentos de las fuerzas públicas y al hecho de que los colombianos ya no "tragamos entero".

Los colombianos podemos disfrutar las vacaciones de fin de año y comienzo del entrante más seguros de que la justicia ordinaria va por buen camino y que, de pronto, como cosa rara en este país, se produce el milagro de una regeneración de las costumbres políticas.
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