| 10/1/1995 12:00:00 AM

Narcotolerancia

La infiltración del narcotráfico en la vida nacional ha trastocado los valores de los colombianos, hasta el nivel más alto.

En Colombia ya es usual y la gente se ha acostumbrado al prefijo "narco". Es así como se habla de "narcodemocracia", "narcogobierno", "narcosociedad" y de muchos otros temas en los cuales se hace una mención práctica a la penetración del narcotráfico en los diferentes aspectos de la vida cotidiana. Lo grave es que de la simple mención se ha pasado a unos altos niveles de tolerancia social frente al narcotráfico.

Es realmente preocupante ver cómo en Colombia se está generan

do una doble moral frente a este tema, pues se le rechaza cuando genera violencia o crea mala imagen para el país, pero se le tolera y acepta cuando trae beneficios económicos. En otras palabras, muchos colombianos se están acostumbrando a convivir con el narcotráfico, siempre y cuando no genere violencia y no se preste para dañar la imagen del país en el exterior.

Cuando al común de los ciudadanos se les presenta el tema del narcotráfico, su reacción preliminar

es de un aparente rechazo, pero al indagar más a fondo se encuentran actitudes sorprendentes frente a lo que significa el narcotráfico y a su aceptación a todo nivel social.

Ha sido tal la penetración y los alcances del narcotráfico en el país, que ya se empieza a percibir un conflicto ético, que a la postre está generando un grave trastomo moral. En muchos colombianos existe un conflicto interno, en el cual los males generales del narcotráfico luchan contra los posibles beneficios individuales que éste pueda traer.

ara analizar este fenómeno, DINERO tuvo acceso a una investigación de opinión pública realizada en los meses de junio y julio de este año. Este estudio se desarrolló en dos etapas: en la primera se realizó una investigación netamente cualitativa y estuvo compuesta por ocho sesiones de grupo en dos ciudades diferentes con hombres y mujeres de todos los estratos socioeconómicos; la segunda fue la etapa cuantitativa y consistió en una gran encuesta en la cual se entrevistaron 1.500 personas en más de 30 ciudades y pequeños municipios del país. En la investigación cualitativa, base principal para desarrollar la encuesta, se encontraron varios elementos que luego fueron desarrollados y confirmados en el estudio cuantitativo.

Lo primero que merece destacarse es un alto nivel de valoración

del país. Para todos los grupos la concepción de Colombia resulta muy positiva; se dice que Colombia es un excelente país que produce siempre lo mejor. Lo malo de esta concepción está en que los participantes consideran que nuestro país es tan bueno que hasta produce la mejor droga del mundo. Una valoración tan positiva del país genera un especial sentimiento de nacionalismo, y -ocasiona un fuerte rechazo a todo aquello que atente contra la "belleza" del país, que no es otra cosa que la imagen misma del país.

Adentrándose en lo relacionado con el tema "narco" y para encontrar en mayor profundidad la reacción de los grupos frente al problema, a los participantes se les plantearon varias situaciones de la vida común a manera de hipótesis, cada una de las cuales debía ser calificada por cada participante. Cuando un participante consideraba que la situación de la hipótesis planteada revestía mucha gravedad la calificaba con 10 y si no la consideraba grave la calificaba con 1.

Las hipótesis fueron las siguientes: qué tan grave consideraría que: 1. El celador de su casa estuviera vinculado con narcotraficantes. 2. El senador por el que usted votó tuviera vínculos con el narcotráfico.

3. En el colegio donde estudian sus hijos también estudien los hijos de los narcotraficantes.

4. El novio (a) de su hija (o) sea narcotraficante.

5. La empresa donde usted trabaje resulte ser una fachada del narcotráfico.

6. El equipo de fútbol del cual usted es hincha sea financiado por el narcotráfico.

7. El presidente haya recibido dineros del narcotráfico.

n el cuadro se puede observar un resumen de los resultados, tomando los promedios de los diferentes grupos y diferenciando entre jóvenes y adultos. En primera instancia vale la pena mencionar que para ninguna de las hipótesis planteadas existió unanimidad entre los participantes y además ninguna de las hipótesis obtuvo un promedio de 10, es decir, en ninguno de estos casos los participantes consideraron que la situación era extremadamente grave.

e los datos anteriores resulta claro que entre los jóvenes se presenta un nivel de tolerancia significativamente mayor que entre las personas adultas. La diferencia entre la posición de los jóvenes frente a los adultos llega a distancias hasta del 21% y en ninguno de los casos planteados los grupos jóvenes le asignaron mayor gravedad que la asignada por los adultos. De otra parte, resulta significativo que entre ellos, en ninguno de los casos planteados el nivel de gravedad supere el promedio de S. Para los adultos, lo peor les parece que el presidente tenga vínculos con el narcotráfico, seguido por el novio(a) de sus hijos.

AI observar las tablas discriminadas, es también `sorprendente la dispersión en las respuestas. En ninguno de los grupos las respuestas se centraron en rechazo total o en aprobación total (1 o 10). En conclusión, estamos enfrentados a posiciones muy ambiguas y disipadas frente a la presencia del narcotráfico o de los narcotraficantes en la vida común de los colombianos.

6 resApuestas analizar algunas de las respuestas del estudio cuantitativo, salta a la vista la presencia de una doble moral: aunque el 54% de la población considera que el narcotráfico ha traído más cosas malas que buenas para el país, el 34% cree que le ha

traído más cosas buenas que malas o por lo menos igual cantidad de cosas malas que buenas. En otras palabras, de cada 10 colombianos sólo 5.41e ven cosas malas al narcotráfico y 3.4 de cada 10 colombianos consideran que ha traído cosas buenas.

ntre las cosas malas que el narcotráfico ha traído al país, el 42% de los encuestador menciona la violencia y le sigue en orden de importancia la muerte de inocentes y el terrorismo con el 8% cada uno; el 5% considera que el daño ha sido la mala imagen para el país. Resulta sorprendente que sólo el 7% de los entrevistados considere que el mal ha sido el daño a la juventud y únicamente el 1% menciona la pérdida de valores como un factor maligno.

En general los colombianos consideran que lo perjudicial del narcotráfico ha sido todo lo relacionado con elementos de violencia o de mala imagen para el país, y resulta sorprendentemente bajo el número de colombianos que cree que los perjuicios del narcotráfico se han centrado en la juventud. El daño en los valores morales y sociales escasamente es mencionado. No se dan cuenta que la mala imagen del país en el exterior es el reflejo de que el país se volvió "malo" con esa tolerancia frente al narcotráfico.

Dentro de los elementos negativos, no deja de sorprender el rechazo a que el tema se trate en público, pues la mayoría considera que al tratar el tema se causa un gran daño a la imagen exterior de Colombia. Como si por evitar hablar del tema éste se minimizara. El 68% piensa que es mejor no tocar el tema para evitar perjuicios a nuestra imagen y sólo el 29% no está de acuerdo con esto. La gente ve el problema frente a los demás países como algo de imagen y no como una realidad que golpea día a día a los colombianos.

En cuanto a las cosas benéficas que el narcotráfico ha traído, sobresalen el empleo (24%), la folclórica respuesta de que "no saben qué, pero hay cosas buenas" (24%) y favorece a la economía (20%). Como puede verse, los elementos favorables hacen referencia a situaciones relacionadas con el bienestar económico individual o colectivo y sin duda los colombianos tienden a ver beneficios prácticos en el negocio.

Lo anterior se corrobora al preguntársele a los entrevistados qué se debe hacer ante la innegable existencia del fenómeno del narcotráfico en Colombia.

Las respuestas son contundentes y reafirman la tácita aceptación que se le da a los narcodineros, pues el 53% de los encuestador está de acuerdo con la afirmación y sólo el 40% está en contra de esta tesis.

A esto debe sumarse la aparente simpatía que despertarían las acciones de los narcotraficantes en cuanto se refiere a la preocupación por los problemas de la gente. Ante la afirmación de que los narcos se preocupan más por los problemas de la gente que los políticos, un 63% de los entrevistados estuvo de acuerdo con esta afirmación y sólo un 27% se mostró en contra. No es fácil deducir si esta percepción de apoyo por parte de los narcos se debe a hechos concretos que los mostrarían como personas preocupadas por la comunidad, o bien las respuestas se deben al amplio

desprestigio de la clase política del país.

c otra parte, el tema del narcotráfico despierta un acentuado sentimiento anti-norteamericano, en especial de rechazo a la posición dura que ha asumido el gobierno americano frente al tema. Para iniciar el análisis del tema vale la pena mencionar que un 51% piensa que el problema del narcotráfico deben resolverlo los consumidores, el 18% piensa que es responsabilidad de los productores y un 28% cree que se trata de un problema de ambos. El 77% de los encuestados considera que si los EE.UU. hiciera más esfuerzos para eliminar el consumo de drogas, en Colombia la violencia sería mucho menor.

e otra parte y frente a la posición "dura" de los Estados Unidos hacia Colombia, no se reconoce que la causa de ésta sea el narcotráfico como algo dañino en sí mismo. sino que se le imputa a otras circunstancia. bien curiosas:

aceptan los beneficios que éste pueda traer, especialmente en lo material, y parte de su conducta es disculpada con dosis de nacionalismo irracional y de un antiamericanismo que en ocasiones es fomentado por los mismos funcionarios de este gobierno.

Lo más preocupante de la aceptación de este fenómeno está en la tolerancia exagerada por parte de la juventud colombiana. Para ellos no existen valores morales que los lleven a rechazar el narcotráfico. Hacia el futuro las consecuencias de este fenómeno pueden ser muy graves, pues el narcotráfico es sinónúno cíe corrupción y de dinero fácil, con poco trabajo.

Adicionalmente, no se puede dejar de lado el hecho de que Colombia está dejando de ser un país simplemente productor de droga y está empezando a ser un país con importantes niveles de consumo. La tolerancia al fenómeno narco puede ser un puente más hacia el aumento en el consumo de todo tipo de drogas.

De todos los datos anteriores la conclusión es clara: en Colombia mayoritariamente la gente encuentra suficientes elementos positivos o favorables en el narcotráfico y por tal motivo existe un cierto nivel de tolerancia a la penetración que éste ha tenido en todos los estamentos sociales. De otra parte, lo único que se le reprocha al narcotráfico es la violencia y la mala imagen para el país. Si estos dos elementos no se presentaran, los colombianos podrían acabar sintiéndose orgullosos de producir la mejor droga del mundo.

Las cifras son contundentes. En Colombia existe una tácita aceptación a la presencia del narcotrafico en todas las actividades cíe la vida cotidiana. Los colombianos rechazan la violencia y la mala imagen que el fenómeno genera, pero

A todo esto debe sumársele el pésimo ejemplo del presidente Samper, quien ya ha aceptado que los dineros del narcotráfico ingresaron a su campaña, pero para él esto no es un problema. Qué gran ejemplo para el país y la juventud el que está ciando el presidente. Un país en donde los valores morales están trastocados, está gobernado por un presidente que, al igual que muchos, parece pensar que los beneficios económicos del narcotráfico son más importantes que el daño a los valores de la sociedad. ¿Cambiaría su actitud si el consumo de droga tocara a sus pequeños hijos? ¿Dónde están los derechos de los padres de hijos consumidos por la droga?

Sin embargo, y por fortuna, no todos los colombianos aceptan lo que está pasando. Todavía estamos a tiempo para iniciar el proceso de recuperación de la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo legal y lo ilegal, entre lo moral y lo inmoral. Pero este proceso depende en gran parte del desenlace de los procesos que actualmente lleva la Fiscalía General. De los resultados depende en buena parte que la gente vuelva a distinguir entre lo bueno y lo malo. Así de simple.
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