| 3/1/1995 12:00:00 AM

Llegan los conciertos

Durante décadas Colombia fue uno de los "países olvidados" de Latinoamérica en lo referente a la presentación de artistas de fama mundial. La suerte está cambiando.

Si los dioses hubieran enviado un oráculo diciendo que la cultura es un negocio rentable en Colombia, tendría que haber sido el concierto de Pavarotti en El Campín de Bogotá, con boletería agotada. Quizás debido a que la gente lo conocía o a que simplemente percibió la extraordinaria importancia del evento, muchos viajaron grandes distancias para oír cantar a este hombre gordo. Y lo agradable al oído no fue sólo el sonido del tenor italiano, sino también el tintineo de la caja registradora.

Mario Loedel es un agente musical que en 1978 vino a Colombia desde Argentina para trabajar como primer contrabajo instructor de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Desde entonces ha trabajado con muchos grupos musicales y orquestas, ha tenido restaurante, fue el presidente fundador de una cooperativa de músicos y ha sido gerente de varias entidades dedica- das a representar músicos y a organizar con- , ciertos, antes de asumir su cargo actual como gerente de Konzert Ltda., fundada en 1991.
 
A Loedel se le debe la gira internacional al Ecuador de la Orquesta Filarmónica de Bogotá con sus 110 músicos, lo que lo convierte en el primer agente en llevar fuera del país a la que él considera la entidad artística más importante.

El trabajo de un agente musical es formular una estrategia artística, musical, legal y económica para sus clientes, con el fin de que puedan obtener el mayor dinero y hacer conocer sus talentos lo mejor posible. El simple hecho de que existan agentes musicales en Colombia, y él es uno entre seis o más, es prueba de que los eventos culturales pueden ser una mercancía lucrativa en el país; pero lo que Loedel ha visto en los últimos años es la posibilidad de ampliar el negocio.
 
Durante décadas Colombia era uno de los "países olvidados" de Latinoamérica en lo referente a presentación de artistas de fama internacional, pues por diversos motivos no era incluido en los itinerarios de las giras internacionales. Dice Loedel: El público asimismo no estaba acostumbrado a ver espectáculos de gran calidad. La empresa privada no participaba económicamente en grandes proyectos... Y las entidades estatales no contaban con mucho presupuesto para traer a grandes artistas". Pero con la estabilidad de la economía, cambió la situación. Y con el cambio vienen las posibilidades de traer más música con las consiguientes ganancias.

Según Felipe Santos, el zar de los conciertos de cultura "pop" en Colombia (a quien se le debe la traída de grupos como Guns n' Roses, Gloria Estefan e INXS), el gobierno colombiano no estimula los eventos musicales. Mientras que en Argentina se cobran impuestos por un total de 31%, aquí en Colombia el porcentaje es casi el doble. Santos dice que alquilar El Campín para un concierto, estadio que recientemente fue privatizado y comprado por Deportes y Mercadeo, tiene un costo equivalente al alquiler de ese mismo escenario para dos meses de partidos de fútbol.
 
Y en tanto que Santos ni siquiera puede pensar en traer a un grupo de rock como los Rolling Stones, a menos que éstos ya estén planeando una gira por Suramérica (la cual generalmente incluye Argentina, Chile y Brasil), sí puede traer un trío de jazz o un cuarteto de cuerdas que cuesta sólo varios miles de dólares (más los gastos) y que vendría exclusivamente a Colombia y podría quedarse semanas para tocar varios conciertos, reduciendo así los costos. No se llena El Campín de colombianos ansiosos por escuchar el grupo de Chucho Valdez, pero tampoco se está pagando el costo de varios carros de lujo para traerlo.

Existen algunas entidades financieras que han venido apoyando los eventos culturales durante años. Quizá la mayor entidad financiada por el Estado es el Banco de la República, que patrocina conciertos en la Biblioteca Luis Ángel Arango. El año pasado el banco trajo a Wynton Marselis, una de las más grandes leyendas vivientes del jazz, quien tocó para un público de casi 2.000 espectadores. Este año presentarán más de 50 conciertos con artistas musicales de más de 12 países.
 
Las entradas, que costarán entre $1.800 y $8.000 son subsidiadas por el banco en un 90 a 95%. Stella de Páramo, directora del departamento de música del banco, destaca la importancia de patrocinar casi completamente los eventos: "La idea es traer la mejor calidad de música por la menor cantidad posible de dinero. Queremos llegar a todo el mundo". El papel del banco como cupido cultural es valeroso y aunque se niega a obtener ganancias por sus conciertos, lo que significaría un considerable aumento en el valor de las entradas y elitizaría los eventos, ella dice que algunos de los nombres más importantes que ellos están trayendo podrían, si se quiere, convertirse en un negocio rentable.

Guillermo Gaviria, director del departamento de música de la Universidad Javeriana, promete una pequeña fortuna a los que inviertan su tiempo en la música aquí. "Al menos por ahora, existe más demanda (por música en vivo) que ofertas. Nadie se va a volver rico así, pero le puede ir bien". Fuera de ser compositor y músico, además de fundador del departamento de música de la Universidad Javeriana, Gaviria dirige la división musical de la Fundación Mazda.

Los eventos (la fundación está patrocinando 13 conciertos este año) tienen tres objetivos: primero, dar a los artistas jóvenes colombianos la oportunidad de presentarse; segundo, hacer que los músicos internacionales conozcan a Colombia; y finalmente, y quizás el mejor síntoma de posibilidades comerciales, la publicidad.

Aunque la idea de tener patrocinadores no es nada nuevo, aun en el escenario de los conciertos "pop", según Felipe Santos, sólo recientemente los patrocinadores están dándose cuenta de los beneficios de este tipo de publicidad. "El concierto de Pavarotti", anota Santos, "no hubiera podido realizarse sin el patrocinio de Bavaria". Pero para la Fundación Mazda la publicidad no consiste en tener el símbolo corporativo tallado en cada guitarra o violín que patrocinan, sino algo más sutil en el estilo clásico de la publicidad. "Los que están invitados a los conciertos saben que éstos son patrocinados por

Mazda, y tienden a asociar a la marca con clase y cultura", dice Gaviria. Y para Gaviria, son la sutileza y el respeto por el cliente la clase de imagen que mas le conviene a Mazda como patrocinadora.

Antes que estos eventos culturales se puedan volver buen negocio, Colombia necesita la ayuda del subsidio de grupos como Mazda y el Banco de la República, como es el caso de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y la Orquesta Sinfónica del Valle, ambas financiadas al menos parcialmente por el Estado.
 
Pero aun con este apoyo, existen otras restricciones que están afectando, o al menos desestimulando, la posibilidad de más presentaciones musicales en Colombia. Mario Loedel explica: "La cultura termina subvencionando al deporte, a las tesorerías distritales, cuando en realidad debería ser lo contrario: no existe aún en el país un control sobre derechos de autor ni reglamentación sobre las entidades encargadas de recaudarlo. Asimismo se debería aliviar considerablemente en materia de impuestos a las empresas privadas dispuestas a patrocinar actividades culturales".

Pero mientras más espacio abra Colombia para la música, habrá mayores posibilidades de ampliación. A medida que crezca el negocio y demuestre ser rentable, tal vez aumente también la posibilidad de corregir los problemas que están afectando al negocio. "Es decisiva la participación de la empresa privada, no como patrocinio sino como negocio", afirma Loedel.
 
Aunque existe el riesgo de limitar las oportunidades de que Colombia tenga una amplia variedad de música, Loedel dice que los que traen los espectáculos musicales deben seleccionar los artistas según los deseos de la gente. Pero sólo ahora, al tener más oportunidades de ver espectáculos subsidiados y escuchar más programas de radio, y con la importación de más música a Colombia, producto de la apertura, el pueblo colombiano podrá definir cuáles son sus gustos.
 
Y ya tenemos los resultados: no son sólo salsa y merengue.
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