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| 7/22/2019 3:01:00 AM

Exitoso proyecto agrícola en el Valle que vincula adultos mayores

En el Valle se desarrolla un proyecto agrícola sin mucho ruido que podría convertirse en modelo para reactivar el campo colombiano, generar impacto social y resolver el problema del envejecimiento de la mano de obra rural.

En Colombia existen muchos proyectos agrícolas bajo modelos asociativos que involucran a mujeres cabeza de familia, víctimas de la violencia, desplazados y hasta excombatientes. Pero pocos tienen como eje central a los adultos mayores.

Eso viene sucediendo hace 7 años en 28 hectáreas de una finca ubicada en la vereda Calamar, cerca del casco urbano de Versalles, un pequeño municipio del Valle, región que otrora fuera uno de los bastiones del cartel del Norte del Valle y en cuyas veredas se libró parte de la guerra a muerte entre Machos y Rastrojos, los ejércitos privados de los capos de la mafia Diego Montoya, alias don Diego, y Wilber Varela, alias Jabón.

Ahora esa región es uno de los laboratorios agrícolas más emblemáticos, liderado por varias fundaciones, la empresa privada, los entes territoriales y la iglesia católica. Y uno de esos proyectos, la Granja Agroecológica de Versalles, un modelo tan exitoso que se inició en 2012 y sigue dando frutos.

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No es cualquier granja. Además de reactivar el campo, el proyecto genera ingresos e impacta socialmente a toda una comunidad campesina, y tiene como beneficiarios a un grupo de adultos mayores. Si sumáramos las edades de cada uno de ellos, la cifra supera con creces los tres mil años.

A simple vista la granja parece una obra de caridad, pero en el fondo se trata de un ambicioso modelo asociativo agrícola que promete revolucionar el campo aprovechando la experiencia, sabiduría y conocimientos de ese grupo poblacional.

El modelo agrícola asociativo de Versalles está dando buenos frutos en la región.

“Este proyecto surge de la necesidad de mejorar la calidad de vida de 45 adultos mayores, marginados, desplazados y excluidos de la sociedad urbana y rural, y algunos rechazados hasta de sus propias familias por vejez y falta de oportunidades de trabajo”, dice monseñor Jairo Uribe Jaramillo, director de la Corporación Diocesana, entidad de la iglesia católica que desarrolla ese y otros programas sociales.

El sacerdote enfatiza en que se trata de “personas con vocación agrícola, arraigados por el campo, amantes de su tierra y cuidadores de su propia identidad campesina; en su gran mayoría con cero ingresos mensuales, viviendo de la caridad o de la indigencia”.

La obra cuenta con el apoyo del municipio de Versalles, que entregó en comodato el predio de 28 hectáreas, mientras la entidad religiosa buscó un gran aliado: la fundación Saldarriaga Concha, con décadas de experiencia en el trabajo social con adultos mayores y personas con discapacidad.

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Soraya Montoya, directora ejecutiva de la fundación, explica que atender personas de edad avanzada no es un problema sino una oportunidad. “Un proyecto productivo personal comienza a cualquier edad y los adultos mayores demostraron que son aptos para aprender y producir”, dice.

El proyecto cae como anillo al dedo frente a la realidad del envejecimiento del campo colombiano, ya que la población joven está abandonando las zonas rurales y migrando hacia los centros urbanos. Un estudio liderado por esa fundación y Fedesarrollo reveló que en 1985 los mayores de 60 años en el área rural representaban 7,7%, mientras que en lo urbano eran 6,7%. Pero en el futuro, el envejecimiento será más acelerado en las zonas urbanas, tanto que en 2050 habrá más población vieja en las ciudades (23,3 %) que en el campo (22,1%)

A ello se suma otra cruda realidad. Un estudio de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria de Colombia (Upra) dice que 68% de los predios rurales en el país tienen menos de 5 hectáreas, mientras que 82% de la tierra productiva está en manos de 10%.

Víctor Manuel Álvarez, un valluno de 70 años nacido en Toro, pero que hace 10 años llegó a Versalles con sus cuatro hijas y siete nietos, hace parte del proyecto agroecológico y dice que “esa granja es una bendición de Dios. Antes vivía sentado en el parque del pueblo, sin hacer nada, sin un peso en el bolsillo y ahora estoy dedicado a labrar la tierrita y cada semana cosecho mora”, dijo.

El año pasado Víctor facturó un salario mínimo mensual recolectando la mora que cosechó en los 4.500 metros cuadrados de la Granja, en la que además siembra yuca, maíz, fríjol, arracacha, zapallo, cilantro, pimentón, cidra y limón, para el consumo casero.

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Juan Pablo Alzate es el líder de ingresos productivos de la fundación Saldarriaga Concha y asegura que, pese a que han desarrollado proyectos similares en otras regiones del país, el de Versalles es el más perdurable.

Lo cierto es que este modelo agrícola asociativo ha dado buenos resultados.

Tal vez la granja de Versalles no sea la más ruidosa y productiva de la región, pero en materia agrícola podría convertirse en una idea revolucionaria para darle una mano al agro colombiano y de paso rescatar la sabiduría y destreza de los abuelos campesinos.

EDICIÓN 562

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