| 5/16/2019 5:00:00 AM

Es la economía, ¡estúpido!

Aunque parecen dos hechos aislados, el crecimiento de la economía y el desbarajuste institucional están seriamente ligados.

Apenas unos minutos después de conocerse el flojo dato de crecimiento económico del país en el primer trimestre, que estuvo en 2,8%, en el rango bajo de las estimaciones de los analistas, dos hechos relacionados entre sí, desataron una tormenta política e institucional que podría tener serias implicaciones en desarrollo de la economía nacional.

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) decidió no extraditar a Jesús Santrich, como lo había pedido Estados Unidos y darle la libertad. Este hecho fue el argumento que utilizó el fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez Neira, para renunciar irrevocablemente a su cargo, al igual que la vicefiscal, María Paulina Riveros.

El hecho generó toda clase de suspicacias y especulaciones: muchos hablan de que este fue el lanzamiento de la candidatura presidencial de Martínez Neira; otros de un choque de trenes que parecería insalvable y unos más, como el senador José Obdulio Gaviria, han empezado a poner sobre la mesa la posibilidad de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, en momentos en que el Gobierno tiene muy poco margen de maniobra político con el Congreso, como se ha visto en el paso de las reformas y proyectos en el Legislativo, como la reforma a la Justicia, la ley de financiamiento y la accidentada aprobación del Plan Nacional de Desarrollo.

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Este coctel puede generar un desbarajuste en materia institucional en el país, que hoy vive en medio de una profunda polarización y una gran incertidumbre, pero cuyo coletazo y consecuencias se podrían reflejar no solo en un nuevo escenario político, sino también en la economía.

Tradicionalmente, Colombia se ha caracterizado por el respeto a su institucionalidad que le ha permitido diferenciarse en la región, como un país relativamente serio y estable. Si bien, Colombia no es el paraíso y tiene severos retos para avanzar en su desarrollo económico y cerrar las brechas sociales, su institucionalidad y el respeto a la independencia de los poderes le permitieron convertirse en uno de los referentes de inversión en la región, mientras otros países atraviesan por serias dificultades políticas, económicas y sociales.

El bajo crecimiento del primer trimestre deja en evidencia la debilidad de la recuperación de la economía, el alto grado de incertidumbre y la poca confianza que se tiene para hacer negocios que permitan el desarrollo de nuevas empresas y la creación de empleos, en momentos en que el desempleo viene alcanzando sus mayores tasas. De esta manera, se reducen las posibilidades de lograr, como lo estimó el Gobierno, un crecimiento al final del año de 3,6%. Para llegar a esta cifra el país tendría que crecer al 3,8% en los próximos trimestres. Y además, están por verse también los resultados en materia de la confianza de los consumidores que durante más de dos años han estado en terreno negativo.

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Este choque de trenes y la amenaza a la institucionalidad, además de golpear la confianza y la credibilidad en el desarrollo de la economía, podría poner a Colombia en el radar de las calificadoras que tienen en la mira el grado de inversión del país. Además dejaría congeladas nuevas inversiones que podrían buscar otros destinos y sería un nuevo golpe a la ya maltrecha confianza de los consumidores en el país.

Uno de los asesores del expresidente estadounidense Bill Clinton hizo célebre una frase en la campaña contra George Bush: “es la economía, ¡estúpido!”, al referirse a la importancia del desarrollo económico. Si bien la política es fundamental en la creación de instrumentos y proyectos para avanzar en el desarrollo del país, garantizar un terreno fértil para la productividad económica es fundamental para que el país pueda crear valor y distribuirlo entre todos sus habitantes.

Empresarios consultados por Dinero coinciden en afirmar que si bien el primer trimestre de 2019 fue mejor que el de 2018, la economía no ha despegado como se esperaba debido justamente al pesimismo y a la polarización.

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El país no puede perder la perspectiva y resulta fundamental canalizar todas las tensiones políticas por la vía del debate, pero también es cierto que es igualmente importante impedir que la estantería productiva se venga al suelo. Ese sería un escenario catastrófico para el país y abriría el paso para el crecimiento de los populismos que ya vemos hasta dónde han llevado a nuestros países vecinos. Es hora, sin lugar a dudas de desarrollar con altura todos los debates democráticos e institucionales que se nos ponen en el camino. Pero también es momento de que se imponga la sindéresis en materia económica. No atender a estas premisas sería un error garrafal que pagaríamos con menor crecimiento o, inclusive recesiones, que atizarían más las tensiones sociales que hoy son evidentes en toda Colombia.

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