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| 6/30/2020 12:10:00 PM

Coronavirus: ¿vamos perdiendo la pelea?

En los próximos dos meses, Colombia llegará a su pico de contagios de coronavirus. A final de año o antes podría alcanzar los 3,6 millones de infectados y superar los 40.000 muertos, según estimaciones del Gobierno. Luego de tres meses de confinamiento, apenas viene lo más duro.

Entre el 6 de marzo cuando se dio a conocer el primer caso de coronavirus en el país y el 22 de junio, con más de 72.000 casos, el panorama ha cambiado por completo. El epicentro de los contagios se movió de Asia a Europa, luego a Estados Unidos y ahora está en América Latina.

En Colombia el número de contagios aumenta exponencialmente y los decesos no se detienen. El 22 de junio se acumularon 2.383 muertes y las cifras van a seguir aumentando.

Las tasas son comparativamente más bajas que otros países, pero Colombia está lejos de poder cantar victoria: a diario los casos confirmados suben entre 2.500 y 3.000 casos hasta llegar al pico, que el Gobierno proyecta para el 19 de agosto. Colombia completó tres meses de cuarenta, dos emergencias económicas, sociales y ecológicas, y aún así, lo peor está por venir.

Algunos países pudieron reabrir su actividad, luego del pico en el número de casos (como España e Italia). Por su parte, Colombia está reabriendo su aparato productivo justo antes de que llegue el pico.

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¿Volvería pronto a un centro de salud?

La mayor parte de la población está confundida: quieren emprender actividades inmediatamente, y muchos lo mostraron en el día sin IVA, pero entienden que el riesgo sigue siendo elevado. Hay dos cosas ciertas: el país no aguanta más cuarentena y la pandemia aún va a pegar con fuerza. Colombia vive ahora mismo esa tensión.

Hoy el país supera en número de casos a Ecuador (que registró una etapa virulenta de la enfermedad) y ocupa el puesto 22 entre 215 naciones por número de contagios. Por la cantidad de fallecidos, alcanza el puesto 23 y en este aspecto a Ecuador le va peor con casi el doble de víctimas que Colombia.

Esto, por supuesto, ha cambiado las expectativas del Gobierno y los ciudadanos. El primero trata de consolidar su estrategia para controlar la pandemia y reactivar la economía. Los segundos siguen esperando que la curva se "aplane".

Las autoridades sí aprovecharon para fortalecer el sistema de salud. El país va a quedar con cerca de 4.458 nuevas UCI disponibles.

Las proyecciones

El 17 de marzo, cuando el Gobierno decretó la primera emergencia económica, estimaba que 34,2% de la población tenía mayor riesgo (unos 17 millones de personas), pero que con una tasa de contagio 2,68 se llegaría a 3,9 millones de personas infectadas.

En la segunda emergencia, decretada el 6 de mayo, algunos aseguran que las políticas de confinamiento ayudaron a disminuir las proyecciones. Pero la necesaria reapertura gradual ha complicado el panorama. Por eso, al sustentar la segunda emergencia el Gobierno proyectó que el país podría llegar a diciembre con las siguientes cifras: 3,6 millones de contagios (la cifra más probable en un rango entre 1,4 millones y 4,6 millones), con un total de muertos de 41.622 (en un rango entre 15.115 y 55.411).

Los contagios están al alza (el país ocupa el puesto 9 global) por lo que algunos consideran que el país no ha hecho lo correcto. Piensan que Colombia entró en cuarentena muy pronto, con un enorme costo económico, y de todas maneras tiene demasiados casos de coronavirus.

Eso no es del todo cierto. Se trata de la peor pandemia en la historia reciente y todos los gobiernos han tenido que aplicar una estrategia de ensayo y error. Gustavo Morales, presidente de Acemi, el gremio de las EPS, considera que las medidas tomadas han sido las adecuadas, y no es posible saber cuántos contagios ni muertos habría sin la cuarentena. Además, en cuanto a la letalidad por cada 100.000 habitantes, al país le va bien en comparación, incluso, con Europa.

En el mismo sentido se pronunció el doctor Diego Rosselli, neurólogo y profesor del departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. Según él, hasta el momento, a Colombia le “ha ido súper bien. Hemos aprendido, porque nos llegó tarde el contagio y podemos adelantarnos. El distanciamiento, más el tapabocas, más evitar las aglomeraciones, más el lavado de manos son la fórmula”, explica. Advierte que el confinamiento ayuda, pero ya no puede seguir como la fórmula única para enfrentar la pandemia.

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Rosselli realizó el estudio Covid-19 en Colombia: los primeros 90 días donde realiza proyecciones sobre el pico de la pandemia. Sus datos coinciden con el Gobierno: el pico llegará hacia la segunda quincena de agosto y el 2% de la población se habrá contagiado.

Francisco Castellanos, director de la Organización Defensa del Paciente, coincide con que el país ha hecho lo que ha tenido a su alcance contra el contagio. “El gobierno nacional y los municipales vienen haciendo los esfuerzos. Hay casos preocupantes como Chocó y Amazonas, a donde envían los equipos médicos sin el personal. Pero paulatinamente se han ido superando”, dijo.

El Gobierno ha recorrido el siguiente camino. Primero, estableció el marco jurídico de acción mediante la declaratoria de la emergencia. Luego empezó a disponer de recursos, al crear el Fondo de Mitigación de Emergencias (Fome) y la subcuenta covid para comenzar a comprar los insumos necesarios para fortalecer el sistema de salud de cara al pico de la pandemia. Y finalmente, cuando ya ha fortalecido el sistema de salud, empieza a reabrir su economía.

De acuerdo con Luis Guillermo Plata, gerente para la atención integral de la pandemia, el primer paso fue dejar disponibles la mayor cantidad de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) del inventario disponible en el país. Según él, al momento en que llegó la pandemia, Colombia contaba con 5.400 UCI y logró dejar disponibles 2.650 solo para covid-19.

Luego vino la estrategia para adquirir la tecnología y los insumos necesarios para dotar nuevas UCI. En este frente el país tuvo que enfrentar una dura realidad: hasta antes de la covid-19, el mercado de respiradores artificiales alcanzaba 70.000 unidades en todo el planeta. Con la llegada de la enfermedad, la demanda se disparó hasta 2,5 millones de unidades. “Los países se pelean los respiradores”, explicó el funcionario.

Finalmente Colombia ha logrado negociar la llegada de esos aparatos desde China, Corea y Estados Unidos, principalmente. Los primeros 92 llegaron en mayo y quedaron en ciudades como Cartagena, Quibdó, Buenaventura y Cali, entre otras. En junio empezará la llegada masiva, hasta completar un total de 4.458 respiradores nuevos distribuidos en el país. De esta manera, la disponibilidad casi se va a triplicar.

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Obviamente, este no ha sido el único frente: han adquirido elementos para pruebas diagnósticas, insumos clínicos como tapabocas, mascarillas, guantes y otros elementos de protección personal. El primer desembolso de $410.000 millones ya está comprometido prácticamente todo.

Igualmente, en materia de kits de prueba ya adquirieron 501.000 unidades que han permitido aumentar la cantidad de diagnósticos diarios en el país.

Según las cifras del Instituto Nacional de Salud (INS), Colombia cuenta con un total de 71 laboratorios para realizar hasta 17.470 pruebas diarias.

En el futuro, será clave identificar los casos de contagio y sus contactos y aislarlos efectivamente.

Según Morales, de Acemi, la complementariedad del sector público y el privado ha fortalecido la toma de muestras. Al 12 de junio las EPS habían procesado 253.486 y atendido a 59% de los pacientes con covid en el país.

“Además en el frente no covid, las EPS agremiadas en Acemi crearon el plan prioridad mayor, para atender a las poblaciones más vulnerables que no podían acudir al médico por el confinamiento (adultos mayores, enfermos crónicos y madres gestantes), mediante telemedicina. Esta alternativa llegó para quedarse, pues los actores del sistema de salud cada vez aceptan más lo digital y lo mejor es que fue una transformación que se dio en pocas semanas”, precisa Morales.

En los desarrollos locales para hacerle frente a la pandemia se destaca uno que está realizando la EPS Sura. Consiste en medirles el oxígeno a los pacientes con síntomas de covid-19. En otras enfermedades respiratorias el cerebro rápidamente identifica que los niveles de oxígeno bajan. Pero con el coronavirus el cerebro no siente necesidad de reaccionar y por eso medir con frecuencia el oxígeno permite actuar a tiempo y evitar el ingreso a la UCI o reducir el tiempo de permanencia.

Otro caso destacado es el de la empresa caleña La Tour, dedicada a producir sabores y fragancias. Uno de los síntomas del coronavirus es la pérdida del olfato. Por eso esta compañía desarrolló una prueba técnica para medir la capacidad de una persona para identificar olores.

En la prueba, a la persona le dan a oler fragancias que recrean las del café, menta o banano. Luego, comparan los resultados con una base de datos propia de La Tour, con el fin de determinar si la persona se encuentra en un nivel alto, medio o bajo de compuestos que logra identificar. Los resultados salen de manera inmediata.

Esos ejemplos muestran como el sector privado y el sector público han reaccionado muy activamente para crear una red de protección y reacción frente a la covid-19.

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Plata sí hay

Igualmente ha funcionado bien la estrategia para conseguir recursos y fortalecer el gasto en salud. En la primera declaración de emergencia el Gobierno estimó que, de los casi 4 millones de posibles contagios, 18% serían severos y graves que permanecerían 14 días en UCI y otros 5 en hospitalización. En este escenario estimaba el costo total de atención en salud en $4,6 billones, a los que habría que sumarles $94.800 millones para pago de incapacidades y $236.000 millones para incrementar en 10% la oferta de UCI de adultos y expandir el área de aislamiento por medio de la capacidad hotelera.

Pese a este elevado presupuesto, hasta ahora el Gobierno no ha tenido que gastar más de lo que habitualmente destina para pagar la salud de los colombianos. Es decir, con el dinero que les gira a las EPS por cada uno de sus afiliados, lo que se conoce como UPC, ha podido cubrir los servicios relacionados con covid. Esto ha sido posible gracias a que desde el comienzo de la crisis se presentó una disminución en otros servicios de salud, tanto por menor accidentalidad e infecciones, como por menor número de consultas médicas.

Los recursos de la cuenta covid del Fome han servido igualmente para adquirir elementos de protección.

Las hospitalizaciones y el uso de unidades de cuidados intensivos e intermedios registran una ocupación de entre 40% y 50%, al tiempo que la afluencia a servicios ambulatorios cayó entre 35% y 40%.

Como resultado de ese menor gasto ha sido posible seguir operando con el mismo presupuesto. Ciertamente regiones muy afectadas como Leticia, Cartagena o Chocó exigieron mayores desembolsos. Pero al hacer el balance a nivel nacional no ha sido necesario ningún sobregiro adicional.

María Andrea Godoy, viceministra de Protección Social, explicó que de enero a mayo giraron cerca de $20 billones de ingreso corriente dentro del sistema salud y que, además, aprovecharon esta coyuntura para acelerar el proceso de saneamiento financiero del sector.

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“Una de las premisas ha sido no disminuir el flujo de recursos a EPS e IPS porque se necesita que todo el sistema esté funcionando. Por eso continuamos con el saneamiento de deuda –la de Adres con EPS del régimen contributivo suma $4,7 billones–, mediante medidas como el anticipo de 25% de las cuentas que están en proceso de saneamiento. Así mismo, se liberaron inversiones que tenían las EPS en reservas técnicas y que tan solo en depósitos a la vista sumaban $1,6 billones. Este dinero lo deben usar para pagar deudas”, explica la funcionaria.

No obstante, ya existe el marco legal para los nuevos recursos que el país va a requerir a medida que aumentan los contagios. Uno de ellos, aún no calculado pues no se ha reglamentado, consiste en reconocer el costo de nómina de unidades de cuidado intensivo e intermedio. La idea es que el Gobierno pague por el recurso humano que atiende una cama diaria de UCI. Esto incluye intensivistas, enfermeros, nutricionistas, terapistas, etcétera.

José Luis Accini, presidente de la Asociación Colombiana de Medicina Crítica y Cuidados Intensivos, estima que una UCI de 10 camas requiere un área de entre 180 y 200 metros cuadrados, lo que cuesta cerca de $2.500 millones (espacios, redes eléctricas, redes de gases, ambiente, etcétera.) Por cubículo requiere cama, respirador, monitor, bombas de infusión de medicamentos y de nutrición, unidades de calentamiento. Este es el costo más grande y puede llegar a $150 millones por cubículo. Además, cada paciente requiere equipo de radiografía portátil, electrocardiógrafo, carro de paro, mesa para procedimientos, equipos de back-up y computadores, lo que implica otros $300 millones.

En resumen, una UCI de este tamaño cuesta de $4.000 millones a $4.500 millones y sus costos operativos pueden llegar a $500 millones y $700 millones mensuales.

La viceministra Godoy agrega que a las IPS les van a pagar un cargo por disponibilidad de las UCI (que no las ocupen todas para que puedan atender a los enfermos de covid-19) y que van a fondear dicho cargo con los $6,8 billones establecidos en el Fome para el sector salud. De ese monto, $1,2 billones tienen como fin ampliar la infraestructura, comprar elementos de protección personal y pruebas, así como fortalecer laboratorios y al Instituto Nacional de Salud (INS). Eso lo ha venido haciendo la gerencia de la pandemia a cargo de Luis Guillermo Plata.

Otros $100.000 millones servirán para pagar incapacidades. Usarán el resto del dinero para solventar los costos de los servicios de salud cuando se acabe la UPC, lo que, según estimaciones del INS, podría suceder en agosto.

Otra fuente de recursos consiste en liberar excedentes de los entes territoriales que tenían en cuentas de régimen subsidiado. Estos suman $1 billón, que podrán destinar a apoyar actividades de salud pública, ampliar infraestructura o comprar pruebas para los entes territoriales. Cartagena y Amazonas ya usaron esta figura.

El Gobierno también planea con los recursos del Fome bonificar al talento humano que está en la primera línea de atención. Esto irá ligado a los servicios prestados e incluye a profesionales de IPS públicas y privadas, así como a los contratados directamente o bajo prestación de servicios. Esta bonificación tiene un presupuesto de $400.000 millones, que se sumarán a otros $400.000 millones destinados a pagar nómina de hospitales públicos.

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Queda en evidencia que hasta el momento han llegado recursos a todo el sistema (cerca de $21 billones en lo corrido del año) y que hay un colchón importante para enfrentar el pico de la pandemia. Aquí todo parece volver al principio. ¿Es así?

¿Qué viene?

Fenómenos como los del día sin IVA demuestran que el país no puede bajar la guardia aún. Tiene que fomentar una cultura ciudadana anticovid, pues por cuenta del tipo de estrategia aplicada, el país tendrá que reabrir la actividad económica justo cuando se acerca el pico de contagios.

“Hay medidas que no tienen efecto alguno”, dice Mauricio Santamaría, presidente de Anif. Sostiene que hay que revisar decisiones como la ley seca y el propio confinamiento. Para él, es necesario fortalecer los mecanismos de distanciamiento y protección personal.

Otro aspecto clave es el rastreo, parte integral de la estrategia Prass del Gobierno: Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible.

Según Plata, la meta consiste en rastrear entre 3 y 4 contactos de los contagiados, para establecer aislamientos más estrictos y focalizados. Para ello está en proceso de contratar un call center que disponga de al menos 9.000 personas para realizar los contactos e informar sobre los protocolos a aplicar en cada caso.

Pero mientras el sistema de salud enfrenta la pandemia, hay zonas grises que pueden abrir frentes problemáticos en un futuro cercano. Puede llegar un aumento de enfermedades prevenibles, por falta de vacunación, en especial de niños y adultos mayores, así como de enfermedades graves no detectadas a tiempo. Para hacer frente a esta situación, desde mediados de mayo las EPS comenzaron a busca activamente a la población que puede presentar riesgo mayor.

En Seguros Sura aceptan que el escenario de un incremento de otro tipo de enfermedades representa un desafío adicional en medio de esta emergencia sanitaria. Dicen que para enfrentarlo han ajustado sus procesos para atender remota o presencialmente los casos que lo exigen, con los protocolos de bioseguridad.

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“Hemos aprendido que nuestra verdadera fortaleza reside en la capacidad de trabajar juntos, no solo como empresa, sino con el Gobierno, el sistema y la sociedad civil”, aseguran en la empresa.

El día sin IVA puso en evidencia que la ciudadanía aún no sabe cómo comportarse para impedir aglomeraciones. Es el eslabón débil de la estrategia.

En manos de todos

La pandemia ha puesto a la sociedad colombiana frente a la necesidad de fortalecer la cultura ciudadana anticovid. Esto, porque la necesaria pero paulatina reapertura llegará justo cuando aparezca el pico de contagios.

La viceministra Godoy sostiene que ya no es posible seguir aislando a las personas, sino al virus. Pero para lograrlo se necesita información y big data.

Por su parte, Gustavo Morales asegura que “este es un fenómeno muy complejo con más ignorancias que certezas. La hoja de ruta es precaria porque se debe combinar salud, economía y recursos disponibles”.

Jorge Restrepo, profesor y economista de la Universidad Javeriana, afirma que es hora de destinar buena parte de los recursos en diagnosticar y aislar a los enfermos, porque hay que superar la cuarentena como mecanismo de protección.

Felipe Campos, director de Investigaciones de Alianza Valores y Fiduciaria, cree que Colombia podría ser un caso de estudio en cuanto al manejo de virus. Con cuarentenas extremas, que han tenido un alto costo económico, registra buenos resultados en la letalidad (inferior a la de países pares) y está en un proceso de regreso a la “normalidad” comparativamente rápido en las últimas semanas.

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“Según nuestros cálculos, en Bogotá las UCI llegarán a 70% entre dos y tres semanas. Lo ideal es que podamos timonear la cuarentena sin tener que regresar a niveles de encierro total. De hecho, las cuarentenas máximas son una política que nadie repitió (ni siquiera Perú) posiblemente por su costo”, escribió Campos en su Twitter.

El país tomó un camino para enfrentar la crisis sanitaria: demorar el pico mediante una cuarentena rígida, preparar el sistema de salud y reabrir la actividad económica, mientras apuesta por la cultura ciudadana para impedir mayores tasas de contagio. Ha logrado los dos primeros objetivos: es indudable que aplazó el pico y que la cuarentena salvó muchas vidas.

En materia de números asociados a la enfermedad, ahora viene lo más complejo. Y solo las personas, con su actitud, tendrán la clave para contener la enfermedad. De eso dependerá que en diciembre haya un panorama favorable. De aquí en adelante los colombianos ya no están solo en las manos del Gobierno, sino de las suyas.

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