Opinión

  • | 2009/09/02 00:00

    Los rumbos de la densidad

    La humanidad usó primero los carbohidratos tales como la leña y luego los hidrocarburos como el petróleo y el carbón. ¿Cuál será el próximo paso? Seguirá los rumbos de la densidad ¿Es el destino inexorable la energía nuclear? Opinión de Manuel Maiguashca.

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La segunda ley de termodinámica establece que el nivel de entropía de los sistemas aislados aumenta con el tiempo. En otras palabras, todo se desordena si no se le inyecta energía.

A medida que los sistemas se interrelacionan más (mayor población, transportes más eficientes, etc.), se requiere de más energía en menores espacios para evitar la condena del desorden.

La humanidad ha luchado contra estos dictámenes de la física en batallas por episodios. El primero, destacó el uso de los carbohidratos tales como la leña. El segundo, los hidrocarburos como el petróleo y el carbón. ¿Cuál será el próximo? El orden lógico, está en seguir los rumbos de la densidad. Un gramo de carbón equivale energéticamente a dos gramos de biomasa. Un gramo de petróleo a 2 gramos de carbón y un gramo de uranio a 4 toneladas de carbón. ¿Es el destino inexorable la energía nuclear? La respuesta es sí, pero existen tres variables que causan desvíos, por lo menos por algún tiempo.

La primera, es los costos económicos de domesticar el átomo. Gobernar y disponer del uranio o el torio exige inversiones iniciales altas a pesar de la abundancia de éstos. Una central nuclear de 700 MW alcanza costos de US$4.000 millones. Energías alternativas con menor eficiencia, confianza y duración podrían llegar, a lo mucho, a mitad del costo.

La segunda, es el efecto sobre el medio ambiente de cada recurso. El calentamiento global exige medidas para mermar la quema de hidrocarburos. Al no poder acudir de inmediato al uranio por sus costos, la humanidad se afana en dos campos: buscar menores emisiones en recursos menos densos como lo son el viento, el sol y la biomasa, e implementar tecnologías limpias en los clásicos hidrocarburos como lo son la gasificación del carbón o el procesamiento de carbono por parte de micro organismos.

La última variable que aleja la eficiencia veloz, es la paranoia de las sociedades occidentales hacia la energía nuclear. La catástrofe de Chernobyl, el temor a que líderes fanáticos jueguen con tecnologías modernas (Corea del Norte e Irán) y el irrespeto a acuerdos de intercambio de energéticos (Argentina, Rusia y Bolivia) no permiten sembrar confianza para conglomerar la inversión en pocas generadoras de energía e interconectar países vecinos, sino que incentiva a que se atomice la inversión y cada cual resuelva como pueda con recursos más costosos.

La humanidad se desvela ante la urgencia de mermar la huella de carbono. Indefectiblemente, llegará el momento en que el conocimiento permita las economías de escala para que los átomos inestables resuelvan con cero emisiones las necesidades de energía. Y no será por falta de hidrocarburos, será por mayores costos ambientales asignados a éstos, avances tecnológicos y por la evolución de democracias liberales. Mientras tanto, daremos tumbos en las energías alternativas. ¿Qué rumbo debe seguir Colombia en este escenario? Será el tema de la próxima columna.

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