Opinión

  • | 2017/10/18 00:01

    “Yo también”

    La violencia de género está desencadenando escándalos en grandes industrias del mundo. Todos tenemos responsabilidad frente a dichos comportamientos.

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La reciente campaña de “yo también” que se mueve en redes sociales para llamar la atención sobre las víctimas de abuso sexual, se suma al aumento de escándalos de acoso que se han evidenciado recientemente  en diferentes industrias. Entre los más nombrados recientemente, se encuentran Uber y los estudios de Miramax, por el caso del productor Harvey Weinstein, quien aun siendo el fundador, fue destituido de su cargo en las últimas semanas debido al gran número de celebridades que han denunciado su errático comportamiento sexual. Aunque esto no es nuevo, es alarmante pensar que muchas de estas situaciones no son reportadas por miedo a retaliaciones, pero que las cifras de situaciones desconocidas son numerosas.

Lo anterior, hace que necesariamente nos cuestionemos sobre las prácticas de Talento Humano que se tienen en las organizaciones; pues es común que entre más alta sea la posición del agresor, más protección reciba de parte de la organización, haciendo que las acusaciones se queden en simple especulación. Lo que trae a la pregunta: ¿Cómo proteger a las víctimas? Y ¿Cómo generar entornos laborales de autocuidado?

Pero aquí el foco no puede ser exclusivamente en las víctimas en el trabajo, sino en los hechos que desencadenan tan lamentables situaciones. Hace poco, tuve la oportunidad de ver el documental “The mask you live in”, que explora las conductas culturales que llevan a la definición de la masculinidad en el mundo actual. Es realmente triste ver cómo la represión emocional en la que sumimos a los niños a través de la sociedad y la educación, dan como resultado hombres atrapados en sus emociones, que se manifiestan en desórdenes de comportamiento, actos de violencia, abuso sexual e incluso fuertes depresiones.  Si bien no hay excusa para aprovecharse de alguien, si vale la pena pensar en cómo socialmente se alimentan desde el hogar dichos comportamientos con frases tan sencillas, pero tan castradoras, como “los niños no lloran”, o algunos un poco más misóginos pero aparentemente inofensivos como “no corra como niña”. Le estamos enseñando a los niños que ser exitoso como hombre se basa en la dominancia, el poder y la agresión; y luego nos escandalizamos porque actúan de esta manera en sus diferentes dimensiones.

De alguna manera todos tenemos cierta responsabilidad frente al tema, pues mientras sigamos creyendo que los hombres tienen que ser fuertes, y las mujeres delicadas; que si eres mujer no debes ser, o al menos mostrarte,  muy inteligente porque representas una amenaza para la virilidad de tus colegas y que el rol del hombre es salvarte de tu debilidad; ¿Cuáles son las narrativas de género que nos estamos contando como sociedad? Si de verdad queremos un mundo en el que no haya “ni una más”, tenemos que cuestionar las prácticas de crianza y educación en las que estamos sumidos. Pero también es una invitación para los hombres para no callar; no se conviertan en cómplices que callan las acciones de acoso de sus colegas, y esto comienza incluso desde celebrar comentarios sexistas. Necesitamos hombres que se conviertan en agentes de cambio en sus organizaciones para que transformemos la cultura hacia una más orientada hacia la equidad de género. Pero así mismo, mujeres valientes para poner límites y denunciar lo sucedido.

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