Opinión

  • | 2018/02/05 00:01

    Violencia en la escuela y fuera de ella

    Los hechos de violencia extrema contra dos estudiantes de los colegios INEM de Medellín y Bogotá reflejan los gravísimos problemas que deben afrontar los jóvenes hoy. Las dificultades de formar para convivir en los colegios y fuera de ellos y los retos de directivos, docentes y policía para controlar y garantizar entornos seguros, en colegios a los que asisten varios miles de estudiantes.

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Los videos de estos dos hechos, no pueden más que causarnos un profundo dolor, pues son evidencia del grado de descomposición social al que están llegando algunos de nuestros jóvenes y su pérdida de humanidad. No queda duda, los adolescentes involucrados pertenecen de manera plena a una sociedad violenta, donde el cuidado del cuerpo y la vida no tienen ningún valor. Ellos usan cuchillos, u otro tipo de armas, y atentan contra el otro sin ningún tipo de remordimiento o de temor a la autoridad o a la justicia. En el caso de Medellín, otros adolescentes graban la tragedia con sus celulares, pero no intervienen. La única estudiante que tuvo la valentía de proteger a su compañera fue herida con un arma cortopunzante.

Por favor, pensemos en lo que significa en términos de miedo, desconfianza e inseguridad para niños, adolescentes y padres de familia tener que asistir, o mandar a sus hijos a un colegio donde en los alrededores hay otros jóvenes que los roban, los agreden y los maltratan. Los estudiantes día tras día deben usar el mismo camino para ir al colegio y regresar a sus casas. Más grave, tener que ir a un colegio donde sus compañeros usan armas.

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Además, reflexionemos sobre la complejidad de la tarea de directivos y docentes de estos colegios oficiales, ellos también tienen miedo por sus vidas. Sin embargo, desde la educación hacen esfuerzos denodados para formar para la vida y la convivencia, con un medio externo que no ayuda, que no es ejemplo, y que más bien clama por el odio, la venganza y la eliminación del otro para imponer sus razones.

En el caso del colegio Inem Francisco De Paula Santander, ubicado en el sector de Kennedy, en Bogotá, la institución escolar tiene 7.460 estudiantes. Es el segundo más grande de Bogotá medido por número de estudiantes. Para comparar, en Colombia existen más de 400 municipios con menos de 10.000 habitantes. Otro dato significativo es que el tamaño promedio de los centros educativos de los países de la OCDE es de 546 estudiantes. El Inem José Félix de Restrepo de Medellín, por su parte, tiene 4.700 estudiantes. Vale aclarar que los dos colegios cuentan con rectores con experiencia y buenos equipo de profesores, que en los últimos años han logrado avances significativos en mejorar calidad y convivencia interna.

Todos los involucrados son muy jóvenes. El rector del INEM de Kennedy destacó que el joven que asesinó al estudiante del grado 11°, tiene tan sólo 16 años. En la información del sistema de matrícula se encontró que se retiró hace dos años del sistema educativo oficial de Bogotá, él es un joven desertor que no terminó la educación media. En Medellín, igualmente, se trata de dos adolescentes, en este caso menores de 15 años, quienes cortan el cabello y hieren con un arma a otra compañera, además de agredir a otra estudiante de 12 años que intentó proteger a la compañera maltratada y golpeada.  

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Sobre el tema pedagógico y educativo, hablé con el rector del INEM de Kennedy, Jorge Pérez, quien sostiene que “frente a jóvenes delincuentes, violentos y armados que cercan los colegios, la pedagogía y la autoridad pasan a segundo plano, en esta condición los directivos y docentes, también, tienen miedo y muchas de sus actuaciones las realizan con temor. Por ejemplo, acá en el colegio conocemos que otros estudiantes fueron atracados 2 o 3 días después y no pasó nada.” Los colegios y sus maestros están solos, ¿dónde están los padres de familia de estos jóvenes delincuentes? La policía y funcionarios de entidades como el ICBF, personerías y otros se aparecerán por estos días, en los dos colegios, pero al cabo de una semana no volverán.

Bogotá tiene el programa Entornos Seguros, que está bien confeccionado e incluye acciones multisectoriales. Sin embargo, se requieren más recursos y una mayor gestión. El Inem de Kennedy no hacía parte de este programa y sólo se incluyó este año.

Por último, los colegios y la educación en Colombia tienen la enorme complejidad externa de la guerra, el narcotráfico, las bacrim, la informalidad, la ilegalidad y los temas de corrupción, todos al final actos violentos, que en nada ayudan a su formación ciudadana, a la convivencia, y a la construcción de un tejido social legal, tolerante y respetuoso de la vida. Al contrario, son acciones que atentan de manera permanente contra el presente y futuro de los jóvenes, contra las escuelas y contra el sistema educativo. La escuela y sus maestros no son una isla, son parte integral de las características de esta sociedad. Como instituciones escolares pueden ayudar al cambio, pero no se pueden dejar solas, se requiere para ellas y sus maestros apoyo permanente, no para apagar incendios, sino para evitarlos. 

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