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Opinión

  • | 2019/03/29 00:01

    Venezolano: ¿lloras o vendes pañuelos?

    Increíblemente, hay algunos guerreros prosperando.

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La semana pasada, conocí a una valduparense que vive en Puerto de la Cruz, ciudad venezolana que debe su nombre a una localidad de Canarias (España).

Me impactó escuchar que ha sido capaz de sobrevivir bien a la crisis (por no llamarla hecatombe) que sufre el mayor Estado fallido del mundo actual. Rápido comencé a interrogarla cariñosamente para entender cómo opera en el día a día una especie en extinción. No hace falta ser muy inteligente para intuir que la mayoría de los venezolanos pertenece a alguno de estos grupos: supervivientes en el umbral de la pobreza (o más allá de ella), millonarios con los dólares en el exterior, dirigentes chavistas o enchufados de dicho régimen, emigrantes sufridores de la mayor diáspora de la historia (actualmente en proceso hasta que por fin caiga Maduro) o… miembros de la microscópica clase media que pueda quedar.

Teniendo la suerte de haber encontrado a una persona de este pequeño último colectivo, decidí aprovechar para hacerle una brevísima entrevista e intentar escribir mi primer artículo positivo hasta ahora sobre mi queridísima Venezuela. Ella se llama María Laura.

GR: ¿A qué te dedicas exactamente?

ML: Tengo un empresa que opera como centro de impresión y que realiza venta de material escolar y de consumibles de oficina, compro a diversos importadores y distribuyo. Me toca visitarlos y comparar precios para ver cuál tiene inventario más antiguo y, por lo tanto, con precios “viejos” (más bajos). En la situación de Venezuela, le apuesto a negocios de consumo masivo, ya que es “obligatorio” su consumo, valga la redundancia. En mi caso, el material escolar se paga con remesas de emigrantes que llegan en dólares y las “oficinas” (multinacionales) reciben pagos mixtos (bolívares y dólares). Por poner un ejemplo, PDVSA ya se ha visto obligada a pagarles también con dólares.

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GR: ¿Cómo combates la mayor hiperinflación del panorama mundial?

ML: Para empezar, es más importante la gestión de la tesorería que te voy a explicar ahora que el negocio empresarial en sí mismo. Ya sabes que el bolívar se hunde a diario y los precios suben cada día más. Yo hago reposición de mercancías todos los días para minimizar o evitar el encarecimiento del stock y a la vez tratar de aprovechar las alzas de los precios de venta. Si tengo una venta a realizar y no he repuesto inventario, realizo igualmente la venta y compro divisas en el mercado paralelo para garantizar poder afrontar la compra al día siguiente, cuido así mi capital y si el dólar vale más (que es lo más probable), no me afecta el posible mayor precio del material al día siguiente. De esta forma, aseguro tener producto siempre para mis clientes. También mantengo lista de precios en dólares y actualizo a diario la de bolívares (mañana y tarde).

GR: ¿Y cómo gestionas el efectivo?

ML: Mi técnica de tesorería diaria consiste en vivir en permanente estrés, mirando todos los estados de WhatsApp de mis contactos con ofertas de compraventa de dólares y teniendo como referencia determinadas páginas de Instagram que son las que realmente determinan el tipo de cambio paralelo. Igualmente, hay que ser muy audaz comprando dólares a venezolanos en el exterior para que puedan colocar bolívares a su familia y evitar el “falso” tipo de cambio oficial del Gobierno. Esto también lo hago con pesos colombianos en el caso de emigrantes venezolanos en mi país. Toda esta operativa me exige tener cuentas corrientes en todos los bancos que hay en Venezuela para no perder ni una sola oportunidad. Mi obsesión con los dólares no se debe sólo a mi objetivo de preservar el patrimonio que voy generando, sino también a los descuentos que obtengo al comprar a mis proveedores con respecto a lo que me cobrarían si les pagara en bolívares.

 GR: ¿Cómo evitas quebrar en ese entorno?

ML: En economías estables, las empresas se “casan” con casas comerciales. En Venezuela, se va al mejor postor, subastando precios entre múltiples compañías. Este enfoque de búsqueda continua del mejor precio y de los bienes que escasean te permite aspirar a sobrevivir y a evitar el desabastecimiento. Yo he podido crecer en número de clientes gracias a tener siempre mercancía disponible, lo cual genera cierta fidelidad: stock, variedad y buen precio. Empecé en tiempos de crisis con clientes minoristas y ahora también tengo mayoristas.

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GR: ¿Cómo consigues no desanimarte en ese ambiente hostil?

ML: En primer lugar, divorciándome de la política y de las noticias tóxicas porque causan desequilibrios. La buena actitud es vital. Además, yo creo en mí y en mi país, ya que también me considero venezolana. Como dice una famosa frase, “En tiempos de crisis, unos lloran y otros venden pañuelos”, y yo decidí vender pañuelos. Definitivamente, solo quien sobrevive en tiempos de crisis es victorioso. En esta particular situación más que en cualquier otra, es clave ser buen ciudadano y tratar bien a tus empleados y clientes. Yo a mis colaboradores les pago tres salarios mínimos y me desvivo por ellos con mucha humanidad, liderándolos desde el corazón.

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