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Opinión

  • | 2020/09/15 00:01

    Vacuna contra el odio: más urgente que la del coronavirus

    Las pérdidas a nivel de vidas humanas y de carácter económico generadas por los disturbios dejarán heridas que tardarán años en superarse. Urge regular la protesta para garantizar que esta sea pacífica, en la que se salga a las calles sin perder la vida.

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Un estudio publicado por la revista Nature, realizado por la Universidad de Granada y la Universidad Rey Juan Carlos, muestra cómo el hombre es agresivo por su naturaleza animal, pero que la cultura ha logrado que tengamos niveles de paz y bienestar. “Somos agresivos por naturaleza, pero pacíficos por cultura” afirmaría David Huertas, psiquiatra y autor del libro Neurobiología de la agresividad humana. Homo Homini Lupus (el hombre es lobo del hombre), diría Hobbes, lo que parecería corroborarse nítidamente en los desmanes protagonizados por hordas iracundas.

Esta agresividad e ira impregnadas en los actos vandálicos que surgieron en medio de las protestas indican claramente que esta debe regularse, para garantizar la vida de manifestantes y uniformados. Que cada quien responda por lo suyo: los uniformados en caso de sobrepasarse y los manifestantes en caso de ejercer conductas impropias en esta serie de eventos.

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Entiendo que cursa en el Congreso de la República una iniciativa en este sentido, promovida por un proyecto llamado Visión 2022, del cual hacen parte cuatro tanques de pensamiento de renombre en el país, sin que hasta ahora se le haya dado trámite. Ni el gobierno ni el Congreso le han puesto la atención requerida. Entretanto, el drama humano y económico circula por las calles de las principales ciudades del país, pues los ciudadanos no tienen cómo protegerse en medio de los disturbios; los uniformados parece que tampoco, pues sus puestos de trabajo fueron destruidos.

Los comercios, pequeñas peluquerías, barberías, restaurantes, tiendas de barrio y en general todo este segmento de comercio con la pandemia ya venía bastante afectado; con los cierres producidos por los ataques y actos vandálicos, la reapertura realizada luego de la cuarentena no abrió la puerta a la reactivación económica, sino todo lo contrario, los obligaría a cerrar por completo. Muchos de los negocios que lograron mantenerse vivos a pesar de la cuarentena tendrán inevitablemente que cerrar como consecuencia de los desmanes.

El daño económico ocasionado por los disturbios muy seguramente persistirá durante décadas, no solo en Colombia, sino en otras partes del planeta. Los comerciantes diezmados por la pandemia no tienen garantías para reabrir fruto de la inseguridad, lo que inevitablemente dejará una huella negativa en los bolsillos de los ciudadanos.

Victor Matheson y Rob Baumman, profesores del College of the Holy Cross, analizarían en una investigación las consecuencias económicas de los destrozos ocasionados en 1992 luego del asesinato de Rodney King, un hombre afrodescendiente asesinado brutalmente por la policía, un drama similar al que vivió George Floyd que originaría los disturbios en Estados Unidos este año.

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De acuerdo con Matheson, "la actividad económica en las áreas afectadas no regresó durante al menos 10 años. Al menos no a niveles anteriores”. Dijo que esos disturbios costaron casi US$5.000 millones en actividad económica medida en ventas perdidas durante 10 años. "Si las personas no se sienten seguras donde están sus negocios, entonces no sienten la necesidad de reconstruir".

Matheson y Baumman también compararon las consecuencias económicas del Huracán Andrew, el cual azotó a la ciudad de Miami durante el mismo año. La recuperación en este caso fue bastante más rápida. En Colombia las consecuencias muy seguramente serán similares y la recuperación económica no se dará pronto. Si a esto le sumamos la recesión ocasionada por el coronavirus mucho menos.

De acuerdo con el Banco Mundial, hasta 100 millones de personas de todo el globo terraqueo podrían caer en pobreza extrema. Tan solo en Colombia esta aumentará del 7,4% al 11,3%. En líneas generales, la pobreza aumentaría al 38% de la población en 2020. Esto solo como consecuencia del coronavirus, si le sumamos los desmanes, puede ser bastante peor.

Necesitamos urgentemente una vacuna contra el odio, ahora más que nunca. En especial porque pareciera que la ira en el tiempo dura más que la covid-19, lamentablemente para todos. Entretanto, solo la cultura ciudadana y la regulación de la protesta con el fin de evitar abusos de parte y parte parecieran el camino más cercano a seguir.

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