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Opinión

  • | 2019/08/19 00:01

    Un pacto por el empleo, ¡pilas con la calidad!

    Garantizar empleo suficiente, digno y de calidad se ha mantenido como un reto en toda América Latina. En nuestro caso, la tasa de desempleo viene creciendo desmesuradamente, a tal punto de demandar más políticas que impulsen, no solo el empleo, sino también el crecimiento económico y empresarial.

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A pesar de que la economía colombiana presentó un crecimiento de 3 % en el segundo trimestre (ligeramente superior a las expectativas del mercado), son muchos los datos detrás de esta cifra que siguen preocupando a los analistas y estudiosos del tema, puesto que el desempleo estructural, la tasa de cambio, y el estancamiento manufacturero, abren retos de cara a la política pública sectorial focalizada.

El deterioro del panorama laboral no solo se percibe en el aumento de la desocupación, sino también en materia de calidad del empleo formado. Estos y otros fenómenos que se presentan en nuestro mercado se están volviendo más recurrentes, a tal punto de influir sobre incrementos de factores como la informalidad laboral, brechas salariales y de género, inconsistencias en los modelos de contratación, por solo mencionar algunas aristas.  

Y aunque la situación la percibimos claramente en Colombia, la realidad es que todo esto no es ajeno a nivel regional. Según datos de la Cepal, la tasa de desempleo en América Latina aún se mantiene alta con un 9,3 % y un 23,4 % en la tasa de desocupación urbana. En esto, la migración de venezolanos ha influido sobre las cifras de la región, así como el contexto de incertidumbre comercial, volatilidad inflacionaria y la desaceleración económica mundial, con notorios síntomas que vislumbran una recesión económica mundial en el corto plazo.

El pasado trimestre (abril-junio 19) el desempleo se ubicó en un 10,1 % en Colombia, siendo del 11 % en las 13 ciudades principales del país, es decir, en los lugares donde se concentra la mayor participación de la tasa de ocupación actual. Pero si se compara el primer trimestre de todos los países de Suramérica, la tasa más alta de desempleo, sin contar a Venezuela (que a 2018 tenía una tasa estimada del 35 %), la tiene Brasil con un 14,1%, siguiéndole a este nuestro país con un 12,7 %.

Un dato que es de gran preocupación porque representa un alza sobre los índices de informalidad y conlleva a focos sociales, que pueden desbordarse hasta problemas de delincuencia. Más allá de propender por volver a buscar una tasa de desempleo de un solo dígito, para emanar algún tipo de bienestar estadístico, vale la pena adoptar medidas para minimizar el impacto económico de la falta de generación e ingresos sostenibles en la población, y tener así un marco de acción, que establezca políticas en pro del mejoramiento de la calidad de vida colombiana.

Precisamente, dado el contexto de alta incertidumbre por el que pasa el tema del empleo hoy día, se sacó a la luz una positiva iniciativa gubernamental conocida como los 12 pactos por el crecimiento y la generación de empleo, cuyo propósito principal, y crucial, es la generación de 866.000 empleos bajo un horizonte de tres años, y apalancado en una docena de sectores.

Los firmantes tienen la tarea de cumplir alrededor de unos 500 compromisos para que, a 2022, puedan verse los resultados esperados tanto en materia de mayor inversión como en materia de aumento de productividad y formalización de empleo sostenible. En ello, la recuperación industrial y comercial es necesaria, lograr convertir las promesas en acciones, pero un control de seguimiento a las acciones es más que necesario para que dichos adeudos rindan frutos.

Con esto, se pretende que dichos sectores logren generar $6,2 billones adicionales a la cifra obtenida entre 2014 al 2018, equivalente a $41,3 billones. Y sumándose a las expectativas en la generación de nuevos puestos de trabajo, el ideal es que el aumento de la producción sume $13,4 billones y que las exportaciones crezcan en $12,1 billones.

Cabe resaltar que dichos planes no fueron plasmados al vacío. Se realizó una identificación clara de las dificultades que enfrentan cada uno de los sectores, y de los principales desafíos que mantenían. Y si bien se espera que a futuro se sumen sectores clave como el farmacéutico o el azucarero, por ahora los sectores involucrados son: i) BPO, ii) industrias del movimiento, iii) moda, iv) químicos, v) construcción, vi) alimentos procesados, vii) industria agroforestal, viii) cárnicos, ix) software - TI, x) economía naranja, xi) turismo y xii) cacao.

En temas de empleo, la construcción, el turismo, los alimentos procesados y las industrias BPO, son los llamados a aportar más. Y si bien los principales actores fueron los empresarios, también se involucraron 60 entidades del sector público para revitalizar mucho más los sectores del sector privado que hacen parte de este gran y ambicioso plan.

Sin embargo, varias de las problemáticas se relacionan estrechamente con temas como costos logísticos, dificultades para sumarse al comercio internacional, la persistencia del contrabando y prácticas de competencia desleal, y hasta la conectividad regional que se mantiene. 

Lastimosamente, poco se habla de problemas que se involucran directamente con el tema del empleo. Exiguas son las potencialidades claras para solucionar los temas de informalidad, que por ahora se esconde como una enfermedad silenciosa en nuestra tasa de ocupación, de la explotación laboral, del abuso del tipo de contratación por prestación de servicios cuando no se cumplen las condiciones contractuales, y demás males que perturban el bienestar de nuestro sistema laboral.

Buscar la fórmula para la generación de más empleos sin trabajar, en paralelo, sobre las deficiencias que tienen los empleos actuales, tiende a propagar los trabajos de baja calidad. Y si bien la oferta exige talento humano capacitado para ejercer de la mejor manera las funciones asociadas a sus cargos, también se deben establecer unas condiciones mínimas vitales en cada uno de los cargos actuales y futuros. Desarrollar actividades sin garantía de condiciones propias de la formalidad laboral no aporta al bienestar. Y, si bien estas estrategias son necesarias, es importante trabajar mucho más en pro del empleo digno y de calidad.

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