Opinión

  • | 2018/02/19 00:01

    ¿Trabajo o me distraigo en la red?

    ¿Cuántas veces ha presenciado la típica escena en la que un trabajador, en lugar de cumplir con sus labores, se dedica a llamadas telefónicas, a la mensajería y a las redes sociales? Una adicción que puede tener un solo trabajador, pero que genera distracciones sobre el resto y trae efectos negativos en la productividad de una empresa. Es tarea del empresario establecer reglas claras para enfrentar esta problemática y buscar que el trabajador aprenda a definir prioridades en sus horas laborales.

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Sea usted el jefe corporativo de una gran compañía, o un emprendedor de una PYME, o un empleado dedicado al cumplimiento de determinada labor, la productividad es un criterio que le debería preocupar y que siempre debería destacar como primordial, independientemente del cargo que se ocupe. Llevamos años debatiendo sobre modelos y métodos sofisticados que lleven a aumentos significativos en este indicador, todo para que el talento humano mejore su rendimiento en el entorno laboral.

No obstante, se debe hacer una confesión importante. Hoy día, el recurso humano dentro de las compañías se ve fuertemente influenciado por el uso de aparatos electrónicos dentro del horario laboral. Aspecto que tiene efectos muy negativos sobre la productividad del trabajador, ya que genera distracciones de las actividades laborales que debería cumplir. De hecho, a todos nos ha pasado en algún momento.

Pero cuando de productividad se trata el tiempo es oro. La procrastinación nos ha llevado más de una vez a reemplazar las tareas habituales que debemos realizar, pero algunas personas no reconocen fácilmente sus efectos negativos, porque en nuestra sociedad la presencia de la tecnología en el diario vivir es, de por sí, una costumbre. Sin embargo, no es una excusa que se tome como válida y priorizar nuestras responsabilidades es importante, de cara a los retos laborales del día a día.

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Uno de los estudios más recientes llevados a cabo el año pasado por Adecco brinda un argumento para establecer que, en efecto, el uso de aparatos electrónicos (especialmente el celular) tiene sus consecuencias en una curva de productividad mucho más baja para los trabajadores. El informe reveló algunas de las tendencias que tienen los colombianos en cuanto al uso del celular en sus trabajos.

Como resultado, se obtuvo que el 11% de los encuestados revisaban su celular cada 10 minutos y un 26% lo revisa al menos cada hora. En paralelo a esto, el 19% de las personas encuestadas dijeron que el uso del celular personal en el trabajo resultaba ser muy importante, y un 31% lo consideró simplemente como importante. En su mayoría, lo usan para realizar llamadas telefónicas y el envío de mensajes de texto.

Pero cuando se entra a analizar la verdadera interacción con el internet y el impacto que tiene esto sobre la productividad de la población, se encuentra que un 62% usa el internet en actividades de ocio. En otro estudio realizado a más de 1.200 personas, se identificó que de ese 62% que era adicto, el 85% usaba hasta dobles perfiles en sus redes sociales, lo cual les demandaba mucho tiempo de administración; la mayor parte de estas personas lo hacía para seguirle el rastro a ex parejas o parejas actuales, lo que refleja una gran inestabilidad e inseguridad para llevar las relaciones interpersonales actualmente, algo que nada tiene que ver con su desempeño laboral.

En sí, los encuestados que demostraron una fuerte dependencia al uso del celular y sus aplicaciones, registraron un 25% de menores ingresos. La firma Sinnetic, para complementar, concluyó que no sólo caían los ingresos sino la productividad: en los estudiantes, el rendimiento escolar caía un 8% y en los trabajadores la improductividad laboral era de un 25%.

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Aunque sabemos que el uso de aparatos electrónicos, como el celular, en horarios laborales no es causal de despido, sus efectos en los trabajadores pueden contribuir a una causal de despido por justa causa. Todo lo que el trabajador deja de hacer, se traduce en pérdidas financieras para la empresa en forma de una menor producción, plazos perdidos y horas extra de trabajo.

Al respecto, las empresas tienen la importante tarea de establecer reglas claras para todos sus trabajadores, restringiendo el uso de este tipo de tecnología en horarios laborales. Si bien, en ocasiones, suplen necesidades de urgencia, debe ponerse sobre la mesa que sólo deben responderse llamadas de emergencia, ponerlo en silencio y restringir el uso de internet y de redes sociales, si esto no hace parte de las labores del trabajador. Todo esto enmarcado en un a política de negociación y no de imposición de violación de derechos del trabajador.

Puede, incluso, ahorrarse incapacidades por el síndrome del cuello de texto. Aunque no parezca, es un término médico que hace referencia al padecimiento que afecta los músculos del cuello, cabeza y hombros por la posición que se adopta al revisar constantemente el celular; es decir, la inclinación hacia adelante que constituye un peso que debe soportar los músculos del cuello, ejerciendo a su vez una fuerte presión sobre la columna vertebral. Cuando se pasa mucho tiempo revisando el móvil, esta es la posición natural y dañina que se toma.

Ya bastante se ha dicho sobre la repercusión que tiene la adicción a estas tecnologías sobre las mismas relaciones sociales. Si sigue sin creerlo, tome en consideración los efectos que estas tienen sobre su productividad laboral y su salud. Cuando la tecnología ejerce como distractor constante de la realidad, ya es un problema; especialmente, en las generaciones más jóvenes que se ven aún más influenciadas por esta nueva y descontrolada era tecnológica.

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