Opinión

  • | 2018/12/23 08:42

    Tener o no una estrategia

    Cuando comenzamos un negocio, ¿debemos contar con un plan de acción?

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El término estrategia ha estado siempre en la escena tanto para los grandes jugadores como para aquellos que se inician. Es igualmente considerado como lo máximo para todo tipo de labor gerencial y en distintos ámbitos ejerce gran influencia en la ejecución de muchas personas y compañías.

Esta expresión puede definirse de muchas maneras, como un plan en el sentido de tener una orientación o una guía hacia el futuro, un patrón o forma coherente de comportarse a través del tiempo, una posición o ubicación de una oferta en un determinado mercado, una perspectiva validando las intenciones acordes con la visión, o finalmente como una estratagema o maniobra para burlar a los rivales dentro de una industria.

No existe sin embargo una definición comúnmente aceptada y muchos se cuestionan acerca de si es importante tener o no una en el desarrollo de un emprendimiento, cualquiera que él sea.

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Se puede decir incluso que no existe acuerdo en cuanto a su descripción y alcance. Algunos mencionan que si una estrategia establece una dirección en cuanto a fijar el rumbo de una empresa, esto genera como ventaja el poder ser coherentes en el manejo del entorno que se vive pero también proporciona como desventaja el no advertir ciertos peligros que se tienen en el camino.

Otros afirman que es provechosa puesto que permite concentrar esfuerzos y coordinar todas las tareas para un determinado logro pero puede tener como inconveniente el que podamos perder la visión periférica del negocio y no considerar alternativas en nuestra gestión.

Algunos consideran que ella da sentido a los individuos que trabajan para una organización y ello trae beneficios como encontrarle significado al esfuerzo colectivo pero simultáneamente esto puede llegar a “estereotipar” la concepción que los empleados tienen de la misma.

En último lugar alguien puede estimar que brinda consistencia y orden al esfuerzo empresarial y reduce la ambigüedad facilitando las actividades, no obstante esto puede limitar la creatividad del personal.

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En todos los casos una entidad funciona mejor cuando cuenta con unos procesos claros y una dirección, por lo menos durante cierto periodo de tiempo, y es capaz de ir gestionando todo lo que sucede en el ambiente que la rodea y ante lo cambiante del mismo puede ir aprovechando las oportunidades que se le presentan. En cierta forma se trata es de que el gerente, empresario o emprendedor pueda ir combinando de manera creativa y reflexiva tanto la estabilidad como el cambio al que hace frente y que reconozca la importancia de la estrategia, bien sea por su ausencia o por su presencia, dentro de su gestión cotidiana.

Varios de los recientes emprendedores o creadores de “start-ups” tan en boga hoy en día a nivel mundial, en su afán por llegar al mercado, se inclinan por la primera estrategia plausible que identifican y no tienen ni capacidad de reacción ante adversarios superiores, ni mucho menos la idoneidad para plantear una oferta diferenciadora y ganadora que les permita una buena participación puesto que se sienten apresurados en comercializarla.

Estudiosos del tema (Gans, Scott & Stern, 2018) consideran que todas aquellas nuevas empresas pueden mejorar sus posibilidades de éxito en la medida en que tomen decisiones significativas en cuatro áreas importantes: sus clientes (el mercado), la tecnología, los competidores (la industria) y la identidad ligada a su cultura y sus capacidades.

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Teniendo muy presente las anteriores determinaciones, podrán seguir una estrategia que se alinee muy estrechamente con los valores y motivaciones de sus fundadores y que esta se encuentre articulada con alguna de las opciones de: colaborar o competir (respecto a los actuales jugadores dentro de su industria), o bien construir un nicho especifico o insertarse en una cadena de valor existente.

De todas maneras siempre será importante seguir un plan de acción que sea creativo, flexible, reflexivo y diferenciador y disponer de un marco coherente para elegir y actuar en consecuencia. Culminemos un 2018 e iniciemos un 2019 de manera congruente y los resultados que esperamos de nuestros esfuerzos seguramente se darán.

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