Opinión

  • | 2018/01/28 00:01

    También me acosaron

    Comentarios prejuiciosos, acciones malintencionadas y quejas que no eran escuchadas, también son parte de estas historias que no hacen sentido en las organizaciones.

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Desde que los famosos decidieron contar sus desgracias sexuales en público y acusar a diestra y siniestra a sus agresores, se ha vuelto un tema de un ruido extremo cualquier tipo de acusación sobre acoso.

Este es un momento de hacer un alto en el camino y entender también que no se puede acusar a nadie de ningún crimen por la simple sospecha. Hay normalmente tantos intereses alrededor de las decisiones de cualquier grupo humano que en ocasiones se pueden desvirtuar las cosas cuando ha habido no una agresión sino una realidad consensuada.

Es obvio que robar es robar, matar es matar, mentir es mentir, entre otras. Nadie puede estar un poco embarazada. Hay cosas que no admiten interpretación, las cosas son sí o son no. Pero veo que en el tema de acoso, no solo sexual sino laboral, hay mucho camino por recorrer con la lectura a veces un poco extrema.

En el pasado conocí un caso de una mujer que trabajaba en el equipo de soporte de una empresa. La verdad su desempeño no era bueno y rayaba bastante con la mediocridad. Paralelamente ella empezó a flirtear con su jefe. Juegos de palabras de insinuaciones, fotos y algunas invitaciones que por supuesto no eran correctas, terminaron en una demanda al jefe por acoso.

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Posterior a una demanda, el empleado no puede ser despedido. Tiene un tiempo de protección ya que hay que hacer la investigación pertinente. En este caso se investigaron las pruebas y fue evidente que no había acoso sino un total consenso y por tanto no podía en realidad despedir al jefe. Sin embargo, la carrera del “agresor” se vio súper golpeada, no tuvo la promoción que tenía lista y al poco tiempo tuvo que cambiar de empresa. Y la supuesta agredida siguió trabajando con su mal desempeño.

Conocí otro caso también donde empleados con buenos conocimientos técnicos pero muy malas habilidades gerenciales cometían errores recurrentes y no aceptaban sus falencias. Cuando su jefe les exigía por razones obvias un mejor cumplimiento y responsabilidad se enojaban y con algo de mentalidad paranoide (o ventajosa) decidieron que el jefe los perseguía y pusieron una denuncia interna por acoso laboral. Después de una investigación tal acoso no pudo probarse ya que no era persecución sino exigencia… con el paso del tiempo tratemos de adivinar quién siguió en la organización y a quién sacaron por “conflictivo y maltratador”.

También conozco el caso contrario. Una mujer muy joven, divorciada y con un hijo a la que su jefe le decía cosas y proponía asuntos inapropiados. Hacían chistes pesados delante de ella, daban mensajes de doble sentido y aunque ella no respondía, el asunto persistía. Algún día decidió poner la queja en el área de Recursos Humanos y no fue escuchada. Solo le dijeron que no tenía pruebas y que un “piropo” era solo eso, seguido de un comentario “deberías ponerte seria y decirle”. Ella lo intentó, ella le dijo, pero la verdad es que no la escuchaban porque el poder lo tenía el jefe, era joven y además necesitaba su salario. Eso sí es abuso.

Y como estos conozco muchos más. Comentarios prejuiciosos, acciones malintencionadas y quejas que no eran escuchadas también son parte de estas historias que no hacen sentido en las organizaciones.

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Por algún amarillismo muy humano nos importa más quién fue el culpable, quién fue el agredido, los datos inquisitivos de conductas que no deben darse. Nos importa más terminar con la reputación de personas y ojalá dar nuestros juicios y pontificar sobre lo que es malo y bueno. Al final los hechos inapropiados e indignantes no importan tanto como el hecho de ver caras de presuntos agresores y acabar con la gente sin saber a veces si es culpable o inocente.

La justicia pareciera ser todo lo que “a mí me parece” que debió hacerse. Mucho cuidado a los líderes de organizaciones en tomar decisiones prejuiciosas sin ser objetivos. No hay culpables hasta que se demuestre lo contrario. Ya he escuchado de varias mujeres decir es que “a mí también me acosaron”… ¿cuál es la vara para medir que es acoso? Solo vale la pena pensarlo bien porque cada historia siempre tiene dos versiones. Líderes justos y objetivos menos dueños del poder de un juez.

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