Opinión

  • | 2018/06/10 00:01

    Sobre los prejuicios y otras grandezas

    Los prejuicios pueden ser de muchos tipos; género, nacionalidad, políticos, de educación, profesión, clase social hasta de lingüística y orientación sexual, entre otros. No podemos negar que existen y están ahí en el mundo para ser mal usados en el diario vivir.

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Naveguemos por el delgado río del concepto de lo subjetivo. Su descripción es “que hace juicios de valor dejándose llevar por los sentimientos”. Ese sentir que todos llevamos dentro está basado en las creencias, en las experiencias propias y por supuesto en los conceptos pre armados en la mente de cada quien.

Es imposible entonces que no haya prejuicios. Los hay conscientes e inconscientes. Tratemos de imaginar que la buena fe sigue existiendo y por tanto nadie tiene prejuicios con la intención de hacerle daño al otro.

Los prejuicios pueden ser de muchos tipos; género, nacionalidad, políticos, de educación, profesión, clase social, hasta de lingüística y orientación sexual, entre otros. No podemos negar que existen y están ahí en el mundo para ser mal usados en el diario vivir.

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En términos de liderazgo hay que manejar los sesgos como si no fuéramos humanos. Porque el llamado de un buen líder está en ser objetivo, imparcial y muy estándar en sus pensamientos y opiniones sobre la gente. Sin juicios de valor, sin cargas emocionales. Difícil porque básicamente un líder es un ser humano, con imperfecciones prejuicios y otras grandezas.

Teniendo en cuenta entonces que está es una realidad y que vivimos en un mundo así, ¿dónde encontrar la fórmula mágica para dejar de tenerlos? Primero que todo hay que hacer conciencia. Entender nuestras limitaciones y buscar soluciones posibles para encontrar mayor objetividad. Pero pensar en que “yo” no soy prejuicioso es absolutamente traído de los cabellos.

Encuentro varios sesgos  que tenemos tristemente en nuestros países de Latinoamérica. El clasismo. Dado que la repartición del ingreso es tan desigual y la pobreza tan grande, se crea una especie de burguesía de suerte, los que tienen casi el futuro asegurado son aquellos que nacieron con la cuna más fina, sin importar mucho si los talentos están o no allí. Es un mundo donde la plata compra todo y el que no tiene plata es un ser humano de segunda.

Aunque hay muchos más, también observo que los prejuicios muchas veces están llenos de una doble moral que anda viva en la sociedad. Me siento capaz de juzgar a los demás de manera negativa y ponerles etiquetas porque se visten de una u otra forma, porque tienen tatuajes, porque piensan diferente o porque se enamoran de la persona equivocada. ¿Equivocada para el juzgado? ¿Equivocada para el que juzga?

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Es evidente que desde la corporación, el mundo solo es un reflejo de un micro mundo con otros elementos, pero al final el espejo de lo que se ve en la sociedad. Muchas veces juzgamos nuestro propio ‘yo’ que vemos en otro. Por ejemplo, si soy muy arrollador puedo decir que no me gusta X o Y persona porque es demasiado extrovertido.

Lo más importante al final en todos nuestros procesos sociales termina siendo la conciencia y abrazar con tolerancia la diversidad. Si hacemos consciente nuestro proceso personal de juicios hacia otros, es evidente que en algún momento vamos a neutralizar toda esta carga personal hacia los demás.

Los líderes buenos, de esos que no se ven mucho, pero se ven, entienden sus limitaciones como humanos. Guardan la arrogancia en un cajón y piden ayuda si sienten que se están sesgando.

Tratemos de armar organizaciones más positivas, menos impositivas, con espíritus grandes que crean realmente en que la gente es distinta. Empecemos por cosas básicas, no prejuzguemos por apariencias, no opinemos de los demás sin conocer, no critiquemos las acciones de los otros y no creamos que después de mi verdad no hay nada.

El primer paso es hacerlo consciente. Entender que no soy perfecto. Escuchar más a los que no piensan igual que yo y ser empático. ¿Qué tal uno más? Los que tenemos hijos, enseñemos la conexión natural que todos tenemos como seres humanos en el mismo universo que compartimos. Que los prejuicios no me hagan dejar de compartir el mundo y vivir aquí y ahora disfrutando el pedazo del todo que se me ha dado de regalo.

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