Opinión

  • | 2018/01/16 00:01

    ¿Sirve para algo estudiar comunicación social?

    Vale la pena formarse en cualquier campo del conocimiento y estudiar por el placer de aprender. Sin embargo, la elección de vida podría contemplar la realidad del mercado.

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Fueron comunicadores sociales los que prendieron la polémica. Ricardo Quevedo tuiteo presentándose como Youtuber ‘el nuevo estudio comunicación social’, mientras que Néstor Morales aseguró que ‘estudiar comunicación social no servía para nada’. Enfoquémonos en una limitadísima visión para aportar un nuevo enfoque a la discusión, la de quienes estudian comunicación porque quieren ejercer como periodistas y hacer plata. Estos dos elementos tendrían incidencia negativa en el mercado laboral y los salarios.

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Aunque no todas las experiencias son exitosas, un abogado tendría, por ejemplo, más herramientas para ser periodista judicial que un comunicador. La lógica sería similar en líneas que demanden habilidades específicas. Biólogos e ingenieros estarían en la misma lista. De aquí se desprende el primer elemento: los comunicadores compiten con otros profesionales para ejercer el periodismo.

Inconformes insinuarán que esta es una costumbre criolla. El nuevo director de The New York Times, A. G. Sulzberger, los refutaría con un pasaje del saludo a sus lectores: “continuaremos infundiendo nuestro periodismo con experiencia haciendo que los abogados cubran la ley, los médicos la salud y los veteranos la guerra”.

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Un segundo elemento viene del mismo negocio. Radio, prensa y televisión conviven en un veloz ecosistema digital, compitiendo allí por la pauta publicitaria, su principal fuente de ingresos. Esta generación de consumidores tiene otras opciones de entretenimiento que no existían hace 20 años, como Netflix o Spotify, y acude a las redes sociales para buscar contenidos. Los anunciantes se dieron cuenta de la menor demanda por medios tradicionales, de la existencia de canales alternativos para socializar sus productos (piense en un YouTuber) y del poder de Google y Facebook.

Los resultados son palpables. Según estadísticas de Asomedios, en Colombia la pauta registró una caída cercana al 10% en 2016. En otras latitudes el drama es peor. Que la principal fuente de ingresos tenga una caída de ese tamaño, quiere decir que la ganancia neta del negocio se está reduciendo, en algunos casos más del 50%. Y el porvenir no pinta mejor.

Son dos las consecuencias de menores márgenes de utilidad. La primera es el cierre, como lo hizo el Grupo Zeta de España con las revistas ‘Interviú’ y ‘Tiempo’. Otra opción es ajustar costos, incluyendo salarios de los que generan contenidos.

Algunos sugerirán que los medios no son la única alternativa laboral de un comunicador. Complementemos esa perspectiva. Una caída de ofertas de empleo en medios de comunicación, desplazaría trabajadores hacia perfiles de comunicación organizacional o estrategia, al ser este un mercado y tener mayor disponibilidad de trabajadores, los salarios podrían disminuir.

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¿Y entonces?

Más que desincentivar el estudio de esa carrera, la invitación es a conocer los riesgos de la elección, teniendo presente la obligación de adaptarse a un mercado que migró a lo digital. No sería extraño que, en un futuro próximo, un criterio para la renovación o vinculación laboral de un comunicador, incluyendo al jefe de prensa de una firma, sea el número de seguidores en redes sociales.

Como quiera que sea el desenlace, los tiempos que vienen no serán fáciles. Por eso, pese a que vale la pena estudiar comunicación o cualquier otra área del conocimiento, haga cuentas antes de escoger camino.

Adenda: en la era digital cada profesión enfrenta desafíos. Watson, por ejemplo, la supercomputadora de IBM, es capaz de procesar toda la información disponible de un tema, generando mejores diagnósticos de los que ofrece un oncólogo o un economista.

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