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Opinión

  • | 2019/08/24 08:01

    Sin freno y sin impulso

    Los datos revelados por el Dane sobre el crecimiento del PIB del segundo trimestre confirman que la meta de 3,6 % de expansión del Gobierno no se cumplirá.

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A pesar de los datos que se van conociendo sobre la salud de la economía en general y de la situación fiscal, permanece el mensaje desde el ejecutivo que la economía se expandirá a tasas mayores en contraste de los pronósticos de los principales analistas y centros de pensamiento que calculan que al final del año la economía habrá crecido en torno al 3 %, en ese grupo de “pesimistas” estan Anif, Fedesarrollo, el Banco de la República y varias instituciones financieras. 

No se trata de que los análisis busquen ponerle un palo en la rueda al optimismo del Gobierno, más bien de lo que se trata es que vale la pena sincerarse sobre la realidad de las cifras y sus expectativas, porque de lo contrario, cuando la realidad demuestre que el optimismo estaba parado en agua y que lo esperado no llegará, la reacción de la economía puede ser un frenazo en la inversión y una caída de la producción con consecuencias negativas en el empleo y por supuesto el crecimiento.  Además, la sinceridad sobre la situación permite dos cosas. Una, tomar medidas para cambiar la situación y mitigar el impacto negativo de decisiones inadecuadas del pasado. Dos, evitar la pérdida de credibilidad de la política económica del Gobierno y su verdadera capacidad para materializar objetivos.

Viendo las cifras de segundo semestre, la economía no tiene impulso, aunque tampoco está frenada, pero los riesgos persisten tanto en el entorno internacional, como desde el interior del país. Afuera, la guerra comercial entre China y Estados Unidos ya ha desacelerado la actividad de las dos primeras economías del mundo. En Europa, Alemania, tuvo una contracción del 0,1% y Reino Unido continuará estancado hasta que no solucione su salida, con o sin acuerdo de la Unión Europea. Para el crecimiento de nuestra economía ambas situaciones representan lastres, la razón es que, si la dinámica de las mencionadas economías disminuye, los precios de las materias primas caen, y las exportaciones nacionales están prácticamente ancladas al carbón, el petróleo, y el café, si se agrega el ferroníquel y las esmeraldas, esos productos básicos responden por el 70 % de los ingresos por exportaciones.

Dentro del país hay varias señales que vienen avisando de una disminución de la actividad económica, por ejemplo en lo que va del año, la actividad manufacturera hasta junio ha logrado expandirse solo 1,7 %, minas y canteras si bien se expande 3,2 % se necesita que crezca mucho más para cumplir con las expectativas, mientras que la construcción se ha contraído 2,4 % a pesar de que las obras de infraestructura han empezado a reportar el avance de las obras mostrando un crecimiento elevado de las obras civiles, pero no así de la construcción de viviendas que permanece estancada y con elevados inventarios sin vender. Hace poco uno de los empresarios del sector manifestó públicamente que el sector vivienda atraviesa por una recesión. 

Los sectores que van bien son el comercio que creció 4,4 % pero eso podría revertirse si la confianza del consumidor continua en terreno negativo, el dato reportado para julio de –5,1% mostró que todavía los hogares se mantienen reacios a la compra de bienes durables y a la inversión de vivienda, así que se corre el riesgo de que el buen desempeño del comercio se malogre en los meses restantes del año, una situación que se puede materializar si la posible reforma pensional y laboral que tramitará el Gobierno, implica un deterioro de las condiciones laborales o de ingresos de las personas.

Finalmente en el frente fiscal el presupuesto de $271 billones para 2020 presentado por el Gobierno se encuentra desfinanciado en $8 billones, eso sin contar las congelaciones presupuestales de este año que ascienden a casi otros $10 billones, entonces el empuje que pueda dar el gasto del Estado a la economía luce insuficiente, más aún si los objetivos de inversión continúan anclados a la posibilidad de que el Gobierno pueda usar ingresos extraordinarios por la venta de activos al Fondes o que encuentre otros espacios fiscales fruto de aplazar la amortización de la deuda que debe pagarse en mitad del 2020.

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