Opinión

  • | 2019/07/09 00:01

    ¿Se puede estar en casa en Colombia?

    Lo que uno siente como hogar no necesariamente debe ser un mismo sitio toda la vida. Este tema reúne nostalgias, apegos y tradiciones para los que están lejos o cerca, pero por encima de todo, el tema toca la construcción de la identidad. ¿Puede uno ver a Colombia como su verdadero hogar?

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En el país de las contradicciones, quizá no resulta extraño vernos abrazándonos por un gol y luego matándonos por miradas negativas, cierres abruptos manejando, malentendidos, etc. La explicación es y no es compleja, pues parte de tanta emoción y agresividad, pero se deja descubrir con un estudio muy profundo de “una nación a pesar de sí misma”, en palabras de Bushnell. 

En la esencia del hogar y de lo que entendemos como familia existe idealmente la sensación de la seguridad y control. Para el psicólogo y profesor Frank McAndrew, el concepto de hogar va más allá de la casa y el sitio físico. Se trata de un lugar predecible y seguro en donde la persona tiene control del espacio y el tiempo. En una encuesta hecha en Francia en 2010, el 80 % de los participantes sostuvieron que querían terminar sus días en casa, no en un hospital.

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Pensando en este estudio, Agata Zielinski nos dice que el hogar es un sitio paradójico, pues es un refugio seguro que a su vez trae riesgos, mientras que también se materializa en la expresión personal y la libertad. Si uno reflexiona e imagina el hogar personal, o como dicen los franceses, el domicilio, todo esto tiene sentido. Pero, cuando esta idea se expande a un barrio, un pueblo, una ciudad y un país, las metáforas se vuelven menos inteligibles y las contradicciones algo más curiosas.

En alemán hay una dicotomía interesante entre Heimweh (el dolor o nostalgia de estar lejos de casa) y Fernweh (el dolor, nostalgia y a veces desespero de no estar lejos de casa). El famoso concepto de Heimweh, también conocido como morbus helveticus o enfermedad suiza, apareció en el campo de la medicina en el siglo XVII en una tesis sobre las consecuencias de la nostalgia. De hecho, no es extraño encontrarse con simposios y congresos interdisciplinarios sobre el tema. 

Esto se acopla bien con lo que nos cuenta Zielinski, pues el hogar termina volviéndose un espacio de construcción de identidad, cosa que también sucede cuando se está lejos de él. Con esto en mente, me surge la pregunta sobre aquello que significa que Colombia pueda ser interpretado como un hogar (aquí también entra otra discusión compleja sobre lo que es ‘patria’). Ni la seguridad, ni la verdadera libertad y mucho menos la naturaleza predecible se confabulan en pro de una estática y a la vez dinámica existencia en este país. Y, sin embargo, con una diáspora del 10% de la población, Colombia funge como hogar en la psicología de millones de personas, dejando abierta la pregunta: ¿qué significa estar en casa?

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Parte de la respuesta puede estar en que la definición nuestra de hogar se acople no a un lugar, sino a un imaginario en donde se encuentra la familia: un bastión de seguridad en lugares en donde cunden los peligros. Quizá sea un concepto de hogar conformista el que vive en las múltiples mentalidades colombianas, pues así haya peligros, corrupción, ineficiencia extrema, etc., sigue siendo supuestamente “un buen vividero”. Quizá sea un residual porque sencillamente no hay más opciones de hogar, siendo lo único que se conoce. 

Las contradicciones que trae Colombia terminan haciendo del hogar personal y familiar el verdadero foco de seguridad en un sitio tan inseguro y complejo, atomizando la identidad colectiva que solo existe en momentos fachada como los que traen los partidos de fútbol. Para ver a Colombia como un verdadero hogar, hace falta mucha cooperación y un poco menos de falsedades. Quizá así, el Heimweh colombiano que siente la diáspora cada vez encuentre más razones legítimas y menos idealismos ingenuos.

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