Opinión

  • | 2018/04/28 00:01

    Roberto Arias Pérez: ejemplo de grandeza y carácter

    Decía John F. Kennedy que “la grandeza de un hombre está en relación directa a la evidencia de su fuerza moral”.

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Muchas horas pasaron frente a la hoja en blanco, intentando verbalizar una avalancha de sentimientos, recuerdos, emociones y sobre todo de profunda gratitud por la vida de Roberto Arias Pérez, ese gran colombiano que, con su fuerza moral, logró iluminar, de maneras insospechadas, la vida y el devenir de miles de familias colombianas y de miles de compatriotas que – como yo – tuvimos el privilegio de ser beneficiarios directos de la existencia de ese hombre grande, pleno de fuerza moral y de carácter,  cuyo caminar firme y bienintencionado dejó siempre a su paso huellas indelebles de verdad, de bondad y de humanismo.

No solamente reconozco en él al Rosarista, al Bachiller en Filosofía y Letras y al Doctor en Jurisprudencia, al joven alcalde de Girardot, al profesor de español en Paris, al estudiante de relaciones internacionales y derecho comparado en Europa, al diplomático, al hombre de las ONG´s y de la UNESCO que conoció de primera mano la vulnerabilidad y la pobreza en más de 70 países del mundo. No sólo reconozco, por supuesto, al fundador y promotor del modelo de compensación familiar a través de Colsubsidio, uno de los modelos más revolucionarios del mundo para el desarrollo y dignificación de los trabajadores con una enorme trascendencia en el bienestar social de las familias colombianas. No sólo reconozco al Rector y Colegial Honorario de mi querido claustro Rosarista, quien logró modernizar y actualizar a una Universidad que requería, en ese momento histórico específico, un impulso de eficiencia administrativa y académica, quien procuró una mayor y mejor participación estudiantil en el gobierno universitario como ha sido siempre el espíritu del fundador y quien libró una batalla a muerte contra la mediocridad con las armas de las letras, los argumentos y el Carácter, ese Carácter (con mayúscula) que la sabiduría popular define como la motivación interna para hacer lo correcto, cueste lo que cueste.

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Reconozco en Roberto Arias Pérez también, y sobre todo, al ser humano. A ese ser humano que, con un enorme gesto de humanidad, de generosidad y de grandeza dispuso todos los recursos que fueran necesarios de la entidad que presidía para que este hijo de un profesor del colegio de Colsubsidio, con apenas poco más de un año de edad, pudiera sobrevivir a una grave dificultad de salud. Reconozco en él, a ese Rector cuya elegancia, inteligencia e imponencia, marcaron uno de los primeros y más importantes recuerdos de mi vida, que me une radical, inevitablemente y para siempre al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, y por supuesto, al maestro que muchos años después de ese recuerdo valoró y reconoció la elección de su discípulo como Consiliario, parte del máximo órgano de gobierno de la Universidad.

Reconozco al amigo que durante horas de conversación me inspiró y me animó a asumir la gerencia de la Responsabilidad Social Empresarial de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia- ANDI, la misma casa en la que, muchos años antes, nació también el visionario modelo de compensación familiar que él mismo fundó.

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Reconozco al amigo y al benefactor de una familia que profesa gratitud y amistad auténticas por él, por su maravillosa esposa Doña Gloria Nieto, por su hija Gloria, por sus nietos Gloria, Hernando y Felipe,  sus bisnietos y sus familias.   No dejaré nunca de recordar de mi infancia, con profundo afecto, aquellas veladas y conversaciones extraordinarias en casa, que nos emocionaban y honraban a mis padres, a mis hermanos y a mí.  No dejaré nunca de recordar el honor que tuve de compartir con él un panel de expertos en responsabilidad social empresarial (21 de septiembre de 2007). Ese día, al entregarle el uso de la palabra,  el Doctor Arias Pérez agradece al profesor Víctor Hugo Malagón: “con quien somos amigos desde incluso antes de que él naciera”.  

Bien decía Lionel Hampton: “La gratitud es cuando el recuerdo se almacena en el corazón y no en la mente”.

Pero sobre todo reconozco y recuerdo al gran hombre, al gran colombiano, al gran líder, a ese líder cuyo testimonio de vida y de palabra nos ayuda a superar la idea errónea de liderazgo vertical y egocéntrico, y nos permite quedarnos con un ejemplo de sencillez y de humanidad, que fundamentalmente sugiere servicio, impacto positivo en los otros, desarrollo personal, visión, motivación e impulso de la gente, entusiasmo y optimismo, superación de la adversidad, excelencia, exigencia, valores, equipo, solidaridad, compromiso con el otro…

Roberto Arias Pérez encarnó, sin duda, la idea que su maestro Don Agustín Nieto Caballero tenía de una persona “Mayor” “…se es una persona Mayor cuando se hace propia la cultura, cuando el trato con los libros crea una disciplina del espíritu, cuando se piensa y se obra recta y coherentemente, cuando la lealtad, el decoro personal y la integridad se aprecian aún más que la sabiduría o el poder…”


Paz en la tumba del maestro, del amigo, del gran colombiano, del indudable ejemplo de persona Mayor. 

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