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Opinión

  • | 2018/10/24 00:01

    Razón tiene el Sr. Kleyn, pero no toda…

    El Sr. Kleyn afirma que “El Estado destina cuantiosos recursos directamente a la construcción y mantenimiento de vías.” Para ser franco, no tengo ni idea de en dónde gasta esa plata.

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En reciente artículo en Portafolio, (oct. 8/18), el director de la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, Louis Kleyn, hace una firme defensa de los peajes en Colombia: “…la muy limitada disponibilidad en las finanzas públicas implica que sea indispensable tener mejores y más abundantes fuentes de financiación por parte de bancos privados nacionales e internacionales y grandes fondos de inversión…Los peajes constituyen una piedra angular del programa 4G. Son un instrumento esencial para la obtención de financiación para la construcción y mantenimiento de las carreteras. Los peajes los pagan quienes, efectivamente, usan la vía, y esto los hace, en principio, justos y equitativos.”

Añade el Sr. Kleyn, y en esto tambien tiene razón, que “Se puede también cobrar peaje a las motos, las cuales curiosamente están exentas totalmente del pago y las cuales, por supuesto, se benefician de las carreteras de alta especificación y mantenimiento; así como de los servicios de ambulancia y grúa. Dado que en muchos peajes los motociclistas realizan hasta dos tercios de los pasos, si estos pagaran un importe equivalente a una tercera o cuarta parte de lo que se cobra a un automóvil, la tarifa para todas las demás categorías de vehículos podría reducirse significativamente, para obtener el mismo recaudo total, limitando así este inusitado subsidio. Esto se lograría modificando la Ley 787 de 2002.”

El Sr. Kleyn no tiene toda la razón porque en Colombia se ha abusado de los peajes en materia grave. El primer abuso es que en prácticamente en todo el mundo, los peajes son una alternativa, no la única opción como ocurre en Colombia. Un segundo abuso es cobrar peajes por obras que sencillamente, o no se están construyendo; o que se piensan adelantar en un futuro incierto; o que están en proceso de mejora y adecuación.

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El Estado abusa del usuario cuando en estos tres anteriores ejemplos lo obliga a pagar peaje. El tercer atropello es cobrar peaje por carreteras de segunda y tercera categoría, de un solo carril de ida y vuelta. Aquí se cobra peaje en vías que en Europa dificilmente serían catalogadas como carreteables.

Por el contrario, los peajes en Estados Unidos y Europa casi exclusivamente se cobran por transitar en vías de dos, tres o cuatro carriles en cada sentido. Un cuarto abuso es la frecuencia o asiduidad de los peajes. Aún en aquellos trayectos en la planicie (sin montañas, ni puentes, ni túneles) los peajes se sitúan tan cercanos los unos a los otros que el usuario difícilmente tiene tiempo de guardar la billetera.

Finalmente, solo ahora el Estado contempla la posibilidad de cobro electrónico de los peajes, una tecnología que lleva cerca de cuarenta años en funcionamiento. (Se supone que cuando los atrasos en los peajes son de determinados minutos o kilómetros, es obligatorio hacer fluir el tráfico levantando el cobro de dichos peajes. ¡Mentiras! En Colombia, en los retornos festivos, el usuario debe soportar demoras de varias horas en muchos peajes.)

El Sr. Kleyn afirma que “El Estado destina cuantiosos recursos directamente a la construcción y mantenimiento de vías.” Para ser franco, no tengo ni idea de en dónde gasta esa plata. Las pocas carreteras transitables en Colombia son de peaje, lo que hace que el trasporte terrestre, de carga y pasajeros, pueda ser uno de los más costosos del mundo.

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En lo que sí el Sr. Kleyn tiene mucha razón, es cuando afirma que es el usuario de las vías el que debe pagar por ellas. Por eso es que se debe imponer que el impuesto a la gasolina - y aquellos tributos y tasas que gravan a los vehículos de todo tipo - se destinen exclusivamente a mejorar las vías.

Leyendo el artículo del Sr. Kleyn se da uno cuenta de la grotesca equivocación que han cometido los gobiernos de los útimos ochenta años en abandonar los ferrocarriles en Colombia. Con excepción del carbón, prácticamente la totalidad de la carga del país se moviliza es por carretera. Con sobrada razón tenemos uno de los peores sistemas viales del mundo: construirlo y mantenerlo devora muy buena parte de los escasos recursos de que disponemos para el trasporte.

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