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Opinión

  • | 2020/03/05 00:02

    ¿Qué puede aprender Caquetá de Medellín para mejorar su imagen y marca territorial?

    Yo era uno de los muchos colombianos que con gran ignorancia relacionaba la palabra Caquetá con violencia, guerrilla, terrorismo y peligro. En un segundo plano quedaban la naturaleza, la bella de los paisajes y la selva.

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De hecho, debo aceptar que en mi imaginario era muy difícil pensar en cuáles eran los rasgos característicos de un caqueteño, cómo era su acento o su temperamento. De igual manera, si alguien me hubiese pedido en aquel entonces que nombrara al menos cuatro municipios del departamento, con seguridad solamente le hubiese atinado a Florencia y San Vicente del Caguán; ¿por qué?, por una parte, porque logré memorizarme las capitales de los departamentos de Colombia cuando estaba en el colegio y, por otra, porque San Vicente del Caguán ha sido el municipio más nombrado por RCN y Caracol desde que era niño (ya se podrán imaginar cuál es el tipo de noticias que exponen estos medios de comunicación). 

Fue apenas hace cuatro años que escuché los nombres de Belén de los Andaquíes, El Doncello, Morelia, La Montañita, Yurayaco, San José del Fragua, Puerto Rico, Cartagena del Chairá, Paujil, Albania, Milán, Solita, Valparaíso, Curillo o Solano. Fue en aquel entonces que, por primera vez, visité el territorio y lo que otrora estaba en segundo plano (naturaleza, selva), se potenció con otros adjetivos positivos que han venido minimizando los estigmas que estaban incrustados en mi mente, debido a la sesgada costumbre mediática de contar solamente lo negativo, e invisibilizar lo positivo. 

Hoy en día, cuando el 50 % de mi vida transcurre en Caquetá y el otro 50 % en Bogotá, mi imaginario sobre el departamento es muy diferente al que era cuando lo desconocía. Esto, gracias a las experiencias, personas y a las oportunidades que día a día veo en el territorio. 

Cada vez que regreso a Bogotá y hablo con alguien que tiene una imagen negativa de Caquetá, comprendo por qué este imaginario persiste, qué han dejado de hacer los caqueteños y qué podríamos hacer todos (caqueteños y enmaniguados), para contribuir a cambiar la percepción que tiene nuestra región y, con ello, dejar de manera paulatina los prejuicios y estigmas que poco bien le hacen a este gran departamento que me cobijó. 

A continuación voy a exponer cinco estrategias de sencilla implementación que podemos llevar a cabo para construir una marca territorial caqueteña, de la cual todos nos sintamos orgullosos y que nos permita cambiar el imaginario que los colombianos han construido sobre nuestra región. Lo haré haciendo el símil con el caso de Medellín (ciudad que siempre va a estar entre mis favoritas):

Cinco estrategias que los caqueteños pueden aprender de Medellín 

La primera vez que visité Medellín fue cuando tenía 31 años. Antes de ello, Medellín era para mí, al igual que para muchos colombianos, símbolo de sicariato y narcotráfico. Hoy en día visito la ciudad con mucha alegría y cada vez que le pregunto a un colombiano qué se le viene a la cabeza cuando escucha el nombre de la ciudad, surgen palabras como: Innovación, tecnología, moda y progreso. 

¿Cómo logró Medellín dejar atrás el estigma de los años 90 y construir una percepción positiva desde el año 2010 hasta la fecha?

Lo primero, fue que el sector público, privado y la ciudadanía se enfocaron en definir una identidad alternativa, a parte de la que ya los caracteriza (perrenque, “echar pa´lante”, entradores, etc.). La base de ellos fue el análisis de las fortalezas y oportunidades que tiene su territorio pero, en especial, las de su gente: creatividad, innovación y sofistificación. Esto les permitió cambiar la narrativa estigmatizadora del narcotráfico, primero entre ellos mismos, y luego hacia los demás colombianos e incluso extranjeros. 

Esto nunca hubiese sido posible sin la existencia de un elemento adicional: el orgullo propio y colectivo. Una persona en Medellín camina con la cabeza en alto, es amable, sonríe, es colaboradora, transmite y contagia energía. Se siente orgullosa de haber nacido en su ciudad y lo cuenta sin tapujos. Esto me sorprende positivamente y lo contrasto con lo que alguna vez alguien me dijo por el Edificio Curiplaya en Florencia cuando le pregunté por su carro: “Mi carro tiene placa de Bogotá porque si le pusiera la de Florencia nunca lo vendería, se me desvaloriza al instante...”. Sentir vergüenza o pena regional es algo que dejaron atrás los paisas y es el fundamento que explica por qué hoy por hoy la ciudad sonríe a través de los rostros de sus transeúntes.

Asimismo, resalto en particular el sentido de colectividad que se respira en el ambiente medellinense. Ya han sido varias las veces en las cuales hablo con un taxista, una vendedora de algún comercio, una persona en una oficina, un estudiante o incluso con habitantes de la calle y encuentro una constante: en Medellín se habla bien del vecino. Cuando esto sucede el espíritu de solidaridad florece y se crea un apego por la ciudad que es compartido por locales y foráneos. Esta es la esencia y el poder del voz a voz: cuando todos adoptamos lenguajes positivos sobre los vecinos y el territorio, la experiencia de quien lo visita se vuelve más placentera y el efecto de réplica de mensajes amables se multiplican fuera de la región.

Por otra parte, los medios de comunicación locales y regionales realizaron un trabajo que perdura a la fecha, y que consiste en la exposición de noticias esperanzadoras, positivas, constructivas y progresistas sobre la ciudad, que han hecho del consumo de información por parte de los ciudadanos, un insumo poderoso para transformar los imaginarios. Este ejercicio ha resultado en que medios de comunicación nacionales e incluso internacionales, adopten posiciones similares y contribuyan a la creación de una nueva narrativa. Ojo, con esto no estoy queriendo decir que los medios de comunicación y la ciudadanía pretendan tapar el sol con una sola mano, esconder sus problemas y alejarse de la crítica constructiva. Lo que quiero resaltar es la importancia de visibilizar lo bueno que ocurre en el territorio y no enfocarse únicamente en el rating que dejan las malas noticias. 

De igual manera, es clave ver cómo la marca de la ciudad y de la región se ha potenciado a partir de la promoción de la economía local, por medio de la inversión privada de sus emprendedores, así como de la inversión pública. Medellín es una ciudad pujante donde se respira emprendimiento sostenible y de impacto en cada esquina, y en donde el consumo de los productos locales dinamiza su desarrollo económico. Así, vemos ejemplos en todo nivel: por ejemplo, percibir  a Medellín como la ciudad de la moda, gracias a la institucionalización de eventos en este tema, hacen que las personas dentro y fuera de la ciudad, la asocien con palabras como estética, estilo y sofistificación. ¿Qué tal si en Caquetá institucionalizamos la temática de la conservación por medio de eventos y escenarios de impacto mundial alrededor del turismo de naturaleza o la agroforestería?

Finalmente, la inversión pública. En Medellín se han invertido recursos poderosos en transformar la cara de la ciudad. Tener metrocable, darle color a las comunas, embellecer las calles y fortalecer las alianzas con el sector privado, han sido hechos que han contribuido a merecer el título de la Ciudad Más Innovadora del Mundo en el 2013, por parte del Wall Street Journal, por encima de ciudades como Tel Aviv y Nueva York. En Caquetá existen muchas oportunidades de inversión público-privadas que, según veo, se están comprendiendo de manera estratégica y visionaria por parte del sector público. Recientemente participé en una sesión de la construcción del Plan Departamental de Desarrollo, liderado por la Gobernación de Caquetá, y me esperanzó conocer que vías y turismo de naturaleza serán prioridad de esta administración. Quise constatar esta información y para ello me recorrí hace unos días los pasillos de la Vitrina Turística de Anato en Corferias. Escuchar a los emprendedores y a los empresarios del sector de turismo del departamento que se sienten respaldados por parte de la Gobernación, me hace pensar que vamos por el camino correcto si queremos darle una nueva cara al territorio. El compromiso del sector público con los emprendedores sostenibles no puede parar.

 En conclusión: solamente los caqueteños y aquellos que nos hemos enamorado del territorio podemos ser embajadores del mismo. Las pequeñas acciones suman (el voz a voz en positivo), las acciones constructivas suman (el aporte de los medios de comunicación), y las acciones transformacionales para impactar en el ámbito público suman (inversión en el desarrollo empresarial sostenible territorial). Hacerlo nos permitirá soñar con una Caquetá que todo colombiano querrá conocer, explorar y disfrutar.

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