Opinión

  • | 2018/06/10 00:01

    Preparándonos para los riesgos políticos

    Estamos ante un nuevo escenario de riesgos políticos en donde la seguridad ya no solamente significa seguridad, además los temas comerciales están más estrechamente relacionados con la política, y especialmente con la política de seguridad. ¿Cómo pueden las empresas gestionar mejor el riesgo político en este entorno?

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Hasta hace muy poco el riesgo político era relativamente fácil de explicar y entender, sus variables eran fácilmente identificables. Anteriormente, la mayor preocupación de empresas locales e internacionales sobre el impacto del riesgo político en sus operaciones se relacionaba con la probabilidad de enfrentarse a una nacionalización, por ejemplo, en manos de un dictador de un país con recursos mineroenergéticos.

Sin embargo, hoy en día los riesgos políticos provienen de una gama cada vez más diversa de agentes políticos estatales y no estatales: individuos usuarios de Twitter, organizaciones terroristas internacionales, hackers, insurgentes, oficiales de organismos multilaterales, funcionarios de gobiernos creando legislaciones y normas jurídicas que en lugar de reducir la incertidumbre la amplifican. Cada uno de estos empoderados agentes políticos puede operar desde cualquier parte del planeta; en las redes sociales, en la nube, en los barrios, en las iglesias, en los salones de clase, en los hogares, en las oficinas y en las calles. Las implicaciones de su acción política pueden tener el potencial de rápidamente afectar dinámicas globales. 

El mes pasado fue lanzado el libro “Political Risk: How Businesses and Organizations Can Anticipate Global Insecurity de Condoleezza Rice, secretaría de Estado de George W. Bush entre el 2005 y el 2009, en coautoría con Amy B. Zegart, codirectora del Centro de Seguridad Internacional Internacional y Cooperación de la Universidad de Stanford, quien además dirige el programa de seguridad cibernética. En este libro, Rice (quien cuenta con un PhD en estudios internacionales y fue profesora de ciencias políticas en la Universidad de Stanford) y Zegart establecen 3 megatendencias que están transformando el panorama del riesgo político: 

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  • Los cambios radicales desde el final de la Guerra Fría: en donde la seguridad ya no solamente significa seguridad, y los temas comerciales están más estrechamente relacionados con asuntos políticos y de política de seguridad.
  • Las innovaciones en las cadenas de suministro: esto no solamente puede significar eficiencias y generación de valor para las empresas; sino que también significa que las empresas son más vulnerables a que una acción política remota interrumpa la distribución de bienes y servicios a sus clientes. 
  • La revolución tecnológica: que no solo tiene implicaciones en las posibilidades de comercio digital, sino que también ha reducido los costos de acciones colectivas facilitando la unión y organización de personas con causas afines, incluso a través de grandes distancias.

Las autoras identifican cuatro competencias que se destacan en las empresas que manejan muy acertadamente el riesgo político.

  • Comprensión de los riesgos. Entender a profundidad la exposición de la empresa al riesgo político supone tener claridad del sector en dónde se opera, del horizonte de tiempo de las inversiones y desinversiones y de la visibilidad que se tiene ante los consumidores, ya que las industrias orientadas al consumidor son particularmente susceptibles al daño reputacional. 
  • Análisis de los riesgos. Contar con información rigurosa sobre los riesgos a que se enfrentan y sobre la vulnerabilidad de cada uno de los activos. Esto permite y requiere que se integre el análisis de los riesgos políticos en las decisiones estratégicas de la empresa. 
  • Mitigación de riesgos que no pueden eliminarse. Las autoras recomiendan tres estrategias: dispersar activos críticos (no poner todos los huevos en la misma canasta), crear capacidad de flexibilidad en la cadena de suministro, y trabajar colaborativamente en la industria para compartir evaluaciones de riesgo político y estrategias de mitigación.
  • Establecer una capacidad de respuesta. Diseñar una gestión eficaz de las crisis y el aprendizaje continuo.

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Rice y Zegart resaltan que una buena gestión de crisis se puede resumir en cinco pasos: evaluar la situación, activar un equipo de respuesta, liderar con valores, contar su historia (¡y ser sincero!) y no avivar las llamas. Además recomiendan tener en cuenta, que cada grupo de interés, agente y audiencia puede afectar a los demás, generando nuevos riesgos y empeorando la situación. Gestionar la dinámica entre los grupos de interés es esencial.

Por último, las autoras sugieren que las organizaciones más efectivas tienen tres grandes cosas en común: toman en serio el riesgo político, lo abordan de manera sistemática y con humildad, y lideran acciones desde la alta dirección para enfrentarlo.

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