Opinión

  • | 2018/05/06 00:01

    ¿Por qué no?

    Que la vida te deje ser más humano, quizás con menos plata, pero más alegre.

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Los prejuicios pueden llevarnos a cargar muy malas energías y a perder oportunidades increíbles de conocer cosas nuevas y en una empresa a caminar por el mundo de los pensamientos diferentes, las opiniones únicas y la innovación.

Cómo hacemos para que un equipo en una empresa piense de manera disruptiva si desde el primer día estamos diciéndole a los demás cómo pensar, cómo ser, cómo actuar. El ser humano piensa y actúa normalmente por modelos de afinidad relacional. Es decir, somos mejores personas, jefes y colegas con aquellos que se parecen a nosotros mismos o que complementan algunas falencias que nuestro ego tiene bien guardadas.

Si las organizaciones entendieran de raíz que hay que desechar los preconceptos, prejuicios y moralismos extremos, seguro se fluiría de una mejor manera y se obtendrían mejores resultados, con mayor productividad y eficiencia.

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En Colombia somos absolutamente prejuiciosos. No hablemos solo del tema de género, sino de estilos diferentes, de pensamientos distintos, de los títulos universitarios, de la preferencia sexual, de la religión, de la manera de vestirse y por supuesto algo que en Colombia pesa muchísimo, la plata y el estrato social.

Las organizaciones son micromundos de lo que pasa en un ambiente macro social. Por eso es muy difícil que una organización sea totalmente abierta y de manera genuina respete en su totalidad la diferencia. Tal vez las más jóvenes, las más pequeñas, pero aún así los códigos se establecen para que todo el mundo se estandarice. Es decir, si la moda es llegar en bicicleta y patines, el que llega en carro es un ridículo, solo poniendo un ejemplo pintoresco.

Hace poco tuve la alegría de dictar un taller en un lindo colegio femenino que me hizo una amable invitación. Estuve con más de 30 niñas entre los 14 y 17 años. Teniendo en cuenta que son niñas privilegiadas de un colegio bilingüe y de padres con suficientes recursos para pertenecer a los grupos más selectos, me llamó mucho la atención cuando les pregunté si ellas sienten que en la sociedad hay machismo. Todas me respondieron un contundente sí.

Una de ellas, me preguntó al final del taller, cómo podía ser feminista y defender los derechos de las mujeres sin que la gente la tildara de exagerada y activista. Es increíble que los adultos en vez de empoderarla y guiarla la juzguen de antemano. Le expliqué que el feminismo no es acabar con los hombres, sino compartir el mundo de manera igualitaria desde la feminidad. Ojalá mi respuesta haya sido útil.

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Es evidente que hace falta limpiarnos de tanto prejuicio. El poder por el poder no vale la pena tenerlo y la plata solo para beneficio propio menos. Obviamente vivir bien es buenísimo y Pambelé es un gurú cuando afirmaba que es mejor ser rico que pobre, pero qué pobreza tan grande sentirse poderoso y dueño de los juicios del mundo por tener más dinero.

La vida ha sido grande conmigo y he podido conocer gente tan distinta que hoy me lleno el corazón entendiendo que todos aportamos al universo desde nuestra restrictiva humanidad. Hoy admiro más a la gente que ama y escucha con atención, que a los que no dejan de mirar su celular.

Hay gente que no responde mails. Que su agenda es tan llena que no tiene espacio para un amigo. Que dan citas de 20 minutos porque “tengo reuniones cada media hora”; si se sienten bien así, está bien, pero mucho cuidado porque el poder, la fama, el dinero y los puestos corporativos son efímeros… así dures 30 años, un día tendrás que salir y tal vez ahí no te respondan mails, ni agendas, ni mensajes de Whatsapp.

¿Por qué no vivir más ahora?, ¿por qué no juzgar menos?, ¿por qué no tomar decisiones atrevidas? Un tatuaje después de los 40, un viaje improvisado, un startup de una idea de hace años, un perro nuevo, andar en bicicleta, ponerme jeans todos los días, conseguir un príncipe azul o la princesa de tus sueños que te valore el corazón.

Que la vida te deje ser más humano, quizás con menos plata pero más alegre. ¿Por qué no hacer lo que te dé la gana? A los 40 empiezas la segunda mitad de tu vida…entonces, ¿por qué no?

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