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Opinión

  • | 2018/07/23 00:01

    Peajes coléricos

    En el modelo de movilidad ha estado intrínseco el uso de peajes para adquirir el derecho de circular por las vías. Estos pagos, supuestamente, han de estar vinculados a las mejoras continuas de los estados de las vías. Sin embargo, su sobreutilización puede generar más daños que beneficios.

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Muchos de los automóviles que transitan por estos peajes desconocen los derechos a los que acceden una vez han pagado la tarifa. Por lo general, las personas reciben su tiquete y a duras penas rectifican el valor que se cobra, para después botarlo a la guantera o simplemente deshacerse de él. Lo que no saben todos es que cada uno de los concesionarios viales que manejan los peajes están obligados a cumplir con unos servicios básicos en cada uno de los usuarios que por allí transiten, en caso de una emergencia o necesidad.

Claros ejemplos pueden ser el servicio de grúa en caso de vararse, el servicio de ambulancia y hasta de carro o moto taller, para acudir a cualquier falla mecánica que presente un automóvil durante su trayecto por la carretera que cubre dicho peaje. En el mismo tiquete, que muchas veces refunden o botan intencionalmente, se encuentra el número de contacto para solicitar cualquiera de estos servicios.

Lo curioso es que, aunque puede existir una serie de limitadas ventajas sobre los peajes, en los usuarios persiste la inconformidad y el descontento con el rango de tarifas tan alto que pueden llegar a pagar. Y no es para menos. Por ahora, Colombia sigue manteniendo el tercer lugar, después de Uruguay y Perú, en el ranking de los peajes más caros de América Latina.

En promedio, en Colombia se paga un aproximado de $9.300, lo que corresponde a casi US$3,10, mientras que Uruguay y Perú pagan en promedio US$4 y US$3,5, respectivamente. Y esto solo hablando de las tarifas mínimas y sin tener en cuenta la discriminación por tipo de automóvil, modelos tarifarios que llevaron a que Colombia recaudara poco más de $3 billones por este concepto el año pasado.

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No obstante, si contrastamos los promedios regionales con los mundiales, en Europa se han ganado el trono al tener los peajes más caros, actual e históricamente. Por ejemplo, a inicios de 2010, Portugal implantó el peaje más caro del mundo a una de las autopistas que conectaba al país con España. La autopista denominada A28, llegó a tener para entonces una tarifa de cobro de 77 euros (casi $180.000 para la época) por un tramo de 76 km de recorrido; es decir, se cobraba casi $2.380 por kilómetro.

Sin embargo, Portugal ha sabido avanzar con ayuda de los telepeajes y redujo sustancialmente sus tarifas, aunque siguen siendo más elevadas en comparación con Colombia. Por ahora, España también entró en la disputa dado que el promedio de estos países inicia con rangos tarifarios desde los US$5,8.

Pero si nos centramos en el caso colombiano, de puertas para adentro no salimos bien librados. En total se ha estimado que a nivel nacional tenemos más de 140 peajes, en donde los departamentos con mayor número son Cundinamarca con 20, Antioquia con 13 y el Valle con 11.

Si enfocamos aún más nuestro análisis, según la tabla de costos de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), los viajes que tienen como origen o destino a Bogotá tienden a ser de los más costosos en el país. Por ejemplo, según la tabla de costos de la ANI, en el trayecto de Bogotá-Villavicencio, para un carro pequeño (categoría I), el número de peajes a pagar son 4 con una suma total de $48.900, en donde el peaje más costoso es el de Pipiral ($16.100). Pero si hablamos de un camión grande de 6 ejes (como los que transportan algunos conteiner - categoría V) la suma total a pagar asciende a $234.900. Es decir, un 80% más de lo que paga un vehículo categoría I.

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Y el costo aumenta mucho más si hablamos de trayectos como Bogotá-Popayán o Bogotá-Santa Marta, dado que son 11 peajes los que hay que pagar. Aunque si nos basamos en una comparación tan simple de la diferencia de pago por categoría de vehículos, los transportadores son los que adquieren las mayores pérdidas por transferencia de costos mucho mayores: de 2014 a hoy las tarifas han llegado a aumentar entre un 15% a un 20% para todas las categorías. 

Desafortunadamente, el sistema de peajes se ha convertido en el mecanismo más utilizado para financiar la infraestructura del país. Los otros dos mecanismos, el cobro por valorización y la plusvalía, se han vuelto casi obsoletos por ser, el primero muy asimétrico - ya que solo que cobra en sectores con capacidad de pago, lo cual sectoriza también la infraestructura novedosa - y el segundo poco aplicado ya que tiende a presentarse en las ciudades capitales.

Los peajes más caros, por ahora, son el de Pipiral y los de la Autopista al Mar 1 (Palmitas y San Cristóbal en el departamento de Antioquia). Sin embargo, estos no siempre son la respuesta para intentar elevar el recaudo. Falta validar la verdadera eficiencia de su gestión, para evitar los onerosos costos y la congestión vehicular que muchas veces ocasionan, y continuar el estudio de aplicación de otros mecanismos para diversificar estos ingresos.

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