Opinión

  • | 2015/10/25 05:00

    Y tú… ¿trabajas en una empresa sana o tóxica?

    Si encuentra estrés, rumores negativos, incertidumbre, talentos frustrados y ausencia de oportunidades, déjeme decirle que está en la propia cultura tóxica. Más le vale salir corriendo o empezar un rápido proceso de cambio.

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“No te amarres a quienes no se alegran con tus éxitos” Bernardo Stamateas

El riesgo más grande que tienen las personas dentro de una organización es aceptar que no tienen mejor alternativa que permanecer en una compañía insensible a su gente, que no se interesa por sus motivaciones y tal vez ni siquiera conocen sus expectativas laborales y mucho menos las personales. No es una afirmación fatalista pues tras revisar y recopilar una breve muestra de diálogos de varias personas de diversas compañías las menos desmotivantes son:

- “Doy todo por mi empresa, pero no encuentro perspectivas a futuro”
- “Me siento desmoralizado dentro de mi organización”
- “Creo que estoy perdiendo mi tiempo”
- “Me siento enfermo por causa de mi trabajo”
- “Mi empresa no tiene ni alma y mucho menos corazón”


Y aquí lanzaré la frase de moda: clima tóxico. Término que predomina actualmente en ciertas compañías, donde el factor común obedece a personas atemorizadas, apáticas, tensas en ambientes cien por ciento infructuosos. Estas empresas son expertas aspiradoras emocionales, aplanadoras de talentos, perforadoras de autoestima y reproductoras de suplicios. Donde se crean ambientes de resignación hacia un futuro mejor y temor al crecimiento profesional.

Si encuentra estrés, rumores negativos, incertidumbre, talentos frustrados y ausencia de oportunidades, déjeme decirle que está en la propia cultura tóxica; más le vale salir corriendo o empezar un rápido proceso de cambio. Y lamento ser tan negativo, pero las empresas que invierten en el desarrollo de competencias y potencialización de su gente, donde predomina el respeto y la motivación, son la excepción a la regla.

Y lo digo con conocimiento de causa, porque como mencioné al inicio, el factor común en las conversaciones con las personas es el negativismo frente a su lugar de trabajo.

En mi opinión, son empresas desorientadas en la gestión del talento y de poca influencia estratégica, que demuestran una escasa visión de negocios y falta de preocupación por el logro real de la estrategia empresarial.  

¿Cuáles pueden ser los resultados de una cultura tóxica? Sencillo, restringir en el acceso a la inteligencia individual y colectiva, limitar el poder de decisión y de acción de los empleados, imposibilitar el ingreso de nuevas ideas,  motivar la desconfianza y anular el potencial de los futuros líderes organizacionales. En resumidas cuentas, una cultura renuente al cambio, personal trivial y cero condiciones de crecimiento.

En estas empresas, prevalecen los jefes que estando centrados en los detalles de la operación, permanecen ajenos e indiferentes a factores, como el de evolucionar modelos de negocio o la generación de mercados que ayuden al crecimiento económico actual.

En cambio, las empresas que son conscientes del valor de las personas, que cuentan con líderes emocionalmente inteligentes, que apoyan el desarrollo de talentos y que ofrecen oportunidades para expresar capacidades, conocimientos y competencias, son las que realmente motivan a su gente y que incentivan a dar lo mejor, siendo estos los mejores aliados para alcanzar una visión retadora y con propósitos conjuntos e individuales.

La realidad es que aun abundan las empresas donde la satisfacción de los accionistas es totalmente opuesta al compromiso de su gente, pues siguen preocupadas por la urgencia de una dinámica operativa, con carencias en la interpretación de la estrategia y pésimas técnicas de comunicación de la misma. Estas organizaciones viven bajo la sombra de éxitos del pasado, del miedo y de la terquedad, una sombra que impedirá el futuro éxito.

La miopía estratégica de estas paquidérmicas empresas, será el blanco perfecto para ser destruidas por clientes más inquisitivos, mejor informados, usando tecnología, con mayor influencia en el mercado y con una autosuficiencia devastadora.  

Es decir, empresas que gestionen a las personas con respeto a sus diferencias individuales, que promuevan oportunidades de desarrollo profesional, que inviertan en el desarrollo de las competencias y capacidades de su gente, que faciliten condiciones que generen bienestar, felicidad y compromiso,  que contribuyan a la construcción de culturas organizativas, que fomenten el crecimiento de las personas e inviertan en iniciativas con propósito, serán las causantes de la destrucción masiva de los ambientes tóxicos y creadoras de verdaderas estrategias de negocio.

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