Opinión

  • | 2018/03/01 00:01

    Nuevo peso, más que tres ceros menos

    Sería mucho mejor si aprovechamos y adoptamos el nombre de nuevo peso con cambios en la manera que usamos el efectivo en Colombia.

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Según Héctor Abad, García Márquez alguna vez apuntó que por subjetivo que se crea, todo nombre se parece en algún modo a quien lo lleva. Tal vez la discusión sobre la eliminación de los tres ceros en la moneda colombiana debe dirigirse a eso: que el nuevo nombre del peso sirva para darle otras características y usos al efectivo en Colombia.

El peso colombiano goza de buena reputación gracias a la responsable política monetaria que hemos tenido desde 1991, cuando la Constitución le dio a los colombianos un Banco de la República independiente. No obstante, la propuesta de eliminar tres ceros del peso nos permitiría sumar esfuerzos para atacar el alto flujo de efectivo de la economía criminal, el cual es una problemática estructural del país.

No se puede abusar al pronosticar los efectos de una medida como la propuesta recientemente por el Fiscal General, Néstor Humberto Martínez. Esto va tanto para los impactos positivos como para los negativos.

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Por el lado positivo, sin duda, tendría un efecto en disminución de los costos de transacción asociados a llevar cuentas con números tan largos como los actuales. Adicionalmente, y lo más importante, es que enfrentaríamos directamente las altas sumas de efectivo que tienen orígenes ilegales y que probablemente tendrían dificultades para ser cambiadas por los nuevos billetes.

En cuanto a los puntos negativos de la medida, en experiencias internacionales de procesos similares se han visto dos tipos de impactos. El primero asociados a los cambios en sistemas y papelería de las contabilidades de las empresas o  los ajustes de precios de menús y en el segundo grupo están los costos que son asumidos por el Estado y que tienen que ver con la logística de cambiar los billetes.

Por otra parte, hay quienes esgrimen que puede haber movimientos en la tasa de cambio o inflación de la economía colombiana después de la adopción de la medida. Para eso se debe decir que eso sería un cambio meramente nominal, el  cual no tiene efectos en las variables reales de la economía, es decir en el empleo, producto o balanza comercial. En el caso que haya ajustes en variables como tasa de cambio o inflación, sería una cuestión eminentemente temporal.

Luce evidente que los costos no son tan grandes como los beneficios. Incluso, si el único aspecto positivo fuera luchar contra la economía criminal y la ilegalidad, que no es el caso. En cuanto a las preocupaciones sobre el costo en que incurriría el Estado, vale la pena señalar que los tres ceros ya fueron cambiados por la palabra mil en la nueva familia de billetes, eso disminuye costos y facilitaría la transición.  

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No obstante, la eliminación de los ceros debe ser un oportunidad para dar discusiones alrededor del uso del efectivo en el país. Es innegable que tenemos grandes problemas por resolver en ese frente. Por ejemplo, en Colombia 9 de cada 10 transacciones se hacen en efectivo,  tenemos un impuesto a las transacciones financieras conocido como cuatro por mil que es supremamente nocivo y no hay ningún tipo de restricción al uso de grandes sumas en efectivo para operaciones comerciales.

Por supuesto que una economía con altas tasas de informalidad y retos en inclusión financiera como nuestro país es un caldo de cultivo para el sobreuso del efectivo. Pero este último también es el germen perfecto para la compra de votos, actos de corrupción e ingreso de los criminales a la economía. Como le escuché alguna vez a un ex presidente de un banco colombiano: la corrupción o compra de votos no se hacen con tarjetas de crédito o transferencias bancarias, se pagan con billetes.

Ojalá la eliminación de los tres ceros del peso sea una realidad y no vuelva a ser simplemente un debate más, porque este se ha dado en varios ocasiones. Sin embargo, sería mucho mejor si aprovechamos y adoptamos el nombre de nuevo peso con cambios en la manera que usamos el efectivo en Colombia. Por ejemplo, que el próximo gobierno tome decisiones para ajustar el cuatro por mil, disminuir el sobreuso del efectivo y promover el uso de medios de pagos electrónicos.

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