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Opinión

  • | 2020/04/17 00:01

    No nos digamos mentiras

    La sola expedición de normas y anuncios sobre alivios financieros sin que exista claridad sobre la forma y tiempos para retomar la vida productiva del país, solo aumentan la incertidumbre de empresas y familias. Un análisis de Andrés Jiménez.

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Esta situación también genera espacio para que se camuflen capitales de dudosa procedencia y se integren silenciosamente a la economía. 

El Decreto de Ley 560 de 2020, que estableció medidas transitorias en procesos de insolvencia, es el equivalente a la ampliación de unidades de cuidados intensivos para las empresas. La suspensión de la causal de liquidación por pérdidas del Código de Comercio durante 24 meses y el término para subsanarla, es el respirador artificial que probablemente ya están necesitando muchas de ellas. 

No nos digamos mentiras, que después de que acabe la cuarentena ni se va a ir el coronavirus, ni habrá vacuna, ni se van a poder conservar todos los puestos de trabajo. Es inmenso el esfuerzo económico, legal y logístico que han puesto en marcha las autoridades nacionales y territoriales, pero “apagar la economía” como llamarían algunos tiene un costo, un costo que de continuar la situación actual ni con las mejores intenciones o cadenas de solidaridad el Estado está en capacidad de pagar.  

Con un impacto mucho mayor sobre sus sistemas de salud, números de vidas perdidas, daño sobre sus economías y a pesar de tener chequeras más grandes, países como Alemania, Austria, Francia, Estados Unidos, España entre otros, han asumido que el coronavirus no se va a ir en el corto plazo, sino que tienen que aprender a vivir con él. Entendieron que el riesgo sistémico y el efecto dominó sobre el resto de la sociedad debe ser atendido rápidamente antes de que sea demasiado tarde.

Estados Unidos a pesar de aprobar un histórico rescate hace unas semanas, perdió 22 millones de trabajos en un solo mes. Otros países con redes de seguridad mucho más robustas siguen el mismo patrón. En estos lugares la discusión ha migrado a cuándo y de qué forma retomar actividades con las medidas sanitarias y de distanciamiento social para evitar mayores afectaciones al tejido social y empresarial. 

No nos digamos mentiras. ¿Estamos pensando que en Colombia no va a ser igual? 

La falta de claridad sobre el plan para retomar actividades económicas tiene paralizada la liquidez puesta a disposición del sistema financiero. Si bien se han extendido las garantías por parte del Gobierno no se puede pretender que en nombre de la solidaridad las empresas que se endeuden si no saben cuándo ni cómo pueden volver a operar, tampoco es claro para los bancos cómo medir el riesgo de crédito si nadie sabe cuándo esos deudores podrán volver a trabajar. 

El optimismo no debe excluir el ser realistas, y la realidad es que mientras algunos privilegiados están encerrados muertos del miedo discutiendo por Zoom, los empresarios siguen con dificultades para sobrevivir y otros con menos opciones están a gritos en las calles pidiendo soluciones para poder llevar algo de comer a sus casas.  

Para algunos políticos es muy rentable seguir atacando a los que ya pagan impuestos, pidiéndoles que no despidan gente y que sigan pagando los salarios pues al fin y al cabo ellos, los políticos, no son los que se van a quebrar. 

También es muy fácil para los “influenciadores” de Twitter criticar la actitud de los empresarios, pues no es lo mismo producir tuits para 100.000 seguidores que generar empleo y tener que responder por miles de trabajadores. Algunos de ellos inclusive critican las millonarias donaciones, pero desde sus orillas no aportan ni dinero ni soluciones. 

No nos digamos mentiras, esta es la tormenta perfecta para que capitales de origen dudoso y pendientes de ser legalizados ingresen al flujo de la economía formal. Como toda crisis es una oportunidad, esta no será desaprovechada por la economía criminal. 

Estos capitales no exigen plan de negocio, estudio de riesgo, ni garantía gubernamental y las miles de empresas en dificultades que hay día tras día no serán presa difícil para financiar. 

Ni qué decir de los que apoyándose en el miedo de la gente montan fraudes y esquemas fraudulentos de comercialización de medicamentos e insumos para protección personal. 

A su turno, las angustiadas personas que no tienen acceso al sector financiero o ayudas del Gobierno, terminarán acudiendo a mecanismos como el gota gota con las consecuencias de no pago ampliamente documentadas en el pasado. 

No nos digamos mentiras, se hace urgente un plan concreto para retornar a ciertos niveles de actividad económica, pues esperar que la tormenta pase a punta de ayudas y mercados, no será suficiente para que no estalle una bomba económica y social. Es hora de pasar de modo crisis a modo reconstrucción. 

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