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Opinión

  • | 2020/03/02 00:01

    ¿Negociando a escondidas con Japón?

    En febrero de este año habría tenido lugar en Bogotá una nueva ronda de negociación del TLC con Japón, la cual no se hizo pública, se realizó a puerta cerrada y no se tiene balance de sus resultados. De hecho, en la web del Ministerio de Comercio no aparecen informes oficiales y el ‘link’ de las presentaciones del equipo negociador se muestra como “Enlace No Disponible”.

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Duque prometió en campaña que no habría más tratados de libre comercio y que pondría aranceles para proteger a los confeccionistas locales. Ambas promesas se incumplieron y ahora se aprestan a suscribir un nuevo acuerdo que lesionaría aún más el comercio exterior del país. En 2019 el déficit cerró en USD 10.769 millones, con un incremento de 52,9 %. 

Con Japón, históricamente las relaciones comerciales han sido deficitarias para Colombia. En la última década las pérdidas para Colombia acumulan USD 7.992 millones, como consecuencia de las relaciones asimétricas que se tienen con el país nipón. El 78,3 % de lo que Colombia les vende es café, carbón y flores, mientras el 45,4 % de lo que les compra es automóviles, hierro, acero y neumáticos. Es obvio -entonces- que con materias primas no se consiguen los recursos suficientes para comprar manufacturas. 

Esta situación se empeorará si se suscribe dicho TLC. En lo que se conoce de la negociación secreta, Colombia no tiene ninguna oferta exportable industrial atractiva y lo que podría vender en agro - diferente a flores y café- Japón lo ha restringido. De la negociación excluyeron azúcar, chocolates y leche. En el mejor de los casos, ofrecerían un contingente de 10 a 20 toneladas como en el caso de carne de res, cerdo y quesos semimadurados, en que vale más el transporte que el producto. A cambio, Japón ha exigido liberalización total e inmediata en vehículos, autopartes y acero, que acabaría con lo que sobrevive de la industria nacional. 

A pesar de la evidencia, de las pérdidas, de la catástrofe productiva y laboral que sufre el país, expresada en descontento y movilizaciones, el Gobierno insiste en un esquema económico fallido, con graves repercusiones para el futuro de la Nación. No es sensato seguir sometiendo a las empresas colombianas a una competencia asimétrica, desleal e injusta, menos con negociaciones secretas como las que se estarían adelantando con Japón. El Gobierno no puede seguir actuando con la lógica de que lo mejor para el desarrollo es arrojar a su suerte a las empresas y sus empleados, obligándolos a enfrentarse en un campo en donde Colombia ocupa el puesto 57 en competitividad y Japón el 6. 

Japón no llegó a este lugar en el concierto global a punta de liberalización y corrupción, sino como resultado de inversiones públicas, estrategias de desarrollo empresarial, estímulo y protección a su producción. De la misma forma, Colombia no se volverá más competitiva si la creación de riqueza foránea elimina las posibilidades de aumento de riqueza nacional.

Un ejemplo de ello es el interés de las multinacionales extranjeras de flores para que se firme el acuerdo, a cambio de sus beneficios particulares que valen menos que las pérdidas totales del país. Sería más rentable hacer una ‘vaca’ y pagarles los aranceles. Esta situación coincide con lo expresado recientemente por el nobel de economía Angus Deaton: “Al menos en retrospectiva, no sorprende que el libre mercado, o al menos los mercados libres donde el Gobierno permite la captación de rentas por parte de los ricos, no dan como resultado la igualdad, sino una élite extractiva”. Hay que impedir a esta élite y a Duque que firmen otro pésimo negocio.

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