Opinión

  • | 2018/06/29 00:01

    Nadando en coca

    Esperemos que el presidente Duque pueda romper la tendencia de crecimiento de los cultivos ilícitos, que logre acabar con la dosis personal y haga una reingeniería del campo para que el agro sea industria.

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Esta semana salió el dato de las hectáreas cultivadas de coca en Colombia y, por quinto año consecutivo, estos cultivos siguen aumentando. A cierre del 2017 había 209.000 hectáreas de coca; definitivamente este es el lunar más grande que deja el gobierno Santos para la posteridad. Aunque existen diferentes teorías y razones de este aumento, la mía es que combatir este flagelo era incompatible con la firma del proceso de paz y por eso se hicieron los de la vista gorda para lograr el acuerdo.

Este aumento de cultivos de coca pone al cultivo ilegal entre los productos agrícolas que más producimos en un país en donde hablamos mucho del fomento de la agricultura y del modelo de campo que debemos tener. Creo que, para verdaderamente generar riqueza en el campo, debemos mejorar la infraestructura vial, tener créditos a la medida de cada cultivo y a tasas de interés competitivas, pero, sobre todo, fomentar los cultivos en los cuales podemos ser eficientes y competitivos junto con la innovación y la tecnología que debe llegar a nuestro campo. Además, la otra herramienta necesaria para los campesinos es la comercialización porque no pueden depender de las mafias de los intermediarios que se quedan con el mayor margen y el menor riesgo.

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Mucho se dice que los países consumidores de droga no la combaten lo suficiente y que nosotros somos los que ponemos los muertos etc., pues les cuento que hoy en día somos también consumidores y unos importantes. Desde la aprobación de la dosis mínima, prácticamente cada uno de los más de mil municipios colombianos tiene su jíbaro o expendedor de droga, que no puede ser judicializado y que como cualquier capitalista busca ampliar su mercado; lo más fácil, venderle a nuestra juventud en frente de los colegios. Yo soy un convencido que se debe prohibir la dosis mínima porque nuestros niños están en riesgo.

El próximo gobierno tendrá un reto muy grande, disminuir el área sembrada. Para esto la aspersión aérea es fundamental, esto ha sido lo único que ha funcionado y el gobierno Uribe bajó los cultivos a mínimo histórico así. Ahora hablan de drones no tripulados y de orugas, pero creo eso es una mala mentira -otra cortina de humo-. Los cultivos están en sitios alejados donde la ley del más fuerte impera, no creo que los drones y orugas prosperen. Pueden quedar arrumados como los camiones de basura de la administración Petro en Bogotá.

No solo la coacción o la aspersión son suficientes, la educación es una herramienta vital para la disminución del consumo local y no dar rienda suelta a la permisividad que se ha venido dando entre nuestros jóvenes. Debemos concientizarlos que la droga es mala y que sus consecuencias son brutales.

Vale la pena hablar también sobre el nuevo auge que se le está dando a la marihuana, primero con fines medicinales o terapéuticos, pero también tenemos personas interesadas en aprobar su consumo recreativo. Dios nos libre de esto. Hoy en día ya vemos a jóvenes consumiendo droga en los parques “sanándose y mejorándose”. Los parques deberían ser más de esparcimiento y de deporte que de vicio.

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Esas épocas donde los recogedores de café viajaban de región en región llegando a los municipios en cosecha, -como en la telenovela “Café”- son historia. Hoy en día estos recogedores por lo general están en el vicio y hacen sus labores embalados. El problema social de la droga es muy grave.

Esperemos que el presidente Duque pueda romper la tendencia de crecimiento de los cultivos ilícitos, que logre acabar con la dosis personal y haga una reingeniería del campo para que el agro sea industria y que por cuenta de eso nuestro campo (que hoy se está envejeciendo) se convierta en una alternativa para los jóvenes y los inversionistas. El modelo ya está inventado; Brasil, Canadá y Estados Unidos lo tienen claro. Esto nos alejaría cada día más del modelo progresista, del minifundio, los subsidios y de reformas agrarias politiqueras que propenden por la autosuficiencia alimentaria mientras generan todo lo contrario.

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