Opinión

  • | 2017/07/02 00:01

    Mi mala experiencia con Despegar

    Si bien es cierto las plataformas digitales y las compras por internet son una realidad, también es cierto que han tomado un poco por sorpresa a los consumidores.

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Son promesas y promesas que se ven día a día en internet, cremas que quitan las arrugas y evitan cirugías, cursos de automotivación, como superar la pérdida de la pareja en las manos de Paulo Coelho, entre otras.

La mayoría de los consumidores (los que tienen más dinero para gastar) son mayores de 36 años, es decir no son 100% generación digital. Tienen el poder del consumo pero no confían del todo en las compras por internet y al final creo que pueden tener razón a veces.

Es claro que existen sitios muy seguros para compras globales tipo Amazon pero creo que las ventas por Internet no se las han terminado de inventar. Si la transacción sale bien, es perfecto porque nadie dice nada, todos felices, pero si sale mal pierde seguro el consumidor.

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Hace poco tuve una experiencia fatal con Despegar.com. Compré un tiquete para mi hijo de 14 años para viajar a Londres a visitar a su hermano mayor. Nadie me dijo que un menor de edad no podía comprar un vuelo con conexión. Nadie me hizo una advertencia, solo preguntan si la persona que compra el tiquete es mayor de 12 años, lo consideran un adulto y ya.

Cómo sería mi sorpresa cuando llegué al counter de United Airlines a las 6 am y una señora muy amable pero con cara de preocupación me dice: su hijo no puede viajar, intentamos avisarle pero solo tenemos un teléfono en Miami y no responden. Guardé la calma, no sé cómo, y le pregunté con el mejor tono que pude a qué teléfono habían llamado. Para mi sorpresa, es el número que está en la página web de Despegar.com.

La aerolínea se dio cuenta de la falta de información, se dio cuenta de que quien viajaba era un niño sin compañía de un adulto, pero Despegar.com no lo notó, no dijo nada, no avisó y ni siquiera contestó el teléfono ante las llamadas.

¿En qué termina mi historia? Se imaginarán que simplemente llamé a Despegar, donde me leyeron un libreto diciendo: “¡ay qué lastima! Entendemos pero si eso dice la aerolínea no podemos hacer nada”. Acto seguido me preguntaron si cancelaba el tiquete ya, pues faltaban dos horas para que perdiera todo el dinero en efectivo.

Obviamente ante la inminencia de la situación dije que sí, a lo que me responden que tengo una multa de US$240, un cargo administrativo de US$25 y que el dinero que se pueda reembolsar, ¡me llega entre 90 y 120 días!. ¿Hay derecho? Adicionalmente tuve que comprar un tiquete de vuelo directo que dada la fecha me costó el doble de lo que me había costado el original.

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La pregunta es, ¿esto a quién le importa?, ¿dónde me puedo quejar? No sé si la letra chiquita de los términos y condiciones lo diga, pero como sea, el servicio fue pésimo y por su culpa perdí mucho dinero.

En otra página, una amiga compró una crema que se veía excelente. Solo había que pagar los gastos de envío que eran US$18. Así lo hizo para su súper prueba. Un mes después le cargaron a la tarjeta US$200, porque en alguna parte del pedido dice: “luego de un mes se le cargará automáticamente su nueva crema con renovación sin fecha establecida”, ¡qué abuso!

Creo que hay que ser muy cuidadosos con las compras a través de internet, muchas veces creemos como los niños pequeños que si está en internet es absolutamente seguro y la verdad ya tengo mis serias dudas. Porque no veo quién responde y con quién me quejo. Hay que leer tres veces antes de comprar y ver bien la letra chiquita, ya que muchos vendedores en línea abusan de su poder, que por supuesto va en una vía después del pago. Reflexión de mi pobre bolsillo abusado por las segurísimas páginas de internet.

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