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Opinión

  • | 2020/08/24 00:01

    Metodologías ágiles

    Ante diversos cambios disruptivos, lo importante para cualquier organización es tener una planificación confiable para saber afrontarlos. Allí, las metodologías ágiles contienen principios vitales que pueden servir a sectores ajenos a la tecnología en su búsqueda por adaptarse.

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Continuar con los modelos convencionales de gestión del trabajo no es lo más conveniente hoy día. Ya no hablamos únicamente de cómo la disrupción tecnológica se tomó todos los sectores y la necesidad de adaptarse a ella, sino que toda la situación actual de la pandemia nos ha obligado a buscar nuevas formas de hacer las cosas, buscando no solo hacerlas mejor, sino de una forma más eficiente y segura.

Teniendo en cuenta estos dos aspectos que nos han obligado a pensar más allá, algo realmente cuestionable es cómo hacer para alcanzar un objetivo como ese. Ya que los modelos tradicionales no dan la solución ahora, la respuesta a hacer las cosas de una nueva y mejor forma, con los mínimos errores o costos  asociados, podría estar en una metodología que transformará la manera de gestionar los proyectos.

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Si bien no es la solución a todo, las metodologías ágiles llegaron a transformar las organizaciones. Derivadas del entorno de la ingeniería de software y basadas en una concepción un tanto iterativa y hasta incremental para el desarrollo de proyectos, estas se comenzaron a implementar en otros sectores dados sus múltiples beneficios.

Por definición, las metodologías ágiles permiten adaptar la forma de trabajo a las condiciones de determinado proyecto, dando flexibilidad y una mayor eficiencia a la hora de responder a las circunstancias que le va presentando su entorno. En tiempos de crisis y alta incertidumbre, estas metodologías parecen dar respuesta a la gran problemática a la que se enfrentan miles de organizaciones ante la dificultad de dar respuesta a tan difícil contexto.

Y aunque no es el contexto sobre el cual nos hubiera gustado prosperar, es el contexto que tenemos. Las cuestiones ahora deben formularse entorno a cómo ser más productivos aprovechando la innovación y la revolución digital, con nuestro panorama actual. Para ello, las metodologías ágiles son utilizadas por diferentes sectores para organizar, priorizar y buscar la colaboración entre los miembros de un equipo o hasta de una organización.

No obstante, todos los principios están consagrados en el Manifiesto Ágil. Un manifiesto sintetizado a inicios del milenio que recopiló las mejores prácticas de las mejores compañías de software del momento; allí se definieron ideas claras sobre la mejora en la gestión de los equipos de trabajo bajo valores fundamentales para facilitar el trabajo colaborativo. Y, a pesar de que ha pasado tanto tiempo desde que se promulgó, no pierde la vigencia.

Sus principios se resumen en individuos e interacciones más que procesos y herramientas, software que funcione más que documentación exhaustiva, colaboración con el cliente más que negociación de contratos, y responder al cambio más que el seguimiento de un plan.

Podría decirse que las empresas que ya tenían implementadas alternativas como el teletrabajo sufrieron menos, porque ya contaban con la tecnología, metodologías y procesos adecuados para llevar su operación desde casa. Muchas han logrado adaptarse y hacer una transición en tiempo récord para sacar su operación adelante, con un mayor foco hacia las personas, bien sea como recursos humanos o como clientes. Este podría ser un resumido y empírico caso de aplicación de sus principios.

Dentro de los estudios que ha realizado los dos últimos años el Project Management Institute (PMI), a través de publicaciones como el Pulso of the Profession, se ha evidenciado que más del 70% de las organizaciones a nivel mundial están usando alguna metodología ágil, de manera frecuente. Dentro de estas, la que más destaca es Scrum.

Scrum es una metodología ágil y flexible que gestiona el desarrollo de software y pretende maximizar la eficiencia de un proyecto. Su propuesta se basa en la división del trabajo a partir de iteraciones, es decir, fases con objetivos y actividades específicas. Lo interesante es que estas iteraciones o entregables no superan un mes, por lo que se ven los resultados en menor tiempo. Asimismo, mantiene una reunión diaria de sincronización del equipo para facilitar la comunicación y la colaboración entre los miembros de un equipo.

Según la escuela de administración y dirección de empresas MIT Sloan, ser una empresa ágil produce un 30% más de beneficios y una toma de decisiones un 37% más rápida. Una combinación que parece ser necesaria en épocas de crisis.

Aunque son conceptos que provienen y se alinean mucho más con proyectos de software, hoy día encontramos equipos Scrum en el sector bancario, servicios, desarrollo de productos, marketing y hasta proyectos sociales. Solo basta empaparse un poco sobre el tema, conocer sus ventajas y sacarle la utilidad que puede tener para determinado tipo de gestión en una organización.

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A nivel general, los principios sobre los que trabajan estas metodologías ágiles brindan una base para buscar soluciones efectivas en cortos periodos de tiempo, bajo un principio clave de mejora continua. Y en un entorno en el que no solo se lucha por sobrevivir, sino también por innovar y reinventarse constantemente ante los nuevos requerimientos de la demanda, esto parece ser clave y transversal.

Las metodologías ágiles brindan una mayor flexibilidad, al tiempo que dan lugar a una planificación adaptativa y a una progresiva aceptación de los cambios. Mejora la experiencia del cliente al incorporar la retroalimentación de este como parte inherente del ciclo de vida ágil. Es una propuesta que, sin duda alguna, le apuesta a la generación de valor pensando en la calidad, eficiencia, rentabilidad y motivación de los equipos.

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