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Opinión

  • | 2020/07/10 06:01

    Mejor construir que destruir

    En estos momentos de incertidumbre económica y social, en los que es difícil hacer vaticinios o pensar en cómo será el futuro cercano, vemos algo que va a continuar o que puede arreciar: la polarización ideológica en la que se encuentra no solo el país, sino todo el mundo.

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Hemos visto manifestaciones en Estados Unidos que nunca nos imaginamos. Además, existen muchas fuerzas oscuras que quieren que la polarización se acentúe y están dispuestas a invertir ingentes cantidades de dinero en ello.

A mí, personalmente, me gusta la polarización mientras sea con ideas y sea constructiva. No soy amigo de las medias tintas: esos líderes que no son ni "fu ni fa", que son tibios y que no toman posiciones son muy peligrosos. Cuando llegan al poder, pueden terminar en cualquiera de los dos bandos y pueden llegar a ser muy radicales. Destruir por destruir para luego sacar provecho desde las cenizas es muy peligroso.

Las redes sociales han hecho que cualquier persona tenga la capacidad de opinar y de llegar sin intermediarios a millones, algo que anteriormente era un monopolio de los grandes medios de comunicación. Esa democratización tiene la ventaja que les quito poder a los medios, pero también generó un cambio en la veracidad de la comunicación: el aumento de las noticias falsas, conspiraciones y manipulación de la información es mucho mayor.

Hoy en día, los grandes líderes, los más seguidos y leídos en las redes sociales, son los artistas y los deportistas. Sus seguidores son 5 o 10 veces más que los de un líder político de gran relevancia. Eso demuestra que la frivolidad termina siendo más importante para el común de la población que la confrontación de ideas.

La guerra ideológica está a flor de piel en todo el mundo. En el caso de Latinoamérica es palpable, pues el socialismo del siglo XXI o el chavismo están dispuestos a dar la pelea y a no desaparecer. Independientemente de que la situación económica de Venezuela sea difícil, siempre ha habido recursos para difundir este pensamiento en la región; es más, llegaron recursos hasta España al partido Podemos y, seguramente, los hay hoy en las manifestaciones antirracistas en otras partes del mundo. Hay personas que saben que no pueden llegar al poder solamente con las ideas y, para lograrlo, necesitan acabar el establecimiento, destruir lo que hay, acabar los principios y generar un ambiente de zozobra. Acordémonos del viejo adagio: en tierra de ciegos el tuerto es rey.

Hoy por hoy es complicado salir a venderse con un discurso ponderado y realista, más aún cuando, después de esta cuarentena, tendremos más pobreza y más desigualdad. Las condiciones están dadas para que cualquier ídolo de barro, prometiendo lo que no va a poder dar, gane las elecciones en Colombia. Eso ya pasó hace poco en Argentina y México, aunque ya la población se está dando cuenta del error. La capacidad de repetición y de olvido de la población no tiene nombre.

Todos tenemos que poner algo para salvar la democracia y las libertades y, si no empezamos ya, puede ser demasiado tarde. Construyamos confianza entre nuestra familia, con nuestros amigos y con los trabajadores; es un buen comienzo.

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