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Opinión

  • | 2019/02/22 00:01

    Me robaron en Beat y a Beat no le importó

    El infortunio es saber que confiamos en las plataformas, aunque a ellas no les importamos como usuarios.

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El lunes pasado, cerca de las cuatro de la tarde pedí un Beat, todo normal hasta que a un par de cuadras del punto de recogida canceló sin ningún tipo de notificación – tristemente no es sorpresa que esto suceda –. Tras el ya habitual comentario contra el conductor por su poco interés por trabajar, pedí otro servicio y llegó cinco minutos después.

El propósito de mi recorrido era enviar un par de cajas del centro de la ciudad hasta el norte – que Beat no es una compañía de mensajería, lo sé; que este es uno de los servicios extraoficiales de los cuales nos beneficiamos los usuarios, también lo sé. El conductor recibió la encomienda y la ubicó en la silla delantera sin ninguna molestia.

El servicio ya había sido cargado a mi tarjeta de crédito y la destinataria ya había recibido el link de ‘mira mi viaje’, generado automáticamente desde la plataforma. Tres cuadras adelante en el camino el pequeño vehículo en pantalla se congeló y nunca más volvió a aparecer – tristemente, hasta aquí también es habitual que suceda esto con la aplicación –.

El recorrido estaba proyectado para durar cerca de cincuenta minutos, así que luego de media hora le marqué al conductor a través del contacto en la aplicación pero ni siquiera repicaba. La ‘mala espina’ me entró, pero yo, defensora de la movilidad sostenible y creyente de la economía colaborativa, quería confiar.

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Una hora, hora y media, dos horas y no había señales del vehículo, su conductor o mi encomienda. Tras múltiples e infructuosos intentos de contactar al conductor, a las seis de la tarde decidí hacer el reporte a través de la aplicación, excepto porque no podía hacerlo ya que el viaje seguía activo y al parecer mientras se está en el recorrido no es posible enviar ningún tipo de mensaje a la lejana Grecia de donde es originaria esta app.

Vía Twitter le envié a la poco activa cuenta de la aplicación un mensaje público de ayuda. Me indicaron que debía hacer el reporte desde la aplicación – que ya sabemos para este momento estaba bloqueada para esta acción –. A través de la página web de The Beat logré enviar un mensaje de ‘Ayuda - Objetos olvidados en el vehículo’, pidiéndoles que me compartieran el dato de contacto o mediaran entre el conductor y yo. En respuesta recibí una copia del mensaje enviado en la bandeja de entrada de mi correo electrónico y luego el silencio de Beat.

Dos horas y media después de hecho el envío tenía la placa del vehículo, el nombre del conductor, una imagen digital de un recorrido que nunca avanzó y una foto de mis cajas en un asiento delantero; entonces me pregunté si era momento de avisarle a la policía – ya no por recuperar mis cosas sino por cumplir con el deber ciudadano de acusar al delincuente –. Pensé sobre el rol que podría asumir la policía en un complejo caso de desaparición de objetos de poco valor, entregados voluntariamente a un desconocido, usando de forma indebida una plataforma cuya legalidad pone en vilo el discurso nacional sobre avanzar hacia la economía digital; preferí no denunciar.

La aplicación saltó y mágicamente el mapa congelado se convirtió en la notificación de viaje terminado. Me habían robado en Beat.

Envié un mensaje de ‘Emergencia – Sufrí un robo’ con algunos breves detalles del caso y los datos que tenía del conductor. Una nueva notificación en mi bandeja de entrada apareció con nada distinto a mis propias palabras.

Sentí más frustración que rabia y más impotencia que vacío. Solo me quedaba la confianza en Beat.

Al escribir esta columna es jueves en la tarde. No hubo ningún nuevo mensaje de Beat en mi correo electrónico ni tampoco a través de la aplicación. Me robaron en Beat y a Beat sigue sin importarle.

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Volviendo al tiempo del incidente, el mismo lunes, casi a las siete de la noche, la destinataria de las cajas me avisó que acababan de llegar a su portería y me comunicó con el conductor. Él señor había sido detenido por la policía y su reacción fue borrar la aplicación del teléfono por lo que era imposible contactarlo por esta vía. Gracias a que las cajas llevaban el destino escrito pudo llevarlas tres horas después. Fue un hombre honesto que genera ingresos extra a través de rentar el tiempo improductivo de su vehículo. Él no me robó, pero ante Beat nada había cambiado; ante la aplicación reporté un robo y nunca obtuve ningún tipo de respuesta – incluso hasta el viaje fue cobrado con normalidad –.

Fui afortunada, por recuperar los objetos enviados y por descubrir que una aplicación no puede ganarse mi confianza a partir de una oferta centrada en la diferencia de precios que hoy ya ni siquiera es real.

#BeatMeDefraudó por no tener un sistema automático de gestión de las peticiones que reciben. #BeatMeDefraudó por no considerar mis necesidades como usuaria. #BeatMeDefraudó haciéndome creer que por tener un ‘botón de emergencia’ voy a recibir su apoyo.

#BeatMeDefraudó ¿será que soy la única que se siente así con @TheBEAT_Bogota?

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