Opinión

  • | 2016/11/02 00:01

    ¿Machismo en las familias empresarias? No… quién dijo

    Aunque muchas familias empresarias insistan en negar que en sus compañías no hay machismo y que las relaciones familiares no inciden en sus empresas, sí sucede y es una de las piezas más pesadas de llevar en el equipaje familiar.

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En esta tercera entrega del especial titulado “Equipaje Emocional Familiar” abordamos  el tema del machismo, porque si bien en Colombia se ha avanzado mucho pues cada vez es menos común la discriminación de la mujer, no cabe duda que en algunas regiones del país, especialmente en las ciudades intermedias se sigue presentando.

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A continuación voy a describirles dos casos que dejan ver con claridad el machismo, el primero está relacionado con la sucesión ejecutiva, en la cual aún hay cierta resistencia a que quede en manos de las hijas mujeres cuando también hay hijos hombres, que sería la tercera pieza del equipaje familiar y el segundo caso relacionado con las relaciones extraconyugales del fundador o de sus hijos varones que no son mal vistas, pero que en cambio si la situación llegara a presentarse con las hijas mujeres resultaría muy grave.   

El caso:

Tuve la oportunidad de trabajar el proceso de sucesión ejecutiva con una familia empresaria oriunda del Departamento de Boyacá, constituida por papá, mamá y tres hijos, dos hombres y una mujer. Sin duda alguna la mujer era la más preparada de la familia para asumir la dirección de la empresa, al contar con un postgrado en Administración y Dirección de empresa, además de un título profesional de Psicóloga. Ella era muy valorada por todos los externos para  asumir el liderazgo de la segunda generación, como los proveedores, los bancos, clientes. No obstante sus hermanos, quienes no se habían formado de la misma manera, y en especial el padre, decía que su negocio por pertenecer al sector del transporte debía ser manejado por hombres, porque tocaba lidiar diariamente con personal que estaba acostumbrado a recibir órdenes en un tono fuerte y que ese rol no era para una mujer, porque las mujeres solían ser más conflictivas. Su hija le argumentaba que sus razones no tenían fundamento, que no era necesario tener que maltratar a la gente para que obedeciera, que incluso había otras empresas del sector dirigidas por mujeres con mucho éxito. El padre no aceptó las razones de su hija y decidió nombrar en la gerencia a uno de sus hijos varones.

La hija empezó a tener cierto resentimiento con sus hermanos y con su padre, con lo cual cada vez que había una reunión de tipo empresarial se generaba un ambiente tan tenso que ni siquiera ella siendo la directora de las áreas de recursos humanos y de marketing era invitada a los comités gerenciales, lo que empezó a generar grandes dificultades en el manejo de la compañía. Infortunadamente este caso, no tuvo un final feliz, porque ni ella ni nadie lograron convencer al padre de su error, con lo cual la hija terminó marchándose para montar una empresa en el mismo sector en la que le va muy bien, pero le tocó salir de su ciudad para no ser víctima de este estigma cultural.

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Posteriormente muere el padre y el hijo que asumió el cargo de gerente, al no tener ni su conocimiento ni sus habilidades, lleva la empresa a un estancamiento en el cual el hijo no es consciente que la situación se debe a su desconocimiento en el manejo de la compañía, sino que responsabiliza de la situación al gobierno, al mercado, a los transportadores, pero nunca a la dirección general.

El análisis

Al profundizar en lo que sucedía al interior de este grupo familiar, desde generaciones atrás, era muy usual que existiera la creencia de que las mujeres debían dedicarse a las labores del hogar, mientras los hombres eran quienes debían trabajar. Esa información transgeneracional y además muy frecuente en su región, fue calando en todos los miembros de la familia y se trasladó  a la empresa hasta convertirse en una pieza más del equipaje emocional que se lleva a la empresa.  

Esta es una costumbre muy dañina, porque se está desaprovechando el talento de mujeres con grandes capacidades directivas. Varios estudios demuestran científicamente que las mujeres tienen mayores habilidades para la dirección de empresas porque en los tiempos actuales lo que más se está necesitando en los cargos directivos son habilidades blandas como la inteligencia emocional, combinadas con habilidades técnicas, para obtener resultados óptimos. Adicionalmente investigaciones realizadas en empresas familiares han demostrado que la sucesión de padre a hija es un proceso menos agobiante que con los hijos varones, porque entre ellos existe una competencia de género, casi a nivel de testosterona, que no es sana, en cambio  a las hijas mujeres nunca las sentirá como rivales.  

Seamos sinceros, ustedes han pensado el peso que tiene a nivel familiar y empresarial el hecho de que en pleno siglo XXI todavía existen mujeres que aún son juzgadas por su género. En muchos de nuestros países, Colombia, México, Uruguay he observado que las mujeres son las primeras en tener un comportamiento machista, pues dentro de sus proyectos de vida aspiran a casarse con “un buen marido”, con lo cual fomentan esa costumbre en sus hijas que la educación es para lograr casarse bien que para su propio desarrollo personal.

Esta es una de las piezas más pesadas del equipaje. En el caso de esta familia por ejemplo, la fuerza centrífuga fue tan grande, ósea el machismo, que terminó por disolver el patrimonio familiar y la unidad de la familia, que representa la fuerza centrípeta (alejarse del núcleo).  

“Hijo aunque no creas siempre respeté a tu madre“

Esta cuarta pieza del equipaje está muy correlacionada con la anterior porque también es una consecuencia del machismo, en mi parecer más grave que la anterior porque evidencia la deslealtad y el irrespeto hacía la esposa, de muchos empresarios que tienen relaciones extraconyugales y como consecuencia de ello, hijos fuera del matrimonio.  

El caso

Hace algunos años atendí una familia de un grupo empresarial muy importante del país, en la cual el fundador era casado con una señora de tal bondad que para mí era como la Virgen María, con quien tuvo cuatro hijos. Un buen día no pudo ocultar más el resultado de sus continuas infidelidades y le comentó  a su esposa que tenía dos hijos más con dos mujeres distintas. La esposa en lugar de rechazar a estos hijos, como cualquier otra lo hubiera hecho, los incluyó en el seno de su familia, actitud que desde el punto de vista familiar nunca aceptaron sus hijos. Como era de esperarse el conflicto llegó a la empresa. Su hijo mayor no entendía cómo una de las hijas extramatrimoniales de su misma edad, era quien gerenciaba una de las empresas del grupo, siendo que él no la consideraba de su núcleo familiar y siempre le reclamaba a su padre, por qué esas personas hacían parte de la familia y parte de la empresa. La respuesta del padre fue: “Hijo aunque no lo creas siempre respete a tu madre y aunque no me sienta muy feliz con lo que hice, hoy tengo la responsabilidad económica de ellos”. Su hijo le contestó que debía aceptar su voluntad, pero que él no quería tener relación con ninguno de ellos. Esto fue disputa tras disputa, una pelea constante en lo familiar y empresarial, lo curioso es que la esposa era quien siempre defendía a los hijos extraconyugales argumentando que ellos tenían el mismo derecho por ser hijos de su padre. Este definitivamente es un equipaje emocional muy difícil que tenían los hijos.

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El análisis 

Al analizar la situación familiar, la primera conclusión fue “de tal palo, tal astilla”, pues a pesar de todo lo que criticó a su padre, curiosamente el hijo también tenía varias mujeres y su esposa varios  amantes, pero eso sí él nunca le perdonó a su padre que le fuera infiel a su madre cuando él hacía exactamente lo mismo con su esposa.  

Sin duda, este parámetro de infidelidad presente en la familia, es una consecuencia más del machismo reinante en nuestros países y muchas personas no tienen ni idea del trauma familiar que genera no tener la fidelidad y la lealtad que la familia merece. También encontré que los hijos varones podían tener varias mujeres y/o varias novias, los que eran solteros, pero las hijas no, en vez de llamar la atención a los hombres por su comportamiento, lo aplaudían, contrario a los hombres, a ellas sí se les exigía fidelidad, si tenían novio o esposo, el papá no permitía que fueran siquiera a pensar en otra relación. Esto pasa en Colombia en un  95%  de los casos. La infidelidad masculina se perdona, la femenina no.

Es por estas razones que sostengo que la raíz del equipaje emocional está en la cultura de la familia empresaria, ese antivalor de la infidelidad es tan evidente, que hay empresarios que han tenido hasta cinco esposas. ¿Qué se puede esperar de esas familias empresarias cuando el fundador no esté? En la mayoría de los casos termina por destruirse el patrimonio.

La recomendación

Ser fiel a la esposa y leal a la familia es la única recomendación posible para los empresarios, sea hombre o mujer. La empresa familiar como su nombre lo indica, pertenece a una familia, la cantidad de problemas existentes por la falta de fidelidad es  muy alto, con el agravante de una  legislación que no ayuda a la sostenibilidad de la empresa porque les da valor a los herederos forzosos, independientemente del núcleo familiar.

Esta cuarta pieza del equipaje emocional contiene odio, rencor, deslealtad, inseguridad y  desamor. Su fuerza centrífuga es tan fuerte que muchos hijos prefieren perder todos sus derechos económicos y la posibilidad de desarrollarse profesionalmente dentro de la empresa, a tener que vivir esta situación.  

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