Opinión

  • | 2018/10/01 00:01

    Los niños que pocos quieren adoptar

    La trágica situación que padecen hoy en día más de 120.000 niños que están en lista para ser adoptados es lamentable. Sobrepasar el umbral de 7 años parece toda una condena que los convierte en pequeños de difícil adoptabilidad.

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Adopción en Colombia. ¿Qué pasa por su mente cuando piensa en ello? Muy seguramente a más de uno se le vino a la mente algún reportaje sobre personas mayores buscando a sus padres biológicos o algún caso reciente de violencia intrafamiliar que terminó con un menor acogido por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) porque debieron quitárselo a sus padres, abuelos, tías o tíos. Pero, ¿se ha cuestionado qué pasa con ellos después de esta acción?

En realidad, son muchas las causas que llevan al ICBF a tomar a decenas de miles de menores de edad bajo su cuidado. Según estadísticas de la entidad protectora, la razón por la cual suelen llegar menores con mayor frecuencia es el abuso sexual. Para ser exactos, cuentan con 5.638 de estos casos actualmente. La razón que le sigue es el maltrato, con poco más de 4.600 casos.

Pero al pasado tormentoso que tuvieron que soportar, se les suma la eterna espera de una nueva familia que se postule como potencial adoptante. Puede estimarse que al día solo se da un aproximado de 3 o 4 procesos. ¿Sabe cuántos niños esperan aún? Más de 127.500 con solo 1.300 defensores para atender cada uno de los casos.

Infortunadamente, los procesos de adopción han descendido notoriamente desde finales del siglo pasado. De hecho, para épocas de 1998 al 2001, podría estimarse un promedio diario de 7 u 8 procesos. Es claro que la tendencia se ha venido a la baja con las nuevas generaciones, aunque este no es el único inconveniente.

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Entre más nueva la generación, menos hijos quiere tener. Los jóvenes de hoy piensan con mayor fuerza en acoger menos compromisos de alto calibre como el matrimonio o el dejar descendencia. Las prioridades han migrado hacia la aventura, hacia conocer nuevos lugares en el mundo, a estudiar en el extranjero, a buscarse nuevas oportunidades, sin atarse a nada. Esta es una de las razones más fuertes por parte de la demanda.

Pero por parte de la oferta, se oyen de casos de corrupción y muchas dificultades, donde aún perseveran trabas como la morosidad para declarar oficialmente la adoptabilidad de los niños, la inseguridad jurídica, y la expectativa a la que someten a los adoptantes, que se van convirtiendo en una larga fila de espera.

De estos tres problemas, los dos primeros son los más graves y los que tienen más repercusiones sobre el proceso de adopción de los infantes. Por ejemplo, la morosidad se presenta por una eterna demora en lo que resuelven ponerlos en proceso de adopción, involucrando que los menores crezcan hasta una etapa que se ha considerado como determinante para su oportunidad de buscar una nueva familia: cuando cumplen los 7 años de edad, empiezan las complicaciones para que un adoptante se decida por acogerlos a su entorno familiar.

Por su parte, la inestabilidad de los procesos jurídicos sigue siendo un punto de quiebre para completar el asunto. Hay ocasiones en que los postulantes cumplen con el perfil necesario pero, sin argumento jurídico que le soporte, el juez o el procurador rechaza arbitrariamente la aprobación del proceso, cuestionando todo el trámite administrativo llevado a cabo y culminando en el cierre del caso.

Las épocas han cambiado y el escenario monetario también entra en juego. Cuando de adopción se habla, los trámites que se adelantan en el ICBF en realidad son gratuitos. Sin embargo, el costo real viene por cuenta de intermediarios que sirven al proceso, prestando servicios como talleres de información, sesiones de trabajo social, sesiones de psicología, honorarios de abogados y algunos procesos administrativos por un monto que oscila entre $7 y $10 millones.

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En contraste, a nivel mundial se tiene que la adopción ha venido en picada casi en un 80% durante los últimos 10 años, en parte por los costos tan elevados en los que tienen que incurrir los posibles adoptantes. En Etiopía ronda los $23 millones y en China y Rusia supera hasta los $30 millones. Sin embargo, su ventaja resulta ser la eficiencia en trámites y la agilidad en todo el proceso administrativo.

Y aunque el trámite es un proceso que requiere tiempo, el ICBF afirma que, en muchas ocasiones, los posibles padres llegan a ser tan exigentes en Colombia que demandan hasta una etnia en particular. Y lo más triste, es que en su mayoría son adoptantes nacionales, mientras que son más los extranjeros que sí llegan con el corazón dispuesto a adoptar a niños que se consideran de difícil adoptabilidad como los mayores de 7 años o los discapacitados.

Cada uno de esos pequeños espera con ansias ser parte de un núcleo familiar que le mime, le eduque y le corrija. El gran reto se convierte ahora en impulsar nuevamente una mayor adopción para brindarle a aquellos niños todos los derechos de los que han sido privados. Recordemos que uno de sus derechos fundamentales es tener una familia, y es un derecho que aplica para todo infante, incluyéndose los que llevan por años el peso de una historia trágica y dolorosa.

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