Opinión

  • | 2018/01/31 00:01

    Lo bueno de ser malo

    Nuestra sociedad se encuentra sumida en el síndrome del perfeccionismo, de donde solo el ser un poco malo podrá salvarnos.

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El aumento de los rankings, la necesidad de sobresalir, las odiosas comparaciones y la presión social que se evidencia en muchos ámbitos, pero que se enfatiza con las redes sociales están enfermando nuestra sociedad. La necesidad de tener una vida perfecta consume la psicología de los jóvenes adultos de hoy, generando como resultado no solo altos niveles de estrés, sino una epidemia de perfeccionismo que desgasta hasta al más resistente. Pareciera que nos hemos tomado demasiado enserio aquella afirmación darwiniana de que solo sobrevive el más fuerte. El problema, es que en esa búsqueda de supervivencia tal vez estemos perdiendo de vista la creencia de ser suficientes y de disfrutar la vida, más allá que ir de primero en la carrera.

¡A los millennials nos la tienen montada! Nos juzgan de ser superfluos, inestables, depresivos, poco éticos e incluso difíciles de complacer. Pero antes que entrar al debate de si esto es o no cierto, la verdad es que vivimos en un entorno que guarda unas expectativas bastante altas y que la presión por ser considerados parte de la norma, ha creado una generación con problemas de ansiedad, alta sensibilidad y tendencia a la depresión. Por supuesto esto no aplica de igual manera para todos, pero si a una gran parte de este grupo: la perfección se ha apoderado e nosotros.  De hecho, la Organización Mundial de la Salud, reconoce que la mayoría de los problemas de ansiedad y depresión de esta generación se debe a las expectativas poco realistas que estos jóvenes guardan sobre sí mismos. ¿Qué hacer al respecto?

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¡Propongo que aprendamos a ser malos! No malos al punto de delinquir o de convertirnos en absolutos holgazanes; sino de darnos la oportunidad de no ser tan perfectos. Ser malo no significa que estamos conduciendo nuestra vida al fracaso; simplemente relajarnos un poco, lo que trae tranquilidad y descanso. Ser malo inicia desde el momento mismo en que creemos que ya somos lo suficientemente buenos, y en que damos prioridad a entregar o alcanzar un resultado, más que a que este sea completamente perfecto. Tirar las reglas por la ventana de vez en cuando trae un nivel de gozo y libertad indescriptible, el cual reconozco porque, lo confieso, yo también he sufrido de perfeccionismo.

El nivel de “maldad”,  es individual y se define por lo que cada quien considera que no debería hacer, o algo que se sienta un poco irresponsable. Pueden ser cosas sencillas como borrar un correo sin leer, salir temprano de la oficina para darse un masaje, tomarse el día libre o tener la valentía de decirle a alguien lo que realmente creemos, aunque a veces no sea políticamente correcto hacerlo.

El perfeccionismo a largo plazo solo trae enfermedad, agotamiento y un profundo vacío, pues no nos permite vivir de una manera auténtica. La integridad, al igual que la felicidad, surge de aceptarnos con todo y nuestras imperfecciones , de atender a nuestras necesidades y de darnos mucho amor a nosotros mismos.  El esfuerzo por relajarse vale la pena, pues en la medida en que eres más feliz, transmites más felicidad al mundo.

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