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Opinión

  • | 2019/01/11 00:01

    No rendirse ante la adversidad: lecciones de vida de Magallanes en los ojos de Stefan Zweig

    Alguna vez oí decir que los libros son la muestra de lo mejor que hubo en una época: son una conversación con las personas más sabias, curiosas o dedicadas del pasado.

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Así recreó Stefan Zweig, el brillante historiador austriaco de origen judío, una increíble hazaña que refleja la importancia de no rendirse en un mundo adverso. Para un buen inicio de año, les sugiero este libro pleno de reflexiones que trascienden los tiempos y lugares.

Fernão de Magalhães, o Fernando de Magallanes, fue un explorador portugués que logró llegar al Océano Pacífico desde el Atlántico en el siglo XVI, cruzando por el estrecho que hoy lleva su nombre. Luego de ser ignorado y vilipendiado en su país natal, Magallanes acudió a la corte del rey español Carlos V, quien, dotándolo de cinco naves, la Trinidad, el San Antonio, la Concepción, la Victoria y el Santiago, le permitió cumplir su loco sueño de llegar al fin del mundo por el occidente.

Zweig nos cuenta cómo Portugal se convierte por un momento en la “primera nación marítima del mundo”, dejando perplejo al joven Magallanes cuando vuelve a ver su querida Lisboa llena de edificios nuevos, grandiosidad y lujo. Es a finales del siglo XV cuando Vasco da Gama, Cabot, Colón, Pinzón, Cabral y Cortereal siembran un éxtasis del ‘descubrimiento’ de nuevos horizontes para Europa, del Morgenland, o tierra del amanecer, en palabras de Martín Lutero.

Portugal conquista el oriente, enriqueciéndose con las mágicas especias de Malaca que hoy son algo usual en la gastronomía: la pimienta y la canela. Era tal su valor que los comerciantes debían cerrar las puertas para evitar que el viento se llevara así fuera una pizca de ellas.

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Magallanes, herido en guerra en 1506, continúa haciendo viajes y haciéndose viejo. En 1513, luego de una expedición en Marruecos, es acusado injustamente de robarse unos animales y vendérselos a los moros. Sin ningún reconocimiento por todos sus esfuerzos, hundido en la soledad, reclama al rey Manoel por un mejor ingreso. El único resultado es ganarse más rechazo y odios. Como lo relata su biógrafo Antonio Pigafetta, todos los capitanes lo odiaban. Con una pésima imagen en su natal Portugal, decide partir con rumbo a España. Allí cambia de estrategia.

Haciendo arribo en el reino vecino en 1517, empieza a interrelacionarse con nobles para aspirar a una audiencia, inicialmente ante la Casa de Contratación de Sevilla, ojalá ante el rey. Después de montar todo, su plan es rechazado por una Comisión. Luego de varios fracasos, el rey Carlos, hijo de la famosa doña Juana, accede a darle una audiencia y autoriza su plan con ambición y escepticismo. En la preparación del viaje, surgen todo tipo de contratiempos. Varios españoles lo acusan de ser un criminal, pelea con sus socios del viaje, le arrancan las banderas del Trinidad, pocos quieren viajar con él y desde su misma patria portuguesa, envían saboteadores a acabar con su sueño de viajar a India por el Atlántico.

Y bien, justo antes de terminar sus preparativos, la misma Casa de Contratación se opone por el número de portugueses contratados. Pero Stefan Zweig nos cuenta como la voluntad pesó más que cualquier obstáculo; “Ser héroe significa: también luchar contra un poderoso destino”. Así, su obstinación arrolló todas las envidias; su energía pudo contra todas las acusaciones, hasta que zarpó en 1519.

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En su viaje se mezcla el ensueño con la ambición y las vicisitudes. Cada vez que encuentran una desembocadura sobre la costa oriental de Suramérica, piensan que es el misterioso estrecho que los llevará al Pacífico, pero no lo es. Luego de la bahía de Rio de Janeiro, el estuario de La Plata y más, una y otra vez llega la frustración de no encontrar el camino.  Además, no todos sus capitanes lo quieren. De hecho, surge una rebelión: El San Antonio cae en manos de los rebeldes y toda la tripulación portuguesa cae en cadenas. El sueño está por terminarse, si pensamos que luego de meses, cada vez con menos raciones, el desespero empieza a regir. Pero Magallanes aplasta la rebelión con tácticas de guerra ya conocidas, ejecuta a dos rebeldes y abandona a los otros dos en San Julián, tal y como lo hará décadas después Sir Francis Drake en el mismo lugar.

Luego de un perverso y frío invierno de 4 meses, vuelven a zarpar las 5 naves españolas en el encanto de la primavera. Pero aquí también golpea el destino a Magallanes. En esta tierra del fuego, bautizada así por las múltiples fogatas avistadas en el periplo, cundían los riesgos. Una tormenta destruye el Santiago en el Rio de Santa Cruz y meses después, al navegar cerca del camino que los llevará al Pacífico, la tripulación del San Antonio, el más grande de los buques, los abandona con la mayor parte de las raciones. El abandono se dio justo en los mismos días en que Magallanes lloró finalmente de felicidad al encontrar la misteriosa salida hacia el occidente. Sin rendirse, Magallanes decidió seguir hacia la India. Nunca imaginó que pasarían cientos de días en ese mar tan amplio, que “la mente humana no lo podría comprender”. Ahora la lucha era contra la incertidumbre y el hambre, hasta que, en marzo de 1521, avistaron tierra por primera vez, mágica y anhelada tierra, sin saber que habían llegado a Filipinas.

Allí, Magallanes encontró su muerte en un absurdo episodio de encopetamiento y terquedad, regando su sangre de navegante sobre la arena de ensueño con la que hizo historia. Era aquella misma arena que significaría la expansión del imperio español. Pero su viaje, su aventura y su obstinación en una época tan escabrosa e inclemente, son un fiel reflejo del triunfo de los sueños por encima de las múltiples realidades.

Magallanes fue acusado como criminal, perdedor, un Don Nadie en el mar de la adversidad, pero ni el hambre, ni las múltiples tormentas del frío patagónico pudieron apagar este emprendimiento por la geografía onírica. Nos hace pensar en la crueldad del paso del tiempo, en el frio silencio difuminado por una tierra que no conoceremos en su inmensidad en esta corta vida. Son muchas las adversidades que vivimos como seres humanos, pero navegar contra estas corrientes a veces significará llegar a puertos lejanos, cálidos y distintos, tal y como lo inmortalizó Stefan Zweig en su magna obra: Magallanes.

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