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Opinión

  • | 2020/02/02 12:20

    Las causas de la curiosidad

    Nuestra demanda insaciable por información mueve parte importante de la economía global, y al mismo tiempo impulsa el conocimiento y da alientos a nuestro aprendizaje. Muchas personas obtienen ganancias de aprender algo que no sabían, y muchas pagan altos costos por saber algo que quisieran saber.

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La curiosidad no se asocia solamente a la humanidad. En las actividades diarias tanto muchos animales como los seres humanos estamos confirmando la importancia de tener en nuestro entorno elementos familiares, pero también elementos novedosos que nos estimulen. El deseo de escapar de la monotonía y el aburrimiento pareciera estar presente en humanos y animales,  y este puede atribuirse en parte al atributo y al comportamiento que nos lleva a explorar el entorno y a aprender habilidades que pueden ser usadas posteriormente. 

No obstante, aunque la curiosidad es uno de los impulsores en los humanos, con frecuencia se le asocia negativamente a manera de advertencia con expresiones como “la curiosidad mató al gato”, para hacer referencia a alguien que está indagando información que puede acarrearle peligros o problemas. 

Los motivos para querer aprender algo pueden ser muchos, pero para Jeong-Koo Kim, Haree Lee y Insik Min, autores del concepto de “economía de la curiosidad”, hay dos motivos principales: el primero para evitar los riesgos de desconocer el resultado monetario de algo, y el segundo puramente querer saber algo sin ninguna preocupación monetaria. A ese segundo motivo es lo que conocemos como curiosidad. El nivel de curiosidad de alguien puede medirse por la máxima cantidad de dinero que alguien está dispuesto a pagar para obtener información, y de este modo reducir la entropía o el nivel de desorden e incertidumbre. 

Con frecuencia, la curiosidad ha sido definida como un atributo personal que motiva a buscar información y conocimiento, la cual no tiene necesariamente un beneficio instrumental. No obstante, asociado a la creatividad, puede traer consigo la transformación y la generación de nuevas ideas o productos. Sin embargo, las disputas por tipificar y definir lo que es y no es la curiosidad vienen de antaño. 

El filósofo y psicólogo William James llamó en 1899 a la curiosidad como el “impulso hacia una mejor cognición”, en otras palabras, el deseo a entender lo que no entendemos.  En 1954 fue publicada “La teoría de la curiosidad humana”, cuya autoría es del psicólogo Daniel E. Berlyne de la University of Aberdeen en Escocia. Este manuscrito comienza con dos preguntas ¿por qué los seres humanos dedican tanto tiempo y esfuerzo a adquirir conocimiento?, y ¿por qué de toda la gama de cosas y asuntos en el universo, ciertas piezas de conocimiento son buscadas más fervientemente y son retenidas inmediatamente?  Para Berlyne hay dos tipos de curiosidad. La curiosidad que lleva al aumento de la percepción de estímulos (curiosidad perspectiva), y la curiosidad cuyo resultado principal es el conocimiento (curiosidad epistémica). 

En el plano social, la curiosidad se manifiesta por lo menos en dos tipos. Uno es el deseo para aprender de otras personas, y el otro es el interés encubierto en lo que otras personas dicen, piensan y hacen. También existe la auto-curiosidad, que es la curiosidad que tiene las personas sobre su mundo interior y el interés por explorar su funcionamiento interno.  A los viajes motivados por la curiosidad por otras culturas y lugares no antes visitados, se le atribuye la economía de la cultura nueva.

En el mundo de la educación, cultivar la curiosidad es uno de los retos actuales de los educadores para aumentar el número de personas que se sientan atraídos por la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM).  Conseguir que los estudiantes se interesen por temas complejos y que desarrollen la capacidad de formular y verbalizar preguntar significativas, hace parte de los retos pedagógicos de hoy, pero al mismo tiempo del desarrollo de habilidad e intereses para investigar.

En el mundo empresarial se ha encontrado que la curiosidad es esencial para el desempeño de las organizaciones y, por esto, es tan importante para los líderes empresariales y educativos cultivar la curiosidad y asegurarse de canalizarla para los objetivos comunes.

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