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Opinión

  • | 2020/06/02 00:06

    La primavera americana

    EE. UU. dejó de ser un referente global de gobernabilidad democrática, prosperidad económica y potencial de mejoramiento social. Esto no cambiará con la próxima elección, ¿qué opciones tiene Colombia?

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El sueño americano parecería estar en su más oscura penumbra. El malestar social de los afroamericanos alcanza niveles históricos, con las protestas desatadas en todo el país luego del asesinato de George Floyd a manos de la Policía de Minnesota. De igual forma, hay un amplio descontento político con el presidente Donald Trump, quien enfrentará en las elecciones del 3 de noviembre a Joseph Biden, y cuyo manejo de la pandemia ha sido todo menos exitoso.

Trump ha jugado a desestabilizar el orden geopolítico y comercial establecido luego del fin de la guerra fría. De la mano del nacionalismo económico, que lo ha caracterizado en su política "América primero" (America First), Trump ha tomado medidas para remover a EE. UU. de las instituciones transatlánticas, comerciales y de salud que han sido fundamentales para promover la globalización y el libre mercado. Bajo su liderazgo, EE. UU. ha intentado dar un viraje a la relación que ese país tiene tanto con antiguos aliados como con adversarios estratégicos.

Además de esto, Trump ha avivado las llamas de la confrontación racial en ese país. Como primer acto de campaña se refirió a los inmigrantes mexicanos como violadores y malhechores. Desde entonces, su tono se ha deteriorado marcadamente y ha tratado a todas las minorías con desdén, incluyendo a hispanos, musulmanes, asiáticos y afrodescendientes. Ya como presidente, la forma en que Trump ha abordado las enormes fracturas socioeconómicas e históricas de EE. UU. ha dividido profundamente la sociedad, ha dejado un enorme malestar entre las minorías étnicas, que hoy en día se manifiestan en rechazo de las acciones policivas de mano dura y la desigualdad que enfrentan.

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Trump deja gravemente maltrecha la imagen internacional de EE. UU. como un socio confiable, un aliado imprescindible y un ejemplo a seguir. De tratarse de un país en vía de desarrollo rebelándose contra el sistema, estaríamos hablando no de protesta social, sino potencialmente de una Primavera Americana —semejante al movimiento que sacudió el Medio Oriente en 2010—.  

Si bien Estados Unidos sigue siendo el socio comercial, aliado militar y proveedor de ayuda exterior más importante de Colombia, bajo el Gobierno de Trump, la relación bilateral ha tenido tres prioridades principales: el tráfico de drogas, la situación en Venezuela y el comercio.

Con respecto al tráfico de drogas, a Estados Unidos le preocupa que Colombia no haya hecho lo suficiente para reducir su cultivo de coca, estimado en 208.000 hectáreas en 2018. En cuanto a Venezuela, los Estados Unidos y Colombia han colaborado estrechamente en un esfuerzo internacional para derrocar al presidente Nicolás Maduro.

La falta de progreso en este objetivo ha hecho que Estados Unidos se sienta cada vez más frustrado, no solo con el presidente interino venezolano Juan Guaidó, sino también con el presidente Duque, que ha sido optimista sobre sus intenciones de cambio de régimen. Finalmente, dado que Colombia mantiene un déficit comercial con los EE. UU., es poco probable que el presidente Trump apunte al país en sus actuales disputas comerciales con socios y aliados con los que EE. UU. tiene un déficit comercial.

Trump y Duque mantienen una buena relación y por lo visto sus intereses están alineados. Sin embargo, hay importantes lunares a la vista.

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En primer lugar, está la consolidación de China como potencia internacional: esto representa la más grave amenaza a la Pax Americana, ya que el ascendente poderío económico y militar de China ha logrado consolidar importantes acuerdos comerciales en África y Latinoamérica, y ha generado roces económicos y políticos entre los aliados de EE. UU. en la región. Las inversiones chinas en minería e infraestructura en Colombia son apenas el comienzo de lo que puede ser una muy provechosa relación bilateral.

Y en segundo lugar está el narcotráfico, que sigue siendo un enorme problema para la consolidación de la estabilización territorial, la conectividad rural y la gobernabilidad en distintas zonas del país. La presión que EE. UU. ha hecho para que Colombia reinicie la aspersión aérea con glifosato desconoce los inmensos riesgos que esta puede generar, en estas zonas en donde la capacidad estatal es débil, la confianza con la ciudadanía es escasa, y los grupos armados organizados han arrebatado el control territorial al Estado

La elección de EE. UU. es el 3 de noviembre, pero, antes de eso, Colombia tendrá que plantearse qué tanto quisiera seguir siendo el principal aliado de los Estados Unidos, una potencia en declive que enfrenta una enorme división interna y carece de un rumbo claro. Sin importar quién gane la elección en ese país, es poco probable que las prioridades frente a Colombia cambien en el corto plazo.

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El presidente Iván Duque aún tiene amplias opciones en el entorno internacional: abrirse a Asia, mejorar las relaciones con la Unión Europea o fortalecer la relación Sur-Sur. Sin embargo, el Gobierno parece empecinado en mantener su alianza política, económica y militar con EE. UU. a toda costa, incluso cuando ese país se encuentra en medio de una crisis existencial.

Y si reeligen a Trump, ¿estaría el Gobierno del presidente Duque dispuesto a seguirle el compás por dos años más? ¿Podemos confiar en que EE. UU. será un aliado incondicional con Trump al mando? En caso de no reelegir a Trump, ¿tendrá Duque margen de maniobra en distintas políticas de seguridad bajo una nueva administración demócrata? ¿Recibirá Colombia ayuda que le obligue al Gobierno cambiar sus prioridades domésticas? Haría bien que estas preguntas sean ampliamente debatidas ahora y no luego de las elecciones en ese país. 

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