JOSÉ MIGUEL SANTAMARÍA

La práctica hace al maestro

La pandemia del coronavirus ha sacado a relucir muchos problemas, inequidades y desbalances, pero sobre todo el poco conocimiento que tienen las personas sobre los temas que le atañen y sobre los que debe ejercer.

José Miguel, José Miguel
5 de junio de 2020

Durante los últimos años, en Colombia ha cobrado muchísima relevancia, para conseguir un buen puesto de trabajo, tener una hoja de vida con bastantes estudios. Esto empezó con el auge de los head hunters contratados por las grandes compañías, en el que la receta del cargo viene desde la casa matriz, y dado lo diferentes que pueden ser los países, la comparación más lógica son los estudios. Aunque en el sector público esta tecnocracia había aparecido desde el gobierno de Alfonso López Michelsen en el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República, fue en el gobierno de Juan Manuel Santos donde esta tecnocracia llegó a todas las áreas del sector público, hoy en día los cargos más relevantes son ocupados por personas muy preparadas, con muchas especializaciones, másters y PhDs.

El problema ha radicado en que se ha dado tanta relevancia a los estudios, que la experiencia ha quedado relevada a un segundo plano. Me acuerdo de una compañía donde prefirieron entregarle la tesorería a un recién egresado de un MBA del exterior que a un profesional con más de 30 años de experiencia en finanzas y tesorería, el resultado fue espantoso.

Cuando se lanzó la Misión del Mercado de Capitales el año pasado, entre los cinco miembros principales no había ninguno que hubiera estado sentado en un banco o una comisionista actuando en el mercado, negociando, que conociera cómo es en la práctica el comportamiento de los mercados en Colombia o que pudieran contar su experiencia para hacer que el resultado de esta misión se hubiera platanizado y estuviera acorde con las necesidades del mercado y no fuera un “copy paste” de los grandes mercados mundiales en el que muchos de los productos no funcionan acá.

Algo parecido ha pasado durante estos últimos meses, cuando el gobierno ha tenido que declarar por cuenta de la pandemia del coronavirus dos emergencias económicas y emitir sendos decretos de ayudas y subsidios para las personas naturales y las empresas. Cuando se revisan los decretos que tienen que ver con las empresas, aunque tiene toda la lógica económica, muchas veces se nota la falta de conocimiento de cómo funciona el mundo empresarial, un claro ejemplo son los préstamos de redescuento exclusivamente para nómina, en los que no caen en cuenta que la empresa es un todo y necesita recursos para otros temas como capital de trabajo y así seguramente podrá proteger el empleo de mejor manera.

Otro tema que denotó la falta de conocimiento fue el asumir que los bancos asumiendo riesgo de cartera iban a dispersar los créditos de redescuento a las empresas más necesitadas, era una ilusión. Muchas se quedaron sin los recursos por la lógica razón bancaria de no ser sujetas a crédito, lo mismo pasó con el seguro del Fondo Nacional de Garantías al noventa por ciento, ya metida la mano tocaba meter el codo y garantizar el cien por ciento, por cuenta de ese diez por ciento faltante muchas no pudieron acceder a esto.

Debería haber una balanza entre el conocimiento dado por el estudio y el dado por la experiencia, los problemas y las soluciones son como el ajiaco, aunque cada familia bogotana tiene una receta heredada diferente en la mayoría de las casas es muy bueno, más dependiendo del hambre, en momentos de crisis las mejores soluciones no se consiguen en los libros ni en la academia, se consiguen en la práctica.