Opinión

  • | 2019/05/13 00:01

    La mano visible del Estado

    Iván Duque ha vivido toda su vida del Estado. Todos sus salarios, todo su patrimonio, siempre provinieron de instituciones públicas.

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A pesar de ello, el presidente de Colombia es un fanático defensor del mercado, de los TLC, enemigo de los aranceles, y desde que llegó al poder ha engañado a los confeccionistas de su región, que lo apoyaron, y de lo único que habla es del “espíritu emprendedor” individual. Es de esas personas que no viven para el Estado sino de este.

Quienes lo acompañan en su gobierno son iguales. Es paradójico que ellos, que devengan su ingreso de los negocios y salarios del sector público, despotrican de su intervención en el mercado e imponen medidas para su debilitamiento.

El Congreso de la República aprobó a pupitrazo y enmermelado, como es normal, el Plan de Atraso. Es muy probable que se caiga en la Corte Constitucional, porque se votó en el Senado sin que la aprobación en Cámara haya sido publicada en la Gaceta Oficial. Ya ni les interesa esconder sus fechorías.

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Aun así, quedó evidenciada la orientación gubernamental, con la aprobación de varios beneficios tributarios adicionales: disminuyeron las regalías por la extracción de recursos naturales (art. 329), aprobaron “becas por impuestos” (art 195), que se suma a “obras por impuestos” y “obras por regalías”; pupitrearon las “Áreas de Desarrollo Naranja (ADN)” (art. 185), terminología que en adelante se usará para todo el engaño oficial, porque nadie -en el planeta Tierra- ha podido descifrar qué rayos es la economía naranja que se inventó Duque en un escritorio del BID. El plan aumenta el debilitamiento de la función constitucional del Estado de ser el rector de la economía.

Al repartir beneficios tributarios sin control, el Estado renuncia a recaudar los impuestos necesarios para dotar de bienes y servicios públicos a la nación. Al no hacerlo, la competitividad, es decir, la capacidad que tiene Colombia de competir contra sus socios comerciales, disminuye como ha venido pasando en los últimos años. Sin competitividad, los empresarios enfrentan obstáculos en materia de infraestructura, costos de energía, créditos, capacitación, científicos y tecnológicos que sus contendores no tienen. Y, finalmente, como no pueden competir, el emprendimiento termina siendo un discurso politiquero sin posibilidad de desarrollarse.

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Mientras los países desarrollados tienen Estados fuertes que intervienen en la economía y la regulan, en Colombia nos enfrascaron en el debate del conflicto para no hablar de los caminos del desarrollo económico. El Estado fue capturado por mercachifles con una retórica promercado (Carrasquilla´s style), mientras ellos viven en la comodidad de los salarios públicos pagados con impuestos regresivos. Esta lógica hace inviable al país. Así que la propuesta debe ser insistir en desnudarlos para recuperar -por vías democráticas- la magia de la mano visible del Estado.

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