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Opinión

  • | 2020/07/29 19:26

    La inversión responsable llegará a los emprendedores sostenibles

    Una de las cosas buenas que me ha dejado la cuarentena ha sido escuchar entre las personas expertas en desarrollo empresarial e inversiones que la recuperación económica derivada de la coyuntura covid-19 debe ser verde.

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Para que ello suceda, las empresas, innovadores y emprendedores demandarán recursos financieros para reorientar sus modelos de negocio hacia actividades que promuevan escenarios de mitigación-adaptación al cambio climático y restauración ecosistémica en sectores como energías sostenibles, transporte eficiente, turismo de naturaleza, mercados de carbono, economía circular, reforestación, entre otros. Las señales del mercado irán orientando la velocidad con la cual las oportunidades de negocio irán surgiendo.  

De igual manera, los dueños y administradores de los capitales necesitan comprender mejor estas señales de mercado y lo que en el argot financiero se conoce como el Caso de Negocio del Cambio Climático o de la Acción Climática. Cuando ello suceda, la administración de capitales tendrá un espectro de inversiones que van más allá a sus enfoques tradicionales (inversiones en renta fija, renta variable o private equity en sectores y actividades, en los que el deseo o la intención de generar valor ambiental o social no es el factor primordial: por ejemplo, los bienes raíces o las industrias de hidrocarburos). Al respecto, recomiendo de nuevo una de mis columnas pasadas, en la que hablo sobre el papel de las family offices en la reactivación verde.

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Según la ONU, antes de la pandemia, se necesitaban entre 5 y 7 trillones de dólares anualmente para que los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) se alcanzaran en 2030. Esta cifra será superior debido a la nueva coyuntura, puesto que muchos planes e iniciativas para generar valor ambiental, social y económico se han visto distorsionados, al menos en el 2020 o podrían ir incluso en reversa en los siguientes años, de continuar con el modelo de desarrollo empresarial y de enfoque de uso tradicional del capital.  

Lo anterior no solamente es una amenaza para los ODS, sino también para el mismo capital financiero, si sus inversiones continúan dirigiéndose hacia las actividades tradicionales que fueron mencionadas anteriormente. Es por ello que ahora, más que nunca, se valida la premisa de que invertir en la acción climática será la alternativa, no solamente de la recuperación económica, sino también de la generación de valor económico. 

Al respecto, aplaudo que la comunidad inversionista vaya comprendiendo cada vez más rápido los anteriores postulados. Recientemente seguí la celebración de los Principios de Inversión Responsable liderados por Naciones Unidas. En América Latina (sin incluir a Brasil), ya son cincuenta entidades financieras las que conocen y comprenden la importancia de integrar y gestionar criterios ambientales, sociales y de gobernanza en su proceso de toma de decisión de inversión y administración de sus portafolios. Recientemente, los líderes del PRI compartieron la Declaración a favor de la Inversión Responsable en Colombia, la cual invito a leer aquí.  

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Lo anterior es muestra de un cambio en la mentalidad de aquellas personas que trabajan en el sector financiero y de inversión. El surgimiento de conciencia e interés en la gestión responsable de los portafolios es una gran antesala de algo mucho más poderoso y que con seguridad veremos hacerse realidad en los siguientes tres años: la materialización del caso de negocio de la acción climática, gracias al diseño y la oferta de instrumentos, productos y servicios financieros más aterrizados a los sectores enfocados a la mitigación y a la adaptación del cambio climático y a la restauración ecosistémica. 

Los empresarios, innovadores y emprendedores están llamados a prepararse: aprender a estructurar proyectos bancables, comunicar de manera más efectiva, tanto el mapa de riesgos financieros de las inversiones como las medidas de mitigación y gestión de estos. En otras palabras, los emprendedores están llamados a comunicar de una mejor manera la oportunidad de negocio para los inversionistas.  

Creo que se avecina un escenario esperanzador, debido a la pandemia (de lo contrario no escribiría estas líneas, ni me lanzaría a ser el primer llamado a prepararme como emprendedor en la Amazonía, tal y como lo expuse en el párrafo anterior). Creo que el poder del ejemplo y de la visibilización de las buenas prácticas de inversión y de generación de valor financiero serán indispensables para que pronto celebremos 50 signatarios más al PRI. 

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El contexto por fin empieza a cuajar para la inversión responsable y de impacto. Quienes estén en la punta de lanza de este proceso podrán decir con orgullo que han sido los artífices del cambio de modelo de desarrollo económico que el planeta pide a gritos desde hace varias décadas atrás. 

¡Hasta el próximo jueves!

  

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