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Opinión

  • | 2019/03/27 00:01

    La inercia que anestesia la felicidad

    Cuando nos acostumbramos a vivir una vida que no nos llena, la insatisfacción es simplemente un componente más de la rutina.

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¿Por qué eliges vivir en un estado de inercia? Para muchos, la vida es una polaridad constante entre la vida y el trabajo, considerando la vida algo externo a aquella actividad que consume la mayor parte de su tiempo e incluso de sus años más vitales. Esta dicotomía entre el trabajo y la vida personal hace de los lunes, o del martes después de festivo, un episodio dramático; un día gris por ser el inicio de una semana más de carga, mientras que el viernes se sienten aliviados y llenos de energía pues el sufrimiento está a punto de cesar. Todo este ciclo se completa con la ansiedad del domingo por la tarde, cuando se observan las horas felices esfumarse entre los dedos. ¿Tiene sentido vivir de esta manera?

Es inevitable que, en ocasiones, las cargas laborales generen una sensación de ahogo por no contar con suficiente tiempo libre, pero una cosa es estar muy ocupado, y otra es pasar los días calentando silla en un trabajo que no te satisface simplemente porque las cosas son así. Por eso, resulta vital conectarnos con nuestro propósito, con aquello que nos acelera el corazón y que nos sumerge en un estado de fluidez tal, que se pasa el tiempo volando sin darnos cuenta.

Una vida sin pasión, sin gusto por lo que se hace, se convierte en una prisión, en donde se actúa anestesiado y solo se esboza la alegría a la hora del almuerzo. Suena trágico, pero he sido testigo de tantas personas y organizaciones así, que son realmente pocos a los que se les notan las ganas por contribuir, por generar una diferencia y por retarse día a día más allá que esperar un cheque a fin de mes.

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Aún así, es importante tener en cuenta que vivir apasionado no significa encontrarse inmerso en un estado de euforia o alegría constante, porque aun ello que amamos goza de polaridades. Así, se tienen tiempos de ocupación y tiempos de descanso, actividades que se disfrutan enormemente y otras que no tanto, clientes que nos gustan, y clientes que nos alteran, entre muchas otras balanzas que se presentan en el día a día. El balance no se encuentra en pararse en un punto medio, sino en el saber fluir entre un opuesto y el otro en un ejercicio continuo. Así, por ejemplo, cuando se habla de ocupación, si se está muy ocupado todo el tiempo se tiende al estrés, pero si se está relajado todo el tiempo, se tiende a la pereza y la apatía, por eso el balance solo se logra cuando se vive un movimiento constante entre uno y otro, sin cargar demasiado cada uno de los polos.

Si te encuentras en un estado de inercia, comienza a moverte, a buscar actividades que te nutran, así sea solo como hobbie, que te reconecten con la esencia, con aquello que te hace vibrar y busca irlo incorporando poco a poco en tu día a día, con el fin de que el trabajo y el descanso no sean antagónicos, sino que se te conviertan en un movimiento fluido y constante.

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