Opinión

  • | 2019/04/16 00:01

    La guerra al aceite de palma

    Decisiones recientes por parte de autoridades europeas afectan la economía nacional sin ningún sustento científico.

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Una de las preocupaciones más importantes para la Unión Europea, Reino Unido y Estados Unidos en materia ambiental es el cultivo de palma. La Comisión Europea realizó una prohibición clara con el fin de eliminar el aceite de palma para la producción de biodiesel a partir de 2024. Asimismo, se ha venido adelantando una campaña en contra del uso de este insumo en alimentos, cosméticos y en general cualquier producto que pueda contener esta sustancia.

La reticencia frente a esta industria es de grandes proporciones. El pasado diciembre, el comercial más visto en redes sociales en el Reino Unido fue uno realizado en contra del aceite de palma, pues se considera que no solamente devasta los bosques, sino que contribuye con la desaparición de varias especies, como el orangután. El comercial fue prohibido en la televisión, por su claro sesgo, pero en redes sociales ha sido reproducido más de 65 millones de veces. El que lo quiera ver puede encontrarlo en este link.

El precio del aceite de palma ha disminuido en casi un 20% desde el inicio de 2018, fecha en la que se hizo el anuncio. Esto ha afectado directamente a países productores como Indonesia y Malasia, siendo Colombia también perjudicado por esta medida. Solo en Malasia 650.000 empleos directos dependen de esta industria. Tanto malayos como indonesios están alarmados, razón por la cual han notificado a la Unión Europea de su intención de iniciar acciones legales ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).

El meollo del asunto está en la introducción del concepto ILUC (Cambio Indirecto en el Uso del Suelo) dentro de la Directiva 2009/28/CE, la cual pretende restringir la comercialización del aceite, pues se considera que los cultivos de palma en cualquier caso son precursores de la deforestación, la cual es contraria a la normativa europea, así como del Acuerdo de París. Todo esto sin bases científicas sólidas, y sin verificar la realidad de cada caso puntualmente.

En Colombia el 90% de los cultivos de palma de aceite se encuentran localizados en zonas previamente intervenidas por actividades agropecuarias como los sembradíos de arroz o los terrenos dedicados a la ganadería, sin que su reemplazo genere ningún tipo de deforestación. La frontera agrícola de nuestro país oscila los 41 millones de hectáreas, de los cuales hoy tan sólo se están utilizando 7 millones. En el país tenemos 23 millones de hectáreas que son aptas para el cultivo de palma de aceite, de las cuales se están utilizando casi 500.000.

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A 2016, el total de empleo originado por esta industria fue de 67.672 puestos de trabajo siendo uno de los sectores que más genera en la economía rural colombiana, de acuerdo con el Dane, Fedepalma y el Ministerio de Agricultura. De manera indirecta son 170.000 empleos los que dependen de los cultivos de palma. La Unión Europea es el principal destino de nuestro aceite, razón por la cual las decisiones que está tomando son perjudiciales y agresivas en contra de la economía colombiana.

La palmicultura colombiana se basa en estándares internacionales de sostenibilidad, de modo que busca respetar el entorno natural en el que se desarrolla esta actividad, lo cual tampoco ha sido hasta el momento considerado por la Unión Europea. La deforestación ocasionada por los cultivos ilícitos va en aumento, no siendo peor gracias a cultivos como el de la palma de aceite, el cual genera una economía lícita y saludable para el país.

Elizabeth Warren, Bernie Sanders y otros senadores demócratas han instado a varios fondos de inversión para que les expliquen como están administrando inversiones relacionadas con el aceite de palma, pues consideran que estas plantaciones aniquilan los bosques tropicales. Ocho senadores firmaron esta misiva a fondos como JPMorgan Chase, BlackRock y Fidelity Investments, que se cree están expuestos a empresas activas en el sector. Asimismo, contactaron a fondos como Vanguard, Prudential Financial y el Sistema de Retiro de Empleados Públicos de California. El panorama en Estados Unidos no es menos preocupante que en Europa.

La Unión Europea debería considerar que en lugar de destruir este sector, afectando a millones de personas en el mundo, particularmente a pequeños agricultores, debería defenderse una producción más ética, dando apoyo a mayoristas y minoristas para que armonicen sus actividades con los estándares de sostenibilidad deseados. De hecho, existen certificaciones internacionales, como la que da la Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible (RSPO por sus siglas en inglés) o la ISCC (Certificación de Sostenibilidad y de Carbono), mundialmente validadas, que no deben ser desestimadas tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea. El sector privado, los gobiernos, así como los movimientos activistas deberían orientarse hacia la construcción de políticas y acciones que contribuyan al desarrollo de la producción sostenible.

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La abolición del aceite de palma en el contexto europeo a lo único que aboca es a la utilización de otros aceites como el se soya, maíz, girasol o colsa, lo cual no soluciona el problema pues son muchas más las extensiones de tierra requeridas para estos cultivos, ya que por cada hectárea de palma se requieren 9 de maíz o girasol. Los efectos inmediatos serían que ya las víctimas no serían los orangutanes, sino los jaguares del Brasil o de Argentina desplazados o aniquilados por los cultivos de Soya, o los osos en Estados Unidos y Canadá desplazados por los de maíz. Prescindir del producto solo desplaza el problema de la biodiversidad, advierte un estudio publicado recientemente por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Empresas como Nestlé, por citar un ejemplo, tienen acceso a la información sobre la deforestación en toda su cadena de suministro de aceite de palma, el cual fue desarrollado por Airbus y el grupo de conservación Forest Trust. Este sistema, llamado “Starling”, tiene acceso a 100.000 terabytes de imágenes históricas, equivalentes a 26 veces la masa de la Tierra. Gracias a ello Nestlé tendrá la trazabilidad del 95% de las plantas donde se procesa el aceite.

Existen diversas herramientas para contrarrestar y evitar la deforestación ocasionada por este tipo de cultivos, el cual evidentemente no es el caso de Colombia. Se solicita entonces a la Unión Europea tomar cartas en el asunto y evitar así una guerra comercial, como la ya anunciada por Indonesia y Malasia debido a la prohibición del aceite de palma en territorio europeo. Lo mismo aplicaría para América Latina, pues son varios los países afectados, lo cual también genera repercusiones. Sumada con la guerra comercial que quiere adelantar Estados Unidos con la Unión Europea, el panorama para la economía mundial es complejo.

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