Opinión

  • | 2019/02/19 00:01

    ¿La culpa es de Peñalosa o de Petro?

    La crisis ambiental que atravesó la capital del país aún no tiene responsable ¿Quién tuvo la culpa?

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Tal como lo había advertido en una columna anterior, la calidad del aire de Bogotá se encuentra en uno de sus momentos más críticos. Esto tiene unas consecuencias, conocidas por todos a nivel económico y social. Los colectivos ambientalistas han realizado activismo sin que este parezca haber tenido un eco importante en las diferentes administraciones.  

Los habitantes de las localidades de Kennedy, Bosa, Puente Aranda, Tunjuelito y Ciudad Bolívar se despertaron con dos restricciones. La primera de ellas que no podían salir de sus casas. La circular 006 del 15 de febrero de 2019 expedida por la Secretaría de Integración Social, alertaba sobre las graves consecuencias que esto tendría para su salud y recomendó que preferiblemente no lo hicieran. Salir a trotar, montar en bicicleta o hacer cualquier actividad al aire libre fueron actividades casi prohibidas.

Estas medidas fueron extendidas en general para todos los bogotanos. El Secretario de Salud del Distrito en declaraciones a varios medios de comunicación fue reiterativo al indicar que preferiblemente no debíamos salir a las calles. Frente a esta problemática, tuvimos Pico y Placa el fin de semana, extensivo para todo el día el lunes y el martes, lo que tomó por sorpresa a los comerciantes, que desafortunadamente vieron mermadas sus ventas, así como su capacidad de desplazamiento, retrasando entregas y envíos.

De otro lado, los ciudadanos de Bogotá nos levantamos con otra restricción. La de no comer empanadas, pues de hacerlo la multa sería de $880.000 (más que un salario mínimo). En síntesis: se nos prohíbe salir, respirar y comer. También para algunos trabajar.

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La contaminación es una forma de violencia tácita

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, la contaminación causa 15 veces más muertes en el mundo que todas las guerras y actos de violencia hoy en día. También, tres veces más de las ocasionadas por el sida, la malaria y la tuberculosis.

Se está violentando entonces a la población más vulnerable en una doble vía: primero, tienen que convivir diariamente con la contaminación generada en sus localidades (En Puente Aranda, Kennedy, Ciudad Bolívar, Tunjuelito y Bosa existen una serie de industrias y agentes que agravan el problema). En segundo lugar, aquellos que subsisten gracias a trabajos informales, como la venta de empanadas y demás alimentos en las calles de la ciudad, no podrán hacerlo. La polución genera enfermedades graves, lo cual es un impedimento adicional para salir a trabajar. Esto no es justo, en especial con la población que recibe menos ingresos. La situación amerita soluciones de fondo y políticas claras.

De acuerdo a Jorge Bonilla, profesor asociado de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes, Doctor en Economía de la Universidad de Gotemburgo y experto en el tema, este no es un fenómeno nuevo, en especial en las localidades en las que se decretó la Alerta Naranja. La diferencia es que la contaminación en esta ocasión afectó a los distintos estratos de la ciudad, a los altos y a los bajos, recibiendo de manera adicional los estratos bajos más contaminación de la usual.

Asimismo, el profesor Bonilla advierte que este es un problema recurrente, al que si no le ponemos atención irremediablemente se repetirá. Por ello se hace necesario un protocolo de calidad del aire concertado con las instituciones para informar sobre las alertas y decidir qué acciones tomar en los distintos sectores de la economía. Deben informarse y desarrollarse acciones de una manera más pensada. Deben realizarse planes de acción similares a los que se hacen para la ocurrencia de un terremoto. Lo que vivimos este fin de semana lució como algo improvisado.

El pico y placa fue una solución pero no de fondo. Al Alcalde lo ayudó San Pedro, pues las lluvias del fin de semana, así como la menor movilización de buses por ser sábado y domingo y de camiones fue lo que realmente disminuyó los niveles de material particulado. La limitación para las motos también fue favorable.

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Soluciones y Propuestas

Bogotá es una ciudad que tiene un tamaño superior en población y en territorio al de varios Estados del mundo. Por esta razón debe ser tratada como tal, y más allá del buen propósito que puedan tener las administraciones de turno debe plantearse planes eficaces que actúen durante mínimo 10 o 15 años que actúen en beneficio de la ciudadanía, independientemente de quien es el gobernante.

A nivel nacional, en lo personal, considero que el gobierno debe crear un documento Conpes, que aglomere no solo la problemática ambiental de Bogotá, sino también la de Medellín y que su vez sirva como política de prevención de la contaminación en otras capitales y municipios del país.

En Bogotá, deben empoderarse  las Comisiones Ambientales Locales (Decreto 575 de 2011), que hasta ahora parecen no haber salido más allá del decreto.

La creación de impuestos y peajes ambientales es una opción, aunque no necesariamente la más eficaz. Una publicación reciente la revista The Economist muestra que este tipo de impuestos suelen trasladarse a los más pobres. Se asemeja un poco a la problemática del impuesto al carbono, pues por citar un ejemplo, la gasolina tiene una demanda inelástica.

Los subsidios a las energías limpias, tal como lo plantea actualmente el Estatuto Tributario, genera dinámicas positivas para las empresas, favorece la creación de empleos y disminuye el consumo de energía, particularmente aquellas dependientes de combustibles fósiles. Este tipo de subsidios podrían hacerse extensivos a las grandes metrópolis, como la capital del país y la del departamento de Antioquia.

Crear subsidios para la sustitución del parque automotriz, en especial los buses del SITP.

Debe desincentivarse la compra de motos. Contaminan y son peligrosas. La prestación de un buen servicio de transporte aunado al incremento de las pólizas de seguros y demás gastos asociados con estos vehículos puede ayudar.

La culpa no es de Petro, tampoco de Peñalosa. La culpa es de todos nosotros pues deberíamos velar por los distintos programas y acciones que proponen los candidatos y que no ponen en marcha al llegar a cargos públicos. No es cuestión de tener ideas, se trata de ejecutarlas. En las acciones que emprendamos de manera responsable está el futuro de nuestras ciudades.

Y usted ¿Qué solución propone?

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