Opinión

  • | 2016/05/14 00:01

    La banalización del concepto “innovación”

    Innovar no es ser creativo, se necesita ser creativo para innovar pero la innovación siempre genera valor; la innovación entrega resultados medibles, cuando se generan ambientes abiertos a la innovación, estos se convierten en espacios donde crecen nuevas soluciones.

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Alguien me dijo alguna vez que los conceptos tienen un ciclo más o menos así: primero, todo el mundo se les opone, solo algunos luchan por aplicarlos, luego se forman círculos de interés que abogan por esos conceptos mientras “la corriente principal” se defiende de los cambios, luego se establecen como verdades aceptadas y ahora solo quedan algunos círculos que se oponen; por último se masifican y se convierten en parte de “la cultura popular”.

Es fácil trazar este recorrido en varios conceptos importantes en los últimos años, tales como “la globalización”, la “economía del conocimiento”, el “desarrollo sostenible” o la “comunicación digital de comunidades” por ejemplo. Hay un peligro oculto en este tránsito y es el de la banalización de los conceptos; que las ideas dejen de significar algo real y que solo se siga “la forma” sin fondo.

Llevo muchos años trabajando con el concepto de “innovación”, le he visto transitar todas las fases, me preocupa que antes que logre establecerse en la cultura popular, se banalice.

Innovar no es ser creativo, se necesita ser creativo para innovar pero la innovación siempre genera valor; la innovación entrega resultados medibles, cuando se generan ambientes abiertos a la innovación, estos se convierten en espacios donde crecen nuevas soluciones.

De la misma forma que los ecosistemas de emprendimiento, se miden en la cantidad de emprendimientos exitosos y su impacto en los ecosistemas productivos de los países, la innovación se mide por medio de su efecto en lo que toca; si por ejemplo se aplica un esquema de “innovación abierta” en el ecosistema de las pequeñas y medianas empresas, la medición serán la cantidad de nuevas respuestas que esas pequeñas y medianas empresas, comiencen a encontrar en forma de productos y servicios.

El peligro de permitir la banalización de un concepto tan importante, es la de generar la sensación en los diferente estamentos que conforman la sociedad, que el asunto es una pérdida de tiempo. Si esto pasa es el equivalente a perder una herramienta de nuestra caja, siempre será posible usar otra para hacer el trabajo, pero nunca será lo mismo.

Una clave importante para evitar esto es ser consecuente, si somos “promotores de innovación” debemos ser innovadores nosotros mismos; cuántas veces hemos visto entes estatales o organizaciones empresariales, que se venden a sí mismos como “adalides de la innovación” que hacen charlas, conversatorios y lanzamientos de marketing donde se pregona su nivel de innovación, pero luego cuando tratamos con ellos, descubrimos que su organización, su forma de operar o incluso la manera como manejan los proyectos que les llegan, no ha cambiado en lo absoluto.

Vivimos en un mundo necesitado de nuevas soluciones, nuestros países se enfrentan a contextos cambiantes donde competir contra el primer mundo, usando sus mismas reglas y en el juego que ellos inventaron es ya de por sí bastante difícil; así que la única forma real de poder salir al paso y dar batalla, es innovar... encontrar otras formas de jugar el juego, e incluso por qué no cambiarlo.

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