Opinión

  • | 2019/05/24 00:01

    Juego de tronos: EE.UU. vs. China

    Se recrudece la guerra tecnológica.

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Empezaré esta columna dejando claro que no soy precisamente partidario de Donald Trump y que no hay lugar a dudas de que la mal llamada “guerra comercial” hace daño a todos, nadie gana. Sin embargo, es bueno explicar de forma sencilla el porqué de las inquietudes del presidente estadounidense.

Estados Unidos creó el capitalismo y de ahí que siga siendo por ahora la primera potencia mundial: tomó ventaja desde el principio y ha sabido rentabilizarla. No obstante, digo “por ahora” porque en poco tiempo tomará el relevo claramente una nación que más que cuadruplica a EE.UU. en población. Lo más curioso es que está gobernada por un partido comunista dictatorial (aunque con una cúpula preparadísima académicamente) que aplica, sin embargo, una economía de mercado que vela plenamente por el interés nacional.

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Partiendo de esa base, China se ha dedicado a aprovechar su talante como fábrica del mundo: sus habitantes son adictos al trabajo culturalmente hablando y su moneda (yuan o renminbi) lleva mucho tiempo devaluada para potenciar las exportaciones.

Como dije en un artículo sobre los titanes tecnológicos, China empezó “inofensivamente” copiando la tecnología y a la vez prohibiendo que Google, Amazon y Facebook se enfrentasen a sus rivales chinos (Baidu, Alibaba y Tencent). Ya no copian tanto, ahora son innovadores y líderes en muchos ámbitos: WeChat, el “WhatsApp chino”, genera admiración en Silicon Valley.

Trump está tan obsesionado con Huawei (acaba de superar a Apple en cuota de mercado mundial y solo está ya por detrás de Samsung) que primero acusó hace unos meses a la hija del fundador de conspiración y ahora ha logrado que Google les retire Android, pero lo que no es tan conocido es que el líder de móviles chino es el número dos del mundo en tecnología 5G. La primera empresa americana, Qualcomm, está en el quinto puesto por detrás de otra china: ZTE.

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China ya no es un país subdesarrollado sin peligro competitivo. Además, fruto de su brutal crecimiento durante tantos años, cada vez depende menos de las exportaciones y más de la demanda interna. Despacito y en silencio está en todo el mundo. El verdadero juego de tronos no se entabla en la pantalla sino en el ámbito tecnológico y los contendientes son las dos primeras naciones del planeta. Cada contrincante tiene alguna baza a su favor:

- Estados Unidos tiene mucho déficit comercial con China (se adjunta un gráfico de la BBC), por lo que se puede permitir el lujo de seguir atacando con aranceles. Aunque China vaya tomando represalias, el montante a penalizar es muy superior en el caso chino. Ante las quejas de los empresarios norteamericanos de la inflación de costes que está produciendo el conflicto, Trump respondió en Twitter hace poco que la solución es que empiecen a fabricar en EE.UU. los insumos gravados.

- Por otro lado, China es consciente de que Donald Trump tiene devoción por la evolución del mercado bursátil y en varias ocasiones se ha vanagloriado de ser el segundo presidente estadounidense con el que más ha subido el Dow Jones en los primero compases de mandato. La batalla comercial y tecnológica penaliza fuertemente a las bolsas. Así que los chinos pueden esperar a que esto se vaya de madre para que así Trump pida tiempo muerto.

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Esta disputa, si se deja sin resolver, va a ser muy costosa. Según el FMI, una guerra comercial total drenaría 0,6 puntos porcentuales del crecimiento de Estados Unidos y le costaría a China alrededor de 1,5. Por lo tanto, los mercados tienen razón al preocuparse.

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